miércoles, marzo 26, 2008

Viking Matters

Estimado señor Antonio Vergara Sánchez:
Me pongo en comunicación con usted para referirle mi indignación ante las vestimentas y la puesta en escena del grupo de rock del cual es usted el vocalista. Pertenezco a una asociación internacional cuya misión consiste en intentar mantener en la memoria colectiva la cultura, la mitología y la forma de vida de los pueblos escandinavos. Creo que su falta de respeto puede llevar a más personas a la confusión que ustedes padecen. Por favor, le suplico que abandonen esas vestimentas mal empleadas y desinformadas.
Atte.
Olaf Tryggvason


Al señor Olaf:
Joder, tío, su carta me ha dejado flipando. Coño, que sólo es una parafernalia que utilizamos para salir a escena, sin pretender ofender a nadie. Los cuernos, el maquillaje, las barbas, las ropas, las hachas y las espadas son para darle un aire vikingo de cachondeo. Nuestra intención, desde luego, no es que nadie se mosquee. Le puedo asegurar a usted que no lo hacemos con ánimo de desprestigiar nada.
Reciba un cordial saludo
Antonio Vergara


Estimado señor Antonio Vergara Sánchez:
Disculpe mi insistencia y las molestias que ella le pueda ocasionar, pero sigo pensando en que su puesta en escena es una ofensa. Le creo y no dudo que lo hacen con las mejores intenciones y desde un desconocimiento vacuo, pero eso no les exime de su responsabilidad. ¿Conoce usted acaso algo del bagaje escandinavo como para poder representarlo? Involuntariamente, usted y su grupo tronante están introduciendo conceptos falsos y alterados sobre mi pueblo y mi herencia cultural. Le conmino a que cambien su look, por favor.
Suyo,
Olaf Tryggvason


Olaf:
Creo que exageras (me permites que te tuteé, ¿no?) y que hemos comenzado con mal pie. Ni siquiera sé cual es tu asociación ni quién eres. Pero defiendes algo y eso lo respeto. Por eso me digno a contestarte cuando no sé si debería molestarme siquiera. Pero, como ya te dije, no insultamos a nadie y no pensamos cambiar nuestro look, básicamente por tres motivos:
a) No somos un grupo millonario precisamente, y un cambio de imagen supondría un gasto que no nos podemos permitir.
b) Nuestra música y letras suelen tratar de temas vikingos, por lo que no es sólo una cuestión de maqueo.
c) No nos sale de los cojones.
Espero que con esto te haya quedado todo claro y dediques tu tiempo libre a cosas más productivas que andarte preocupando por gilipolleces.
Abrazos,
Antonio


Estimado señor Antonio Vergara Sánchez:
Creo que no me ha entendido usted, y que ahí radica su confusión. No le estoy pidiendo nada, le estoy obligando a ello. Si recurrí a la diplomacia (de la cual usted carece, dicho sea de paso) fue por mero civismo. Por ello le insisto una vez más y sin tapujos: desista en ridiculizar a la gran tradición mitológica y cultural escandinava o aténgase a las consecuencias.
Atte.
Olaf Tryggvason
PD 1: No, no puede usted tutearme.
PD 2: ¿Sabe usted cómo es un funeral vikingo?


Al tarado noruego:
Mira, tío, déjate de amenazas y métete en tus propios asuntos, como regar al gato y sacar a pasear a las petunias. Estás como una puta cabra y eres peligroso para la sociedad. Ponte tu disfraz de Darth Vader y resuelve sudokus desde tu friki-cueva. Hay un montón de cosas que puedes hacer en vez de tocarme los huevos, digo yo. ¿Ya has terminado tu colección de cromos de vikingos famosos?
Que te folle un pez del mar del norte,
Antonio

PD: No, no conozco los funerales vikingos, pero sí la variante española, petulante chulo de playa.

Estimado señor Antonio Vergara Sánchez:
No diga usted que no se lo advertí.
Atte.
Olaf Tryggvason


Estimado Jens Stoltenberg
Señor,
Ya tenemos un voluntario para la ceremonia en honor a Jormugandr. Se trata de un devoto seguidor de nuestra cultura. Aunque el susodicho proviene de España, muestra un profundo conocimiento y respeto por las tradiciones vikingas. Considera que es todo un honor el ser sacrificado a mayor gloria de los herederos de la Piedra de Rök.
Esperando que la noticia haya sido de su agrado, se despide atentamente,
Olaf Tryggvason
Cayetano Gea Martín

lunes, marzo 24, 2008

Todo es poesía


Todo es poesía en el universo;
Todo es versificable, por desgracia.
Vivimos en un mundo en verso:
La rima fácil antes que la palabra.

Algo o alguien (materia de axiomas)
Deposita en mentes inquietas
Versos brutos de mil aromas,
Que malinterpreto con pluma incierta.

Para los barcos de vela, dijo él,
Y yo copio con confusa fortuna
Imágenes pasadas, cauces pretéritos.

Con verso fácil, corrupto e infiel
Que, o bien construye altares a la luna,
O muere ignorado en un mal soneto.


Cayetano Gea Martín

miércoles, marzo 19, 2008

Deux ex ego


Al compás de tus calles sucias
Se descoyunta en trazos mi ser:
La criatura triste de mirada lúcida
Sin integridad posible ni lamentos de fe.

Sigo los renglones torcidos del Dios
Que olvidó su bastón en tu asfalto
En el mar en calma su rostro viró
Y ahora persigue faldas y llantos

¡Qué poco tacto de deidad superada!
¡Qué abandono necio envuelto en rosas!
¡Qué lamento torpe sin símil de amor!

Si me dieran un segundo, mi quijada
Se alzaría decadente y orgullosa
A reconocer que ese Dios soy yo


Cayetano Gea Martín


miércoles, marzo 12, 2008

Dan Simmons - Hyperion

Con gran placer he releído recientemente el que es, para mí, el mejor libro de ciencia-ficción que existe: Hyperion. Ya cité no hace mucho dicha obra, así como recalqué que, aunque el género al que pertenece no sea mi favorito, alguna que otra buena sorpresa me ha deparadado, como es el caso que me ocupa hoy.
¿La premisa? Pues básicamente mi rechazo inicial a leerlo, que sólo cedió ante las continuas y reiteradas protestas de algunos amigos, los cual me conminaron a ello con tanto tesón y fervor por el libro en cuestión que acabé cediendo, aunque sólo fuera para que me dejaran en paz. Y así lo leí, con mi peor predisposición posible, dispuesto a descartarlo a la primera de cambio. La realidad, sin embargo, fue muy distinta.
La historia del libro no me atrajo tanto como la estructura del mismo, aunque al final me acabó atrapando ese continuo baile de verdades a medias, cosmologías teocráticas e interesantes hipótesis religiosas, tales como el agnosticismo-zen. Fue el cómo estaba escrito lo que me enganchó… como me sucede con todo libro que leo.

La obra está escrita con la estructura de Los cuentos de Canterbury de Chaucer, como una novela-río que se nos representa bajo el prisma de siete personas distintas. Así, cada vez que uno de ellos cuenta su historia, el autor cambia totalmente el estilo narrativo, creando un hermoso mosaico de ocho piezas (los siete testimonios más el hilo conductor). Cada una de las historias conforma una suerte de relato corto que se puede separar del resto. Sus nombres y estilo serían los siguientes:

1ª Historia. El hombre que gritó a Dios: Autobiográfico, epistolar, católico y algo arcaico.

2ª Historia. Amantes de guerra: Épico en primera persona, militar, literal.

3ª Historia. Los cantos de Hyperion: Poético, decimonónico, romántico, decadente y satírico (Para mí el mejor de todos: literatura de firme).

4ª Historia. El río Leteo sabe amargo: Bíblico, profético, místico y sentimental (Y muy, muy triste).

5ª Historia. No llega a suceder.

6ª Historia. El largo adiós: Policíaco, femenino y mitológico.

7ª Historia. Recordando a Siri: Realismo mágico, colonialismo ilustrado.

Todas las tramas tienen en común una gran influencia de Los Cantos de Hiperión, de John Keats, una serie de poemas épicos inconclusos por la prematura muerte del autor. A través de él, la carga mitológica del libro se multiplica hasta el infinito.

La trama central nos cuenta la historia de un peregrinaje suicida a un planeta alejado, donde el destino de cada uno de los peregrinos aguarda con incierto final. En común con todos, la figura del Alcaudón (magnífica traducción para “Shrike” en inglés, una pequeña ave rapaz), criatura de origen desconocido que actúa tanto de catalizador como de entropía andante.

Nos encontramos, pues, en un futuro en el cual los seres humanos han colonizado el brazo exterior de la Vía Láctea, sin hallar resistencia alguna, salvo de parte de una extraña especie denominada Éxter, que no se sabe si es de origen extraterrestre o se trata de una desviación humanoide. Pero un fenómeno misterioso empaña esta especide de neocolonialismo futuro: las tumbas del tiempo, unas construcciones que se alzan en el mundo fronterizo de Hyperion y que los análisis revelan que fueron construídas en el futuro, y que viajan al revés en el tiempo. Todos los peregrinos tienen algo que ver con ellas y con su guardián: el Alcaudón.

En resumen, un buen libro, mucho mejor de lo que esperaba en su momento, y que ha aguantado una segunda lectura por mi parte.
Cayetano Gea Martín

lunes, marzo 10, 2008

Bei Gott!

Las horas declinaban a ritmo de vértigo, pero Carlos Almansa López era indiferente a ellas. Sentado en la única y desvencijada silla que ocupaba su estudio, consultaba febrilmente manuales, periódicos, diarios, novelas, ensayos, poemas, dramaturgias, informes, dossieres, pósteres, sumarios, tonadas, compedios, coplas, breviarios, expedientes, revistas, noticias, sonetos, magacines, cantigas, libelos, bandos, exposiciones, noticieros, gacetas, boletines, cantares, rotativos, memorias, odas, listines, boletines, pancartas, relatos, versos, crónicas, proyectos, tesis, esbozos, dramas, testimonios, legajos, carteles, estudios, edictos y panfletos; hasta llegar a la reveladora conclusión de que la mayoría de los tiranos y dictadores que en el mundo han sido llevaban bigote. Concretamente, el 89% de ellos. Claro está que, a veces, tildar a determinado sujeto de dictadorzuelo es arriesgado y ya entra dentro de consideraciones éticas. Pero si cogía los que, digamos, se han considerado así de manera ecuánime y universal, la media se mantenía.

La lista de tiranos bigotudos es interminable, y excede a los casos más conocidos. Así, a los Adolfos Hitler, Franciscos Franco, Josefos Stalin, Migueles Primo de Rivera, Augustos Pinochet, Fideles Castro, Leónidas Trujillo, Saddames Husein, Jorges Videla, etc; se les une hombres como Orlando Ramón Agosti, Gregorio Álvarez, Jorge Isaac Anaya, Pedro Eugenio Aramburu, Juan María Bordaberry, José Miguel Carrera, Alberto Demicheli, François Duvalier, Ernesto Geisel, Juan Vicente Gómez, Carlos Ibáñez del Campo, Carlos Alberto Lacoste, Alejandro Agustín Lanusse, Lorenzo Latorre, Aparicio Méndez, Cristino Nicolaides, Saparmyrat Nyýazow, Juan Carlos Onganía, Efraín Ríos Montt, José Félix Uriburu, Roberto Eduardo Viola, entre otros ilustres.

Solamente los asiáticos y algún que otro rey africano no llevaban sobre su faz tan útil como sencillo mecanismo de opresión, ya fuera por motivos culturales o por escasa capacidad pilórica.
Entusiasmado ante su descubrimiento, Carlos Almansa López comienza a esbozar lo que podría acabar siendo la tesis antropológica más importante del siglo XXI. Quizá el único punto negro en su contra sea que se puede alegar que no siempre estos sujetos de estudio han portado en su rostro bigote, y que incluso algunos sólo lo hacían temporalmente o cuando, tras una noche de parranda, se olvidaban del concienzudo afeitado matinal.

Pero el punto de conflicto, y sobre el cual quería arriesgarse a llegar a alguna conclusión lógica era si el poseer pelo sobre el labio superior influía en el carácter y personalidad de los tiranos. ¿Habría Hitler intentando conquistar Rusia sin mostacho? ¿Le quedarían a Fidel Castro bien los puros si éstos no estuvieran rodeado de pelo? ¿O el ya de por sí poco marcial rostro de Franco perdería el resto de autoridad sin su característico y ridículo bigotillo? Carlos Almansa López se lamentaba ante tantas preguntas sin respuesta.

Decidido a llevar a buen término su tesis, concluyó que la mejor forma de comprobarlo era mediante un planteamiento empírico. Así, comenzó a no afeitarse hasta desarrollar, al cabo de pocos días, un fino bigotillo a lo dictador sudamericano que le imprimía seriedad y porte a su poco agraciado rostro.

Las consecuencias no se hicieron esperar: su carácter cambio radicalmente al cabo de pocos días. Se mostraba iracundo con sus vecinos y compañeros de trabajo, vengativo con sus rivales y comenzó a ser propenso a dar arengas a los sorprendidos viandantes desde el balcón de su minúsculo piso.

En un mes, había creado un coro de fieles a su alrededor. A los dos meses los organizó en un partido político denominado CAL (acrónimo poco imaginativo de su propio nombre y apellidos). A los tres cometió su primer intento de golpe de estado. A los cuatro, tuvo éxito, sustituyendo la democracia vigente por una oligarquía de transferencia mítica.

Obnuvilado totalmente por sus nuevas ambiciones megalómanas, relegó su tesis al olvido. El poco tiempo libre que sus infinitas obligaciones como dictador le permitían, lo dedicaba única y exclusivamente a atusarse con delicadas maneras su fino bigote.
Cayetano Gea Martín

jueves, marzo 06, 2008

Camaradas fashion y reconvertidos en bonos negociables



Y cuando el corazón sin alas es una piedra,
Cuesta discernir entre melopea y sobriedad,
A pesar de las putas tormentas que nos medran
Y de las sucias bocas partidas por la mitad.

Cuando el peso de reloj de arena de los hombres
Hace que te plantees que, quizá no todo
Se base simplemente en cagar lo que comes,
Gracias a tu bendito trabajo de reponedor de lodos

Es entonces cuando, furioso, alzas tu canto
Lo suficientemente bajo y de izquierdas
Como para que nadie te pueda oír.

Que no nos insulten, tovarishch de palo,
Que lo que se dice valiente, mierda,
No lo soy, no lo seré. Ni nunca lo fui.


Cayetano Gea Martín

martes, marzo 04, 2008

Sad, but true

Vivía lejos, muy lejos, a espaldas de todo y de todos, en medio de un bosque lejano incluso para el cómputo forestal. Habitaba en una pequeña cabaña de madera, en el confín del mundo. Se encontraba a mil kilómetros de la más leve muestra de civilización. Pero una mañana de julio, al ir a por agua al riachuelo más cercano, se topó con un vidrio de cerveza abandonado, y se aterrorizó. En las noches frescas de aquel verano, arropado por el canto sonámbulo de los búhos, visualizaba la botella en su mente y sabía que su voluntario retiro no estaba completo y que jamás lo estaría. La fea impronta de la civilización volvía a por él, a reclamarle diezmos una vez más. ¿Y qué podía hacer él? ¿Qué?

Al final, decidió rendirse a la humanidad. Ya que no se le permitía el aislamiento que deseaba, se volvió lo más integrado que pudo. Comenzó a talar todos los árboles de su bosque, drenó el río, levantó edificios, elevó el terreno, allanó las colinas, relegó a los animales a toda suerte de ostracismo. Se cortó el pelo, se afeitó y se duchó, justo a tiempo de recibir a los primeros pobladores de los cien apartamentos de lujo que se levantaban donde antes campeaba la floresta.

Poco a poco, la idea cuajó entre otros antiguos idealistas como él, y por todo el terreno peninsular se alzaron más y más viviendas, piscinas, centros comerciales, campos de golf, pistas de tenis y restaurantes que servían comida de plástico a módicos precios.

Unos años más tarde, y con la intención de poner un poco de orden, se celebró la Primera Junta Oficial de Accionistas Inmobiliarios. En ella, se creó una denominación que definiera el conjunto de los territorios urbanizados y urbanizables. Se llamó España.

Cayetano Gea Martín

domingo, marzo 02, 2008

El mismo lienzo.

El mismo lienzo. La misma sala. El mismo museo. La misma ciudad. Y así durante treinta años. Conocía con exactitud suiza cada una de las pinceladas del maestro. Los colores del lienzo habían pasado a formar parte de él. Podía reconocerlos sin dificultad: el rojo de la manzana de la escena con el rojo de la tapicería de las sillas del salón de su casa, el azul de la túnica rematada con treinta y siete pliegues, con el azul de un cuaderno algo descolorido por la luz del sol; el amarillo de la bombilla del cuadro, con el amarillo de otro cuadro tres salas más allá de un pintor que nada tenía que ver con este. Las dimensiones del cuadro: 4.20x3.56m, correspondía a la época monumental del artista, en la que eligió motivos religiosos y tecnológicos combinados de forma sorprendente. Su título: Virgen desplazándose a la velocidad de la luz. El pintor, poco conocido. Y él contemplando el cuadro desde su silla de cuidador del museo: el mismo lienzo, la misma sala, el mismo museo. Y así durante treinta años. En algún momento pensó pedir un traslado y olvidarse de una vez por todas del cuadro: aparecía por doquier, en sus sueños, en libros, conversaciones...en su propia casa había colocado una reproducción extraordinariamente fiel del mismo. Pensó pedir una excedencia y quedarse en casa algún tiempo recomponiendo recuerdos y vivencias ajenas al cuadro que, poco a poco, lo ocupaba todo. pero no podía deshacerse de la presencia obsesiva del maldito objeto de arte. Tomó un curso de pintura para comprender mejor el arte. Estudió historia del arte. Comenzó a pintar el cuadro en casa, con las mismas dimensiones, con la misma técnica, los mismos colores. Avanzaba a pequeños pasos, corrigiendo sin descanso, noches enteras. Su mujer le abandonó, sus hijas le recriminaron su falta de dedicación a sus vidas. Y él seguía pintando, ajeno a todo menos al cuadro, que repasaba con más ahínco aún en el museo para, horas después plasmarlo cuidadosamente en el lienzo que él mismo estaba ocupando. Por fin una noche remató el cuadro con un detalle que no correspondía con el original: su firma. El día siguiente se marchó con el cuadro a cuestas hasta el museo. Entró a primera hora. Aún no había llegado el público. Descolgó el cuadro y en su lugar colocó el suyo.

Me contaron esta historia hace tres años y ahora soy yo quien ocupa la silla delante del cuadro pintado por un cuidador del museo. Ahora yo lo observo con minuciosidad sin dejar escapar un solo detalle. El cuadro se está apoderando de mi mente. Lo sé pero nada puedo hacer. Sé que desatiendo a mis hijas y que mi mujer está planteándose abandonarme, que sólo pienso en el cuadro y que hay un lienzo que me espera cada noche en mi casa deseando ser finalizado.

martes, febrero 26, 2008

Qué bonito


Qué bonito es el espectáculo mediático, ese circo que juega a ser información servido en bandeja de plata desfondada.

Qué bonitas son las pajas mentales del respetable, de ese pueblo llano perdido en medio del ruido y la furia.

Qué bonito es que no se hablen de temas realmente importantes, sólamente de aquellos que den votos y jarabe de dormidera.

Qué bonitas son las palabras xenófobas envueltas en papel de regalo con un lacito rojigualdo.

Qué bonito es el hablar de nada sin decirlo todo.


Cayetano Gea Martín

jueves, febrero 21, 2008

La criatura


En la sombra, la criatura espera en la sombra
La criatura es oscura como el pecado
Y aguarda en silencio, camuflada
En la sombra.
Espera.
Sin prisas.
Su ritmo cardíaco es nulo
Pero sus ojos permanecen abiertos
Vítreos
Esperando
Observando
Relamiéndose

La criatura tiene hambre, oh, sí
Hambre de vosotros, carnaza humana
Globos de sangre
Manojos de vísceras
Y más metáforas
Os quiere devorar y sacaros hasta el tuétano
No desaprovecha nada
Reciclaje cien por cien
La criatura es ecológica
Y no como vosotros

La criatura oye pasos venir calle abajo
Espera
De su sigilo depende su bien ganado sustento
Espera, espera
Wait
Os oye venir
Espera
Vuestras risas se confunden con el ruido del tráfico
Zarabanda urbana que embota vuestros oídos
Espera
Llegáis a la altura de la criatura
No la oís saltar


Cayetano Gea Martín

lunes, febrero 18, 2008

Breve tratado sobre fantasía

Las preguntas, si están bien formuladas (y cuando vienen de quienes tienen que venir), siempre crean dudas en las almas inquietas. La mía, modestia aparte, supongo que debe tratarse de una de dicha categoría. Es por ello que, razonando sobre el tema de la fantasía en la literatura, he llegado a conclusiones que me gustaría poner por escrito.

La premisa de la que parto es la de la sugerencia de que yo sea incapaz de disfrutar con lo fantástico por el mero hecho de serlo, sin tener que recurrir a manidas comparaciones de índole cultural o mitológica. Pensando en ello, he llegado a la conclusión de que depende más del tipo de fantasía sobre el que estemos hablando que de el concepto o el personaje fantástico en cuestión.

Por ello, creo que, en función de mi propia concepción de lo fantástico como tal, y para entender este interesante punto planteado, debería hablar, primero, brevemente de mi concepto de fantasía; y, en segundo término, desglosar los tres tipos de literatura o metaliteratura fantástica que concibo como tales.

1. Lo fantástico en la literatura
Desde el comienzo de los tiempos, el hombre ha sentido una innegable atracción por aquello que desconoce, por todos esos otros mundos accesibles por vías no convencionales y alejados de la esfera cotidiana del nuestro, que no de su influencia.
La literatura, como expresión máxima, última y definitiva de la inteligencia humana, se ha hecho eco a lo largo de la historia de este sentimiento, creando corrientes y estilos que casi siempre han ido intercalados por períodos de calma y racionalidad. Así, a los movimientos románticos se les interpone casi siempre otros más modernistas o neoclásicos, aunque no siempre la línea divisoria sea obvia.
Tampoco conviene confundir el concepto de fantástico con el tan manido entre la pseudo-intelectualidad de realismo mágico. Cuando cualquier lector con inquietudes que quiere eliminar su pasado fantástico en aras de una, aparentemente, mayor calidad literaria (porque confunde fantasía con literatura menor), cae en el error de proclamar su gusto por el realismo mágico, cuando dicho movimiento literario se basa en cuatro o cinco autores consagrados nada más, siendo, claro está, Julio Cortázar su máximo exponente.
No, lo fantástico, la fantasía, la metaliteratura fantástica es otra cosa, y es un fenómeno que siempre ha habido y habrá, desde La vida es sueño a El señor de los anillos, desde La invención de Morel hasta La guerra de las galaxias. Como dijo Borges, “Yo creo que en la fantasía, la cadencia y la imagen son más importantes que el sentido. Hasta puede no tener sentido y sin embargo, ser buena”.

2. Tipos de literatura fantástica
Para entender el por qué de mi aparente impedimento a dejarme arrastrar por cualquier concepto fantástico en el cual no exista factor humano donde asirse, he dividido la metaliteratura de fantasía en tres tipos bien diferenciados. Paso, pues, a exponerlos.

Primer tipo: Fantasía como arte o fantasía mayor. Constituyen este tipo todas aquellas obras maestras de la humanidad que han pasado por el tamiz de los años y que sostienen su validez en cualquier época. Obras como El Quijote, Drácula, La vida es sueño, El laberinto de los tártaros, La invención de Morel, El Aleph, La divina comedia, etc., son fantásticas. Y a éstas sí que me siento inclinado a aceptar sus términos sin ningún tipo de duda o de premisa por mi parte, o de intentar establecer relaciones históricas o mitológicas para asimilar mejor los conceptos desglosados. Al encontrarme en manos de obras universales, me integro en su universo sin hacer más preguntas, ya que el genio de los escritores que los crean me hace ser partícipe sin reservas de las maravillas que despliegan ante mis ojos.

Segundo tipo: Fantasía media. Este tipo lo forman aquellos libros, muchos de ellos modernos o contemporáneos donde, al ser la calidad literaria buena o muy buena pero no magistral, obliga a los autores a utilizar referencias y trasfondos mitológicos que ayuden a la mejor asimilación de la historia y de los personajes. Obras como El señor de los anillos de Tolkien, Hiperión de Dan Simmons, La torre oscura de Stephen King, Harry Potter de Rowling o La guerra de las galaxias en el terreno del cine, conforman claros ejemplos de este grupo. Dado que, como ya he comentado, su calidad literaria puede estar sujeta a interpretaciones, digamos que “me tienen que convencer” con conceptos en los cuales me sienta más cómodo para poder disfrutar (en el caso de que lo haga) de dichas obras. De ahí que busque constantemente referencias cuando las leo o veo, y que si no las encuentro, ¿qué me queda? Porque si me centrara solamente en cómo está escrito, no leería nada de este tipo de obras, las cuales, por otra parte, me gustan bastante y me han aportado muchos momentos de diversión y de interesantes relaciones de conceptos.

Tercer tipo: Sub-fantasía. La definición de este tercer grupo es muy sencilla: Son aquellas obras que se basan en las del segundo tipo para crear su universo, o lo que es lo mismo, son extensiones redudantes de las anteriores. En ellas, la fantasía desplegada resulta a todas luces inaceptable, ya que parten del hecho de que no hace falta la más mínima explicación sobre nada, y que todo el mundo está empapado de la pseudo-ficción en cuestión. Amén, claro, de que la calidad literaria suele ser baja o nula, por lo que son libros de consumo rápido destinados a un público muy específico y que conozca mucho los entresijos de la historia y que, claro está, no se plantee el por qué de tanta mitología de tercer orden.

En definitiva, creo que la imposibilidad, a veces de “dejarse llevar” por un personaje o una historia fantástica se debe más, por lo menos en mi caso, al tipo de fantasía que se trate más que a una ceguera fantástica a priori.
Cayetano Gea Martín

viernes, febrero 15, 2008

No todo está perdido


Y por qué no poner las manos sobre la lluvia de los dioses olvidados, pregunto al viento que no responde. Por qué no seguir intentándolo, no hay motivo para no hacerlo, cojones. No todo está perdido ni todas las horas tienen por qué ser tristes. Detrás del desgarrón en el cielo, de los toreros y de los turistas, de los críticos de cine y los cocineros de humo y mandil limpio, detrás de todo olvido pertrechado desde las barricadas mediáticas y los pendientes con liftings de Ramoncín, seguimos estando nosotros, aunque nuestro mayor acto de rebeldía consista en leer a Proust a la sombra de los castaños, sabiendo que la literatura es una mierda dulce y posiblemente la única expresión auténtica de inteligencia.


Cayetano Gea Martín


Somos el aire y el cielo cautivos
Esperma negro que ha de conquistar
Su espacio en el mundo de los elegidos
Rumbo al país de Nunca Jamás
Morti

lunes, febrero 11, 2008

Auto cameo fruto de un ego desmedido...

... O por qué intentar dedicarse a escribir cuando seguro que me iría mejor dedicándome a la cría de berberechos en cautividad...

Lo nuevo, lo pulido y que brilla con luz propia no necesita de campañas publicitarias para que llegue al corazón humano... No así es el caso de mi magna ópera prima... Después de un par de años raudos, mi primer libro está cuasi listo para pasar a la fase de la editorial... Es una antología de los relatos que he ido colgando en el blog y que más me han gustado. Ahora mismo están pasando bajo el tamiz de mis correctores de estilo (por cierto, Pedro, hay una copia para ti calentita esperando aburrirte). Cuando lo revise tras sus sabias indicaciones daré el paso definitivo con el que llevo soñando demasiado tiempo sin materializarlo: publicar.

Permaneced atentos, caros amicos, ya que pronto habrá más novedades al respecto... Aunque leerse un libro entero mío (aún en el caso de ser más bien cortito) puede provocar daños irreparables en el cerebro, convirtiéndoos en futuras y futuros savants incapacitados para cualquier tipo de comportamiento socialmente admitido...

Teke-lili, teke-lili (Lovecraft dixit)

Best regards,
Cayetano Gea Martín

PD: La tardanza que se produzca en este asunto de ahora en adelante responderá a muchos factores, siendo el principal y conductor de todos los demás el hecho de que la mochila donde guardé las copias impresas me ha sido sustraída vilmente en mi puesto de trabajo. Yo sabía que el BBVA es un nido de ladrones, pero no hasta este punto... >:( ¡Bastardos!

Kay

jueves, febrero 07, 2008

Eduardo y yo

Con placer, con el inmenso placer ya conocido, como el más cómodo de los pijamas, termino hoy de releer La verdad sobre el caso Savolta, de mi admirado Eduardo Mendoza. Y como siempre, su estilo depurado y su prosa rápida me han vuelto a cautivar. Es curioso, no me acordaba de lo muchísimo que admiro al barcelonés. Claro que, también, si tuviera que retener en mi memoria inmediata a todos los escritores que me gustan, probablemente me explotaría el córtex frontal.
En el caso de Mendoza, lo que más admiro de él es esa facilidad natural narrativa que posee, esas frases que parecen que estaban ahí ya, a la espera de que él las reclamara como suyas.

También me fascina su sentido del humor, incluso en la novelas más serias, tales como la referida o La ciudad de los prodigios; ese humorismo innato que destilan sus personajes, de engolados diálogos, o las descripciones del entorno en el que se desenvuelven, sobre todo en Barcelona, en esa Barna eterna, hermosa y fea, humana y fría, amigable y terrible, a lo largo y ancho del siglo XX, con su colección infinita de personajes esperpénticos.

Eduardo Mendoza ha sido, y es, un autor muy importante en mi vida literaria. No puedo evitar leerlo y verme contagiado por su prosa cuando intento, acto seguido, escribir. El estilo me surge totalmente mendociano, con esa verborrea prosáica algo pasada de moda con la que se suelen desenvolver sus personajes… Como me está sucediendo ahora mismo, claro.


Cayetano Gea Martín

lunes, febrero 04, 2008

Sueño a veces.

1.
Sueño a veces,
O imagino
Qué más da,
Que escucho una palabra tuya.
La palabra
Crea un universo,
Nuevo y único,
Morada inédita de nuestras almas.
La palabra,
Apenas pronunciada,
Me arranca
Me desarraiga
Me expulsa
Me destierra
Del universo que se ve,
Se palpa y se huele
Y me conduce, presuroso,
Al mundo único
Del único sonido de tu palabra pronunciada.

2.
Te veo en el sueño,
O en la imaginación,
Qué más da,
Tomándome de la mano
Arrastrándome como torrente
Vida abajo,
Prolongándonos -juntos-
Días y años,
Conduciéndome tu sonrisa
A la luz final,
Que es sueño o tal vez imaginación
Qué más da,
Pues es tu pérdida completa,
Mi descanso, por fin, de tu búsqueda.

martes, enero 29, 2008

Hay

Hay un lamento de rosas fugaces
Cuando tus pasos crean el sendero
Tu camino se bifurca en dos haces
Uno va al mar, el otro rumbo al Leteo
¿Cuál eliges tú, Perséfone triste?
¿Hacia dónde tus pies de hielo
Se encaminan, pisando hojas grises,
Hacia la senda del mar al cielo
Hay un universo que fallece
Al dejarlo, agónico, en la estacada
Al matarlo con tu fugaz partida
Pero hay uno nuevo que florece
Cálido arrullo de fin de semana
Cuando te instalas, de nuevo, en vida
Cayetano Gea Martín

viernes, enero 25, 2008

El increíble pero no por ello menos verídico caso del hombre que podía ver a través de las paredes


El señor Antonio González-Veronia, natural de Alcalá de Henares, representa un caso único en lo que a curiosidades biológicas se refiere, al ser el único hombre conocido que posee visión de rayos-X.
Todo comenzó cuando, paseando por su hermosa localidad natal, reparó en que la gente que le rodeaba iba completamente desnuda. Siendo de natural moderno y adelantado a su tiempo, supuso que la moda del urbanudismo que empezaba a campear por Europa había llegado ya a tierras iberas. Pero le escamó el hecho de que tal cosa sucediera en pleno mes de febrero y que la gente ignorase tan alegremente los rigores invernales. Hombre práctico y de ideas empíricas, Don Antonio le preguntó a una hermosa joven que bajaba la Calle De Los Libreros como Dios la trajo al mundo si, efectivamente, iba de tal guisa. El señor González-Veronia supuso, por el tremendo puñetazo que la chica descargó sobre su mandíbula, que, quizá, el problema residía en él. Para confirmar del todo su axioma, procedió a la entrevista y posterior somanta de otros cuatro ciudadanos elegidos al azar. Teniendo pues, cinco resultados idénticos (aunque de diferentes cuantías), dióse por satisfecho.

Con premura, y algo asustado ante su intrigante descubrimiento, encaminó sus pasos hacia la consulta del Doctor Luciano Artudes Corola, siendo el susodicho facultativo, pues, la primera persona en observar y estudiar tan curioso caso. Era Don Luciano el médico general de la familia González-Veronia, y contaba, pues, con toda la confianza de Don Antonio, confianza que él aprovechaba para vender inútiles panaceas a precios abusivos, práctica que le llevaba reportando en los últimos treinta años pingues beneficios.

El Doctor Artudes sacó en claro que lo que Don Antonio sufría era de un agudo (y sorprendente) caso de visión de rayos-X. Con argucias, consiguió convencer a su paciente de que no divulgara su secreto, y que fuera él y nadie más que él quien estudiase el fenómeno en cuestion, quizá con ensoñadoras miras científicas que le dieran el renombre que buscaba desesperadamente desde hace años y que, envuelto en su rutina diaria de eliminar juanetes y pinchar nalgas, se le antojaba como un sueño imposible.

De súbito, la vida y la rutina del señor González-Veronia cambió radicalmente. Tuvo que abandonar su vida contemplativa para comenzar a acudir frecuentemente a la consulta del Doctor Artudes. Allí, era sometido a una batería de pruebas que le iban poco a poco debilitando la salud, dejándole en el estado lamentable que, desafortunadamente, posee a día de hoy.

Ayer fue el primer día que el desafortunado Don Antonio vino a verme, casi solicitando auxilio de mi parte. Yo soy, por si alguien aún no lo ha adivinado, el Presidente del Gobierno. Y aunque las malas lenguas intenten emponzoñar mi gestión con habladurías y mentiras (vertidas, que duda cabe por el badulaque de Don Julio Cerezo desde la oposición marxista), yo siempre he sido un hombre apegado a las necesidades del pueblo. Me preocupo por mis vasallos uno a uno. Por ello, no pude negarme a la petición de ayuda del Señor González-Veronia. ¡Qué desesperado tenía que estar para acudir al Gobierno!

Esta mañana he estado hablando con él, de su problema y de cómo tratarlo. Mi médico personal, el Doctor Prutáñez, se encargará personalmente del caso, intento aunar, como su juramento le obliga, la curación con el bienestar del paciente. Al fin y al cabo, Don Antonio aún tiene toda una vida por delante y no es óbice que sufra una merma en su calidad de vida. A sus ochenta y cinco años recién cumplidos, creo que he dejado bien claro lo mucho que me importan nuestros mayores, y que esta Administración se preocupa por ellos y venera su inteligencia y sabiduría, como los pilares vivientes de la memoria que son.

Mañana por la mañana, si no se rompe la noche, como cantaba él, el más grande de los cantantes de nuestro tiempo, el señor González-Veronia comparecerá ante los medios de comunicación para explicar su extraño caso y cómo este nuestro Gobierno, al que muchos (y entre ellos, el infame Don Julio Cerezo), han acusado de inmovilista y retrógrado, está preparado para afrontar cualquier problema que aqueje al hombre moderno.
Cayetano Gea Martín

miércoles, enero 23, 2008

Crack the riddle


So you want to be rich
You want to win fame
Your face on a poster
Immortal your name
So you want to put life
On the highest top level.
Then bet your soul and turn the wheel...
It's gambling with the devil

lunes, enero 21, 2008

Tiempo fugaz

Los días van saltando de uno a otro; como debe ser, por otra parte, pero lo hacen como una reacción en cadena, cada vez más deprisa, más y más. El tiempo se acelera, la vida se me escapa y pienso que me queda apenas un año para cumplir tres décadas en este mundo. “Vaya mierda”, diréis algunos y algunas que hayan superado ya esa cantidad, o “¿De qué te quejas, niñato?”, pero no es que me importe cumplir años, es que no me he enterado de ello. ¡Si ayer era un crío que terminó COU! ¿Cómo ha habido tiempo en estos doce años de que pasaran doce años?

La vida, con su movimiento constante, ha perdido algo de brillo ante mis ojos. Ya no me maravillo como antes, y me cuesta más disfrutar de ciertas cosas o estímulos. Ya no son recientes ni las han puesto ahí para mí. Por eso, cada vez tengo que viajar más lejos, leer cosas más raras; o bien dejarme llevar por la nostalgia de aquellos años (no diré que maravillosos) de infancia feliz al abrigo de Bola de Dragón y de pan con Nocilla los fines de semana.

Pero no me quejo demasiado, lo prometo. Lo que pasa es que veo mi vida como un espectador de la misma, y me llena de una pasividad tremenda. Uno se vuelve indiferente a tantas cosas… En parte lo prefiero así: ¡cómo sufría antes por todo! Pero esa frialdad a veces me repele. ¡Y eso que de adolescente soñaba con alcanzar este estado! Ahora ya no hace falta ir de indolente por la vida, ¡ahora se es pasota sin esfuerzo! Si antes, a alguien en mi presencia se le ocurría criticar algo que me gustara, le caía encima una lluvia de reprobaciones. Pero ahora, ah, mirada de indiferencia y el pensar “¿Y para qué? No merece la pena”.

No sé, es curioso: me siento joven y no tanto al mismo tiempo. Aún disfruto con la vida y sigo con ganas de emocionarme, lo que pasa es que ya no con todo. También influirá el carácter supongo. Al fin y al cabo, me gusta básicamente lo mismo que hace diez años, pero ahora me dejo engañar mucho menos por cantos de sirena. Y mi escepticismo sigue en aumento.

Pero aún quedan cajas con sorpresa, que decía el bueno de Enrique, y no quiero despistarme y que se me escape alguna.

En resumen, que entre libros y amor van pasando mis días. Y eso no está tan mal, ¿no?


Cayetano Gea Martín

viernes, enero 18, 2008

Apártate


Apártate, negado, de mi rumbo de colisión,
No tengo ni tiempo ni ganas de explicarme,
Soy uno que exhala vida en cada ocasión:
Tantas ganas de salir corriendo y alzarme;
Tantas de leer, escribir, amar, creer, follar,
De no parar ni por un puñetero instante;
De volar tan alto como pueda, progresar.

Apártate, oh, tú, triste animal petulante;
Hoy tengo tanta energía que mi cabeza
Se ve coronada por un aura encabritada;
Algo que jamás comprenderás en tu pereza:
Tu acomodado culo tiene demasiada
Entropía, y tu corazón está marchito,
Mustio ante el palio de noches perdidas.

Apártate, déjame seguir, maldito,
Yo no soy el culpable de tu hueca vida.
Déjame cantar, niño bien, y recuerda
Que seguiré subiendo, sin querer parar.
Que, a tu pesar, aún me queda cuerda.
Soy Dios si capturo otro guiño lunar.
De las cenizas me alzo y fabrico epifanías.

Y no pienso detener mis pensamientos,
No voy a frenar, soy una constante letanía;
Si no puedes seguir mi ritmo, no lo lamento.
Apártate, y no estorbes, criatura atroz.
Y a los que, como yo, os movéis alados
Os conmino a todos; escuchad mi voz:
¡Corred, corred y poneos a mi lado!


Cayetano Gea Martín

jueves, enero 17, 2008

La ¿buena? educación.

Me crié en tres lenguas muertas- el hebreo, el arameo y el yidish- y en una cultura que se desarrolló en Babilonia: el Talmud. La cheder (aula) donde se estudiaba era una habitación donde el profesor comía y dormía, y donde cocinaba su mujer. Allí yo no estudiaba aritmética, gerografía, física, química ni historia, sino las leyes que rigen para un huevo que se haya puesto en día festivo, y los sacrificios realizados en un templo que había sido destruido hacía dos mil años. Pese a que mis antepasados habían llegado a Polonia seiscientos o setecientos años antes de que yo naciera, sólo sabía unas pocas palabras de la lengua polaca. Era un anacronismo en
todos los sentidos, pero no lo sabía.

En Shosha, de Bashevis Singer.

miércoles, enero 16, 2008

Frases del Tío J.L. (II)

Fíjate en ese tío: el color macilento de su piel, el tono insano a lo Antonio Vega tras correr los San Fermines, la mirada perdida y los ojos inyectados en sangre. Joder, el pobre tiene cara de electrocutado en cómodos plazos.

José Luis Raposo Coedo

lunes, enero 14, 2008

A las puertas del cielo

Sí, sigo dejando por las noches las puertas y las ventanas abiertas de par en par. Es una costumbre que me cuesta perder. Me encanta dormir de puertas para afuera, ya sabes, sentirme libre, no aprisionado entre cuatro paredes. Siempre recuerdo cómo papá y tú os sorprendía y enfadaba, alegando a la inseguridad que había en nuestro barrio. Claro que quizá esa manía se deba a mi nacimiento e infancia, a esos años cálidos de chico extrovertido que jugaba con sus amigos a la orilla del mar. ¿Cuánto hace de eso ya? ¿Treinta años, más o menos? Oh, mamá, cómo pasa el tiempo. Ahora soy un hombre cuyo pelo empieza a encanecer, para disgusto tuyo, adivino. Siempre fui tu niño, el benjamín de la casa. Recuerdo cómo me disgustaba antes y lo que me reconforta ahora, ese cariño de madre.

¿Has sonreído? Me dice tu médico, ese señor tan serio que se parece al tío Juan, que no puedes oírme, que el que sonrías se debe a una contracción involuntaria de los músculos faciales. Puede ser, pero me alivia pensar que de alguna manera eres capaz de entender lo que te digo, de que el instinto maternal sea más poderoso que la enfermedad que te corroe de dentro a fuera.

La tía Adela me pidió que te entregara el crucifijo de la abuela. Dijo que a ti te hacía más falta que a ella. Lo dejo en la mesilla de noche, ¿vale? Siempre fuiste tan creyente... Pero me encantaba cómo, a pesar de ello, nunca intentaste convencerme o sermonearme. Me dejabas ser yo mismo. Y eso que yo te buscaba las cosquillas, ¿te acuerdas? Siempre te preguntaba cómo era posible que un Dios que se supone que es todo bondad y amor pudiera permitir que las personas sufrieran. Y ahora esa incongruencia es más obvia que nunca. Tú, su fiel más devota, condenada a morir antes de tiempo, con apenas sesenta años. Si existiera, me encantaría subir hasta su trono celestial y darle un par de hostias, te lo juro. ¿Qué clase de Dios permite que la gente buena sufra y muera? Pero divago, perdona.

Lo que venía a decirte es que te voy a echar mucho de menos. Bueno, ya lo hago, en realidad, cuando el cáncer te apartó de mi lado hace tres meses y te relegó a hueso y piel. La vida es una broma de mal gusto, según parece. ¿Recuerdas lo egoísta que era antes? Sólo existía mi ombligo. Hoy, si se me permitiera un deseo, sería cambiar la situación. Daría mi vida vacía e inútil a cambio de la tuya sin pestañear. Díselo a tu Dios si le ves. Dile que se meta su reino eterno por el culo, que lo que yo quiero es que estés, no tener que recordarte.

¿Me oyes, viejo chivo? Yo te maldigo ahora y siempre. Mándame tus fuegos eternos y tu furia. Mándame la cohorte de ángeles castrados que te hacen la pelota. ¿No estás cansado de que tus hijos te repudien? Aquí tienes uno más que no se arrodillará ante ti.

Cayetano Gea Martín



Amantes y envidiosos de la libertad humana, y considerándola como la condición absoluta de todo lo que adoramos y respetamos en la humanidad, doy vuelta la frase de Voltaire y digo: si dios existiese realmente, habría que hacerlo desaparecer.
Mijaíl Bakunin - Dios y el Estado

viernes, enero 11, 2008

Decálogo CI-FI

Debo reconocer que el género de ciencia-ficción (CI-FI para los amigos) nunca ha sido mi favorito. Sin embargo, los diez libros que recomiendo me han hecho pasar muy buenos ratos literarios. Allá van:

1. Ray Bradbury – The Martian chronicles (Crónicas marcianas)
Impresionante metáfora sobre el colonialismo. Bestial, duro y con final tremendo. Y a menudo, con destellos de literatura mayor. Casi prefiero éste a Fahrenheit, quizá porque está menos manido que el libro que encumbró a Bradbury. Prosa sencilla y desnuda para todo un clásico.

2. Kurt Vonnegut – Slaughterhouse Five (Matadero número 5)
Un autor ficticio que quiere escribir una novela sobre los bombardeos de Dresde. Un soldado que estuvo allí y que es abducido, y que ahora puede viajar por el tiempo. Un libro que es pura imaginación y que goza de un estilo impresionante, poético y melódico, con un sentido del humor irónico, ácido. Vonnegut fue mi gran sorpresa el año pasado. Se hace difícil describir este libro o de qué trata. Recomendación: hay que leerlo.

3. Aldous Huxley – Brave new world (Un mundo feliz)
Alegoría sobre hacia dónde se dirige la humanidad, ¡escrita a principios del siglo XX! Un libro metódico, bien engranado. Lo mejor, la original clasificación de los seres humanos en castas. Y a diferencia de mucha gente, a mí sí me gustó el final.

4. Dan Simmons – Hyperion (Hiperión)
Genial libro escrito como los Cuentos de Canterbury, con un estilo distinto para cada personaje que cuenta su historia. Una inteligente mezcla de ciencia ficción, mitología griega y poesía romántica inglesa (John Keats sobre todo). Muy recomendable, así como sus tres continuaciones que enredan la trama y que gozan de desenlaces increíbles, pero ya huelen algo más a Best-Sellers. El primero, no. El primero me pareció literatura en estado puro.

5. Ray Bradbury – Fahrenheit 451
En el futuro, los libros se queman… Y los bomberos se encargan de ello, a 451 grados Fahrenheit, 233 ºC, la temperatura a la que el papel de los libros arden. Impresionante visión de futuro, bajo el peculiar estilo de un Bradbury. Lo mejor, para mí, el personaje Beatty, jefe de Guy (el protagonista del libro), un hombre muy peligroso que defiende la ignorancia pero conociendo la cultura. El final de la novela es impagable.

6. Isaac Asimov – I, robot (Yo robot)
Aunque sólo sea por conocer las tres leyes de la robótica, ya merece la pena leer este libro de cuentos. Intrigante volumen, inspiración de tantas películas, series, música (como The Alan Parsons Project) y otros libros. Quizá Asimov sea un escritor de estilo algo mediocre, pero los conceptos que elabora, la divulgación científica que impregna cada obra suya, hace que al leer la obra se te olvide lo ramplón de su prosa y te concentres en dejar volar tu imaginación.

7. Adolfo Bioy Casares – La invención de Morel
La novela perfecta, como la definió Borges, y el ejemplo más claro (y el mejor, para mí) de ciencia-ficción en español. Un fugitivo llega hasta una isla desierta. El prófugo se enamora de una mujer que viaja con un grupo de turistas. Pero cualquier intento de comunicación con ella resulta imposible. ¿Por qué? La solución resulta inimaginable, pero embriagadora. Nadie salvo el bueno de Adolfo podría meter en el mismo saco fantasía, inmortalidad, amor y soledad. Y salir bien parado del experimento. Cuando me la leí, hace tiempo ya (lo que me recuerda que quizá sea buen momento para su relectura), me sacudió con tanta fuerza que era incapaz de pensar en otra cosa. Desde entonces, me siento algo más completo en mi vida.

8. H. G. Wells – War of the worlds (La guerra de los mundos)
¿Quién no conoce este fantástico libro? Invasiones alienígenas en el siglo XIX. Nada más y nada menos. Un libro visionario. La reciente película me pareció una castaña porque eliminó lo que más me gustó del libro: marcianos en un entorno victoriano. Genial. El estilo es pulido, de escritor que revisa una y otra vez lo escrito. Merece mucho la pena leerlo en inglés… bueno, todos los libros de esta lista lo merecen (salvo La invención de Morel, claro)… bueno, cualquier libro en inglés, ya puestos.

9. Philip K. Dick – Do Androids Dream of Electric Sheep? (¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?)
Grandioso libro, que se hace muy corto. Un intento de descifrar la mente sintética de los androides. Esta novela también fue adaptada al cine, aunque esta vez, con resultado tan positivo que la película, 25 años más tarde, sigue siendo objeto de culto y destaca como precursora de lo que hoy se conoce como cyberpunk: Blade Runner. Su único fallo: se olvidan de lo que hace, para mí, más interesante al libro: el concepto de mercerismo.

10. George Orwell – 1984
El Gran Hermano te vigila, camarada. Y supimos todos cómo esa profética visión del futuro se cumple a veces. La mezcla de nazismo y comunismo convierte a la novela en una clara representante de lo que se conoce como antiutopía, al igual que Fahrenheit 451 y Un mundo feliz. Una novela muy oscura, asfixiante e imprescindible. Y la peli no está mal.
Cayetano Gea Martín

jueves, enero 10, 2008

Doscientos mil iluminados


Con asaltos de sucias quimeras
Encaran los compases del olvido:
Los gritos del silencio de la guerra,
Los gemidos del negro niño perdido.
Hoy han roto la balanza y se pierden
Envueltos en alabanzas a la muerte.

La vanidad, las retrógradas réplicas
Mantienen intactos los tendones
De esta sociedad post-homérica,
Condenada a repetir patrones,
A generar escuadras y plantillas,
A quemar árboles y semillas.

La guerra sajona por combustible
Y los huracanes de aire acondicionado
Fabrican hecatombes futuribles,
Acogotan los destinos cruzados.
Mientras la matrona de rumbo fijo
Pare gusanos en lugar de hijos.

Y en su hediondo altar iracundo,
Pregonan abstinencia los togados
Como solución a los males del mundo.
Doscientos mil iluminados
Proclaman la Edad Media:
Creacionismo, permanencias.

¡Salud, caspa ibérica de valores!
De Santiago y cierra España.
El terror lleva pelucas y tacones,
O viste de arábica chilaba.
Ante sus ojos nublados por el fuego,
Ansiosos por quemar brujas de nuevo.


Cayetano Gea Martín

martes, enero 08, 2008

Olfato

No sé cuándo empezó, a ciencia cierta. Podría ponerme a especular sobre ello, intentar elucubrar el momento exacto, pero dado el tiempo de que dispongo para escribir estas últimas líneas, no sé si merece la pena, sinceramente. Debería centrarme en lo que produjo.

En lo que vino después.

Mi vida hasta que era monótona, plausible: Hijo único, niño bien de Pozuelo, del colegio a la universidad privada. Sexo los fines de semana en coches deportivos, alto y apuesto, vacaciones en Puerto Banús e Italia. Ron caro y cocaína en mis venas, fuerte y atlético, ojos verdes. Amigos predecibles, sustituibles. Desprecio por los demás, pelo moreno, y manos grandes. Carrera finiquitada a base de talonario. Ejecutivo y niñato, el hijo del jefe, bromas a mi espalda, sobre mis anchos hombros. Promociones internacionales, y, pum, entonces.

Entonces ocurrió.

Y como no podía ser de otra forma, lo hizo bajo la apariencia de una mujer. De muchas, en este caso.

Mujeriego irreprimible, algo crónico una vez superada la veintena. Pubs exclusivos Castellana arriba, barra libre americana con mulatas y europeas del este contoneándose al son de melodías desaforadas.

Y entonces, aunque no sé exactamente cuándo, sensación extraña, náuseas, mareos, rojeces en la piel, prurito intenso y miedo, mucho miedo. La enfermedad de las cuatro siglas llamando a la puerta. Adiós, mundo cruel.

Más tarde, pruebas médicas, señores con bata blanca pinchando mi piel morena, palpando mis partes íntimas. Diagnóstico: no concluyente. Síntomas típicos de enfermad venérea: herpes, sarna, ladillas, gonorrea, sífilis; vamos, lo que en argot popular se definía antes como que te habían pegado una buena mierda.

Mandando para casa, con un surtido variado de drogas paliativas e inútiles, con un malestar que sigue en aumento. Dolor infinito, piel que arde de dentro para fuera. Matojos de pelos en la bañera. Dientes en las sábanas por la mañana (insertar chiste sobre el ratoncito Pérez) Imposibilidad de digerir sólidos. Confinado como un anciano a mis treinta y pocos, marchito, seco, calvo, sin pellejo y desdentado. Y más impotente que un muñeco Ken.

Y en medio de mi marejada de dolor, extrañamente, agudización de los sentidos, sobre todo el olfato. Hiperdesarrollo sensorial, o como quiera que se llame. Según parece, los ciegos sienten mucho más con los sentidos que les restan. Yo siento igual, o incluso más, con la nariz. Soy capaz de oler el cáncer que anida dentro de un anciano sentado en el banco del parque que hay debajo de mi casa.

Locura, incapaz de soportar mi propio olor. Todo hiede. Los restos que me quedan de endodermis regados con amoníaco. Uñas arrancadas e incineradas. El agudo olor de las axilas me impedía dormir, por mucho que me lavara una y otra vez. Ya no. No quieran ustedes saber qué hice para que dejaran de apestar.

Oh, Dios mío, ¿no se dan cuenta de mi desesperación?

Lo huelo todo, absolutamente todo, y todo huele mal: la gota solitaria de orina en el calzoncillo de un niño en la otra punta de la ciudad, la cal podrida en las paredes, el pelo grasiento del portero, las ásperas motas de polvo del parqué, el adulterio del vecino. Hasta el cristal del cuarto de baño posee un perfume nauseabundo a eternidad, a duplicidad. Huelo el alma de las cosas, su esencia. ¿No lo entienden? Y va a más, cada vez huelo más profusamente. El mundo entero es un hervidero de pestilencia y putridez.

Hoy he decidido ponerle fin a todo. La pasada noche fue decisiva para ello, cuando un olor increíblemente intenso me atrajo hacia la terraza. Olía a muerte, a entropía, a desesperanza e inutilidad de los actos. Desnudo, sin piel, uñas, pelo o dientes, con los ojos rojos y mi cuerpo enflaquecido, abrí la puerta y aspiré el aire nocturno. Vomité de inmediato ante la mezcla heterogénea de hedores. Pero no era lo que, escasos momentos antes había sentido. El olor venía de arriba, de más allá de los edificios y sus emisiones. Reprimí un grito gutural y sordo. Caí de rodillas y me desmayé. Antes de perder la conciencia, comprendí. Acababa de oler la eterna podredumbre de las estrellas, del cosmos infinito.



Cayetano Gea Martín

viernes, enero 04, 2008

Dark times


Dark times around my head
Dark clouds and barking dogs
Shadows of dust in my bed
Mystical dark moon on the fog

Dark times and deep docks
Again without shore to reach
My soul’s trapped under my clothes
And dead gods are raping me

Bloody dark times again and again
I walk alone, one more time
Trying useless to broke the chains
I wasn’t ready to pay the price

You can destroy my soul again, oh, my fear
I’m so proud about my fragile human stain
Here I am, lying under thousand blind tears
But behind all the masquerades you still remain


Cayetano Gea Martín

miércoles, enero 02, 2008

Semana gris

Un pastor alemán muerto y con el estómago hinchado de gordos gusanos, felices ante tamaño banquete gratuito de los necios.

Una bandada de cuervos enseñoreándose ante la triste catarsis de tragedia griega en que se ha convertido mi corazón.

Una amenaza en llamas que prende fuego a los ridículos calentadores tobilleros de las adolescentes madrileñas de cerebros huecos.

Una lluvia de cerveza podrida, de lúpulo fermentado cuyas bacterias llevan pancartas donde se puede leer “Manojos de escarcha”.

Una marabunta de ruido de orcos y gilipollas, de sincopados ritmos pélvicos que se filtran por las paredes grises de esta ciudad muerta, de este cadáver animado.

Y un silencio, envuelto entre algas, que conmemora mi derrota.


Cayetano Gea Martín

lunes, diciembre 31, 2007

Adolfo Bioy Casares - Diario de la guerra del cerdo


Alianza Editorial
250 páginas
Formato Bolsillo
7,50 €

Hacía mucho que no volvía al cálido abrazo que suponen las letras de Don Adolfo, ese enorme escritor que, a pesar de haber escrito el cuento perfecto (En memoria de Paulina) o la novela corta perfecta (La invención de Morel), siempre ha estado injustamente a la sombra de Borges.

Este libro en cuestión me ha sorprendido bastante. Como me pasa siempre con el bueno de Bioy, las primeras veinte páginas se me hicieron algo cuesta arriba. Después, vinieron las doscientas restantes en un solo día.

La premisa me ha apasionado: un grupo de amigos en torno a los sesenta años, que aún se siguen autodenominando “los muchachos”, siendo uno de ellos el protagonista, caen en una caza de brujas por parte de los jóvenes de Buenos Aires, los cuales, por motivos que no parecen responder a un móvil concreto, comienzan a cazar y matar ancianos, en lo que ellos mismos denominan “la guerra a los cerdos”.

Isidro Vidal, un hombre que se encuentra en la frontera entre la madurez y la vejez, y que vive en un incómodo apartamento del lumpen bonaerense, contempla asustado cómo sus amigos, algo mayores que él, van muriendo uno a uno. Y él, persona derrotada, divorciado, con un hijo que lo desprecia, se debate entre hacer algo o dejarse llevar por su carácter débil hacia la entropía.

En el horizonte, una relación imposible, de ésas que tanto gustan a los autores hispanoamericanos; sentimientos no resueltos de un hombre, Vidal, que sigue siendo un adolescente emocional, y que ahora, en el otoño de su vida, se valora menos que nunca.

Este libro es una impresionante alegoría sobre la soledad y la vejez, sobre cómo se siente una persona cuando deja de importar para el mundo, cuando te atienden mal en la panadería, cuando ya no puedes mirar a las mujeres sin que piensen en ti como un viejo verde. En resumen, la repulsión e incomprensión que siente la sociedad por las personas mayores.

Con este libro, Bioy sigue haciendo lo que mejor sabe hacer: deconstruir la sociedad, con su elaborada sociología de ficción. Bioy, mucho más cotidiano y mundano que Borges, ofrece en esta novela, como siempre, todo lo que una novela puede contener: amor, horror, belleza, ficción, laxitud, alegría y pena; en mundo parecido al nuestro, pero que se rige por principios diferentes, alterados.
¿Qué más se puede pedir?


Cayetano Gea Martín

viernes, diciembre 28, 2007

Frikismo musical


Hoy el comentario es muy breve, pero a la vez, aclaratorio. Hora de definirse, niñas y niños.
Gamma Ray, la banda con la cual conocí en mi adolescencia el mundo del metal para ya no apearme de él, ha sacado un nuevo disco, curiosamente, la continuación de aquel disco que a la gente de mi grupo nos abrió los ojos (¿verdad, Pedro?).

Podría decir que he evolucionado musicalmente desde entonces, que mi espectro es ahora infinitamente más amplio, pero eso, supongo, debería ser algo obvio para gente que, como nosotros, necesitamos constantemente la sorpresa, el cambio, lo que los anglosajones llaman “sense of wondering”.

Y eso fue exactamente lo que provocó en su día el disco de marras, hace ya la friolera de trece años.

Será por eso que dicen que no evolucionamos realmente. Porque, ¿qué puedo encontrar en este disco que no conozca ya de antemano? Nada nuevo. Metal puro y duro, sin concesiones. Eso sí, es casi tan bueno como su predecesor (¡sí, Pedro, sí!), y me ha hecho sentir con quince añitos de nuevo, revivir las emociones y los colores de antaño, cuando todo parecía nuevo y hecho para mí.
Y eso no está mal, ¿verdad?

Cayetano Gea Martín

Gamma Ray - Land of the Free II
Kai Hansen: vocals, guitars
Henjo Richter: guitars, keyboards
Dirk Schlächter: bass
Daniel Zimmermann: drums


Vídeo de Into the Storm

jueves, diciembre 27, 2007

Tierra Baldía


El refugio, día 2

Es curioso cómo el hombre se habitúa y se amolda a cualquier tipo de situación. Desconozco de otra criatura que sea capaz de hacer lo mismo y de vivir con este marcado carácter gregario que, quizá, sea la clave de nuestra capacidad de supervivencia.

En el refugio somos trece personas, siete mujeres y seis hombres. Originalmente éramos catorce, pero hace una semana murió Karl, el mayor de nosotros. Nunca hubo o no lo recordamos nadie más aquí. Crecimos solos, sin padres, como los niños perdidos de Nunca Jamás. Y en parte, este lugar es eso. Pero también teníamos un Peter Pan, y ése era Karl. Él nos enseñó las normas básicas de cualquier sociedad civilizada, la educación, la lectura, el estudio, el trabajo, el desarrollo sexual. Aprendimos que antaño hubo gente que poblaba el mundo exterior, gente que vivía ahí fuera, en el Desierto-Que-Antes-No-Lo-Era, en la tierra baldía.

Afortunadamente, para mí al menos, el refugio contiene toda la información necesaria que podamos desear, tanto visual como auditiva. Gracias a eso, pude leer y convertirme en una persona cultivada y de refinados gustos. Aprendí (y lo sigo haciendo) mucho sobre el pasado, aunque no hay nada sobre el Apocalipsis que mandó a la humanidad a la papelera.

Inciso: Es curioso, utilizo palabras tales como papelera, barco, naufragio, templo, verdor u oso polar sin haber visto nunca nada de eso, salvo en los vídeos de que disponemos.

Los otros, el resto de los niños perdidos, no comparten mi gusto por la cultura y el conocimiento, salvo, y no del todo, Esmeralda. Los demás prefieren hacer ejercicio o hablar entre ellos. En un universo con tanto tiempo libre, dejas de preocuparte por él. Las actitudes se vuelven erráticas y laxas, como la de los ancianos que eran encerrados por sus hijos en lugares aclimatados para que no molestasen, como si la edad fuera algo contagioso y no lo que realmente es: una semilla pútrida que anida en nuestro pecho, esperando brotar.

Ah, mi mente no es capaz de darle sentido y coherencia a lo que escribo, y así voy saltando sin orden ni concierto de un tema a otro según los voy recordando. Se me olvidaba decir que, en efecto, somos trece personas aquí y que, por desgracia, no seremos más, ya que la radiación, a pesar de encontrarnos aislados, hace mella en nuestros cuerpos. Como consecuencia, somos impotentes y estériles, además de envejecer mucho más rápido de lo normal. Sabemos que antes de la hecatombe las personas eran capaces de alcanzar edades que ahora se nos antojan de ciencia-ficción. Por lo que he podido ver, yo debo de tener el aspecto que tenían los hombres de unos sesenta años.

Tampoco, y quizá como consecuencia de no poseer apetito sexual, tenemos unos sentimientos muy fuertes hacia los demás. Esto lo pude comprobar tras la muerte de Karl. Nos entristeció, sin duda, pero no alteró nuestra rutina diaria. Yo mismo he de confesar que a duras penas soy capaz de sentir algún tipo de sentimiento por alguien de aquí, salvo indiferencia. No sé qué es el amor. Veo en alguna película antigua o leo en algún ajado volumen cómo quien más quien menos tiene a alguien de quien preocuparse, llegando hasta el extremo de dar su vida por amor. Claro que, a falta de una fuente fidedigna, puede ser que eso solamente ocurriera en la ficción. Quizá era como a las personas les gustaba verse reflejadas. ¿Puede ser que volcaran todos sus deseos en el arte? El ser humano es una criatura compleja e incompleta. Por mi parte, lo más cercano a amar a alguien que poseo es a Esmeralda. Es una persona curiosa y desconcertante, hecho que me encanta. El resto de los moradores del refugio poseen una especie de mente colmena. Ella brilla con luz propia.

El cansancio atenaza mi mente y mi atención divaga hacia las paredes tachonadas de fotografías y recortes de prensa de mi habitación. Creo que lo voy a dejar por hoy. Quizá mañana, en vez de escribir, podría revisar lo escrito e intentar dotarlo de algo más de estructura, no sé. Me voy a cenar y después a dormir el sueño de los justos, ya que eso es lo que somos, justos. Es como si el hombre hubiera sido por fin capaz de erradicar el pecado, aunque para ello tuviera que desaparecer el mismo de este plano de la existencia.


Cayetano Gea Martín

martes, diciembre 25, 2007

¡450!

Pues eso.
Que ya llevamos 450 entradas (bueno, con esta, 451) en este, vuestro blog... Han sido cuatro años increíbles donde nosotros dos (y algún que otro colaborador fortuito como Nacho o Javi) hemos podido dar rienda suelta a nuestros escritos y disparates, algo que nos ha resultado siempre muy placentero y gratificante...

Estamos preparando algo especial para cuando alcancemos la simbólica cifra de 500 entradas, algo que os implicará a los que nos leéis... Y no puedo revelar más, no, no me tiréis de la lengua...

Besos y abrazos y muchísimas gracias por estar ahí...

Pedro Garrido Vega
Cayetano Gea Martín

sábado, diciembre 22, 2007

Vacío.

Acude desde hace tres meses a aquella ventana. Es de noche y apenas hay una o dos personas caminando por la calle con paso rápido. La ventana está iluminada y tras ella se balancea la sombra, que se acerca y se aleja sin prestar cuidado a lo que ocurre fuera. Él la observa silencioso, sentado en un banco. La sombra baila, se contonea, quiere asomarse pero de nuevo se aleja. Cada una de esas aproximaciones a la ventana es una nueva esperanza, que inmediatamente se difumina, cuando la ve de nuevo alejarse. Es un sexto piso. La luz es muy blanca y la sombra muy oscura. Él espera a reunirse con ella en algún momento. No tiene valor para subir y prometer no sabe qué ni proponer no sé qué insólitas explicaciones. La ventana se abre y la sombra, menuda al principio, se hace más grande. Se acerca, se acerca, piensa él, mientras la sombra crece, crece, se acerca, se acerca y ¡plaf! Por fin juntos.

viernes, diciembre 21, 2007

Besugos


Claro que te entiendo, vamos a ver, es que parece que me estás llamando algo que yo no soy, joder, ¿vale?; que a mí a comprensivo, cariñoso, simpático, agradable, atractivo, interesante, bondadoso y modesto no me gana nadie, ¿estamos o no estamos, tronco?; es que a veces parece como que estoy hablando con una pared, hombre, y eso no puede ser o no debe ser, elige tú el verbo modal que más rabia te de, aunque no sé si se puede decir en español lo de verbo modal, que estoy ya tan contaminado con el puto inglés que se me olvida mi propio idioma, la hostia; como me dijo el otro día ese que viene por aquí y que, sí, ya sabes de quién te hablo, sí, el de los cafés y las frases tremendas, ese tío, sí, pues me dijo el colega que al inglés le pasa como a los Beatles, que está sobrevalorado, ja, ja; no me dirás que la frase no es buena, macho, no lo puedes negar, oye, que estás hablando conmigo, ¿vale?, no con esos otros que pululan por estas cuatro paredes de garito, de garito de guiris, ja, un guirito, vaya, si se me permite acuñar el término, y sí, tío, acabo de leerme lo que me dejaste, ya sabes, el libro ese sobre la educación y no puedo estar más de acuerdo contigo, aunque me joda y me cueste, que dar mi brazo a torcer no te voy a negar que me resulte fácil, ojo, pero lo intento todo lo que puedo, que uno procura no encabezonarse en demasía y mostrar cierta empatía, que el pluralismo es básico en este siglo nuestro de las luces, o por lo menos deberían serlo, como luces, pocas, tiene la rubia de la barra, ¿te has fijado?, vaya, si es que no puedo estarme quieto, ya lo sé, que debería ser capaz de controlarme, pero es que veo a una de ese tipo y, buf, son mi debilidad, como las tuyas son jugar al rol y masturbarte como un mono en celo, así que permíteme sin me quedo con las mías, amigo mío, que las tuyas me resultan patéticas y simplistas, aunque oye, que lo entiendo, ¿eh?, que el que nace feo pues no le queda otra que hacerse friki, claro, que se le va a hacer, jajaja, pero, vamos, que lo comprendo y que en todo caso lo que me despiertas es lástima, que también soy compasivo, que me lo dejé colgando de la lista anterior, cachis la mar.

Cayetano Gea Martín

martes, diciembre 18, 2007

Tierra baldía

El refugio, día 1

Desde mi retiro espiritual escribo estas líneas. Fútil es decir cuál, ya que a estas alturas, solamente debe quedar uno. El resto del orbe terrestre es una vasta extensión de tierras baldías, animales mutados y los espectros de los miles de millones de seres vivos muertos, cuyas improntas grabadas en la arena se manifiestan de vez en cuando. Se diría, si aún tuviera sentido del humor o ironía, que las almas también padecen el efecto invernadero y son, por ende, incapaces de trascender este plano de la existencia.

¿Quién podría recordar cómo comenzó todo? Difícil resulta saberlo. En un mundo sin que nadie registre nada, sin ningún medio posible de grabación, salvó, quizá, estas pocas hojas de papel que poseo y que, en un mundo sin árboles, arroz o piel de animal, resultan más valiosas que la vida de muchos hombres; la única transmisión viable de conocimientos es la oral, y, lamentablemente, quedamos tan pocos… Pero aún así acometo la tarea de dar cuenta escrita sobre todo lo que pueda o recuerde, ya sea para provecho de alguna improbable generación venidera o para hacer algo de provecho en mis veinticuatro horas diarias de tiempo libre.

Así pues, ¿cuándo ocurrió el cataclismo que exterminó a dos terceras partes de la raza humana de un coletazo y al tercio restante en los años siguientes casi al completo? Ah, no queda nadie en el planeta que sea capaz de responder esa pregunta. Aunque existen todavía, quizá, doscientos seres humanos, y yo haya podido ver, a lo largo de mi existencia aquí, un total de doce personas, no queda nadie lo suficientemente anciano para ello. Todos los que vivimos hoy nacimos varias décadas después del Apocalipsis.

Lo que sí sabemos, aunque escuetamente, es qué fue lo que pasó: las sucesivas detonaciones y el consiguiente invierno nuclear. Aunque a veces deseo no saberlo y haber nacido con la idea de que siempre fue así el mundo. La memoria de una tierra verde y de un aire no contaminado de radiación resuena por los pasillos de este retiro como ecos legendarios de tiempos pretéritos.

El refugio es un lugar agradable y bien protegido. Construido los dioses saben hace cuánto para proteger a los mandatarios de un conglomerado de naciones llamado Europa de un posible ataque nuclear. Algunos dicen que somos los descendientes de aquellos hombres y mujeres, y que los humanos que quedan vivos y con salud provienen de otros refugios similares a éste. Puede ser, quién sabe. Nunca he abandonado este lugar. Desconozco de la existencia de otros lugares parecidos, o de otras opciones de supervivencia posibles. El mundo es una roca seca sin sentido, como tantas otras en el cosmos. No somos más que parásitos a la deriva en un barco que ya hace tiempo naufragó.

Estoy cansado. Mi cerebro requiere de sueño y de alimento. Escribir es una ardua tarea a la cual no estoy acostumbrado. Pero sigo firmemente decidido a llevar un diario hasta que me llegue la muerte, la cual, calculo, ya no tardará demasiado en llegar. Ayer cumplí cuarenta y cinco años.


Cayetano Gea Martín

viernes, diciembre 14, 2007

?

Hoy no se me ocurre nada, así que cuelgo unas frases de un amigo llamado José Luis, azote de los necios y tertuliano de eterno café. Hala, buen finde:

Dios ha muerto, Nietzsche también, y yo no me encuentro muy bien.

A la lengua inglesa le pasa lo que a los Beatles: está sobrevalorada.

En estos tiempos todo es integral, hasta los idiotas.

José Luis Raposo Coedo

lunes, diciembre 10, 2007

Presentes

Incienso, panegírico de la transubstanciación, oblea del daño inminente, para el niño que perdió su visión de infante ante el trono de un dios cruel capaz de dejar a su hijo morir por darnos una lección.

Mirra, panacea de la inutilidad, placebo del engaño para el padre cornudo que, por no enfadar al jefe, tuvo que comulgar con ruedas de molino y tragarse la trola de que su mujer follara con una paloma.

Oro, soborno del alma, muerte del clítoris, para la madre virgen que espantará las moscas de su hijo muerto con sus dedos incapaces de amarse a sí mismos, condenada a condenar a las mujeres del mañana a una vida de servidumbre.


Cayetano Gea Martín

martes, diciembre 04, 2007

Herman Hesse - El lobo estepario


El lobo estepario
Hermann Hesse
Alianza Editorial
Formato Bolsillo
248 páginas
Precio: 7,50 €

Con miedo me he vuelto a asomar a este libro, con el miedo que da el habérmelo leído hace tres años y el no haber encontrado en él lo que la gente le ve. Afortunadamente, esta vez no ha sido así. Lo cierto es que el libro de marras me ha fascinado.

Harry Haller, un solitario hombre maduro, que vive rodeado de libros, intenta compaginar en su interior dos almas. La primera, la de ser humano, es altamente ética, moralista y refinada. La otra, la de lobo estepario, refleja su lado animal, su odio por la sociedad burguesa y sus valores decadentes. Harry es el prototipo del intelectual artístico, incapaz de entender el mundo que le rodea, atrapado en un mutismo voluntario y empecinado. No comprende cómo Goethe y Mozart han dado paso a la literatura pastiche y a la música Jazz. Aislado así de la sociedad, se compromete a poner fin a su vida cuando cumpla la simbólica cifra de cincuenta años.

El estilo del libro es del que más me ha gustado siempre: conciso y claro, diciendo mucho con palabras sencillas. El libro es un compendio de prácticamente todo, es uno de esos manuscritos a los que me gusta definir de totales: todo cabe en él, y además, bien, de eso que lees y te da envidia sana la facilidad con la que el autor da en el clavo sin aparente esfuerzo y sin tener que recurrir a un lenguaje recargado, con abuso adjetival (es decir, como el mío, por desgracia).

El libro comienza lento, desgranando el personaje con calma y desde varios puntos de vista, para acabar con la aparición femenina, símbolo de la redención (aunque no es un símbolo tan obvio como se pueda creer en un principio), y en un teatro de lo absurdo, donde el realismo mágico y la sociología de ficción se dan la mano.

Lo mejor del libro, técnica aparte, es, para mí, el haberme visto reflejado en muchos momentos del mismo. Por que ¿quién no se ha sentido alguna vez un marginado de su propio tiempo? A veces, solamente necesitamos que alguien nos abra los ojos y nos diga, ‘Oye, tú, que puedes tener un cerebro y unas ideas muy grandes sobre la vida y todo eso, pero también tienes que aprender a reírte, a pasarlo bien, a vivir con tantas musas en tu coco y a hacer algo productivo de ellas”. Y esa es la clave del libro, a mi entender: el humorismo (que no el humor), como una sabiduría superior para poder canalizar todo lo que llevamos dentro. Mozart no paraba de reírse, Harry no, y deberá reconocer que lo que sabe no es suficiente ni es lo más válido.

En resumen, no os lo recomiendo, si no que os insto a leerlo. ¿Nunca os habéis sentido incapaces de enfocar vuestras respectivas habilidades innatas porque ellas os han alejado de la sociedad? Aquí tenéis un manual del escapismo y la esperanza más pesimista que podréis encontrar. Psicología de la buena, no de panfleto de consulta a lo Bucay y otras sandeces de aprovechados que, parafraseando a Marga, no han sabido entender a los clásicos.

Saludos, lobos esteparios.


Cayetano Gea Martín

viernes, noviembre 30, 2007

El señor bajito y viejo


Hoy he dejado salir de su prisión de carne y hueso a ese señor bajito, a modo de duendecillo ibérico, que anida en mi pecho. Es un viejo insoportable, de muy mal carácter y pronto destructivo (¿o era destructor?). Le tiene asco y odio a todo lo que huela a juventud, a frescura. Es huraño, rencoroso y se parece a mí. O a una versión alternativa, como si me hubiera zambullido en un cómic y hubiera extraído desde el fondo de su cuatricomía al típico clon gemelo malvado del futuro de una dimensión paralela del superhéroe de turno. Salvo que él no es clavado a mí, si no, como ya he dicho, pequeño y viejo, como un Mini-Yo arrugado y feo.

El por qué de mi decisión de sacarle a la calle ha respondido a la necesidad de librarme de él por un tiempo, ya que no para siempre. En esto también se parece a los villanos de los tebeos, cuyas derrotas son temporales y al final acaban volviendo siempre. Tampoco es posible convivir con él, lo que sería lógico, y siento que si le dejo hacer o deshacer a su antojo, absorberá todo lo que tengo y lo que soy. O lo que puedo llegar a ser si él me lo permite.

Así que he bajado junto a él los escalones de mi hogar y he dejado que se explaye a gusto fuera de mí. Es como sacar al perro a cagar, aunque yo procuro que él no lo haga a la vista de nadie. Me he sentado con él en el frío césped de invierno, a templar su carne arrugada al ritmo de un sol que no existe. Y cuando el ha considerado que los hados son propicios, ha decidido comenzar a hablar. Su voz ha surgido ronca y quebrada, ridículamente aguda. La frase es siempre la misma, siempre certera y rotunda en su perfecta monotonía armónica: “¿Por qué me has abandonado?” Y como siempre, no he tenido respuesta.

Cayetano Gea Martín


Todos llevamos un viejo encima.
Joan Manuel Serrat