sábado, diciembre 22, 2007

Vacío.

Acude desde hace tres meses a aquella ventana. Es de noche y apenas hay una o dos personas caminando por la calle con paso rápido. La ventana está iluminada y tras ella se balancea la sombra, que se acerca y se aleja sin prestar cuidado a lo que ocurre fuera. Él la observa silencioso, sentado en un banco. La sombra baila, se contonea, quiere asomarse pero de nuevo se aleja. Cada una de esas aproximaciones a la ventana es una nueva esperanza, que inmediatamente se difumina, cuando la ve de nuevo alejarse. Es un sexto piso. La luz es muy blanca y la sombra muy oscura. Él espera a reunirse con ella en algún momento. No tiene valor para subir y prometer no sabe qué ni proponer no sé qué insólitas explicaciones. La ventana se abre y la sombra, menuda al principio, se hace más grande. Se acerca, se acerca, piensa él, mientras la sombra crece, crece, se acerca, se acerca y ¡plaf! Por fin juntos.

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