viernes, agosto 25, 2006

A propósito de...El mal de Montano, de Enrique Vila-Matas.


Que me gusta Vila-Matas es algo que no puedo ocultar. Que todos sus libros se parecen mucho es algo que él no puede esconder y nosotros no podemos obviar. Pero a pesar de eso me gusta Vila-Matas, una especie de Borges moderno, salvando las infinitas distancias entre ambos.
Digo que es un Borges moderno porque es un enfermo de literatura como lo era el genial argentino. De hecho, el título de la obra, El mal de Montano, hace referencia precisamente a la enfermedad literaria, a pensar todo en forma de literatura.
La novela (si es que puede llamarse novela a esta obra) está compuesta por cinco grandes secciones, en las que se suceden nombres de autores y obras, sin dejar de mantener un cierto argumento central que permite a Vila-Matas exponer algunas de sus convicciones en torno al mundo de la literatura.
La primera parte es seguramente la más novelada en tanto que cuenta la historia de un crítico literario que visita a su hijo (Montano), que es escritor y en esos momentos se encuentra bloqueado. El padre intenta ayudar al hijo y de paso intenta también curarse él mismo de la literatura, algo que no logra en absoluto. La segunda parte es un diccionario de autores que escribieron diarios porque el crítico decide escribir un diario, que poco a poco se le vuelve novela, aunque irá haciendo confidencias acerca de su verdadera identidad y descubriremos que muchas de las cosas que se nos han contado en la primera parte no son veraces. Después aparece el texto de una conferencia que el autor da en Budapest, y muchas otras cosas, todas plagadas de autores y citas, sobre todo de Kafka, Musil, Gide, Borges o Pitol.
Entre el texto se filtra la idea de que el protagonista desea crear una especie de grupo que luche contra los enemigos de lo literario (citas a directores de editoriales, economistas o directivos de marketing), a los que, afirma, le gustaría poner bombas mentales en sus conciencias. Me gusta la definición de autor literario que aparece en una de las páginas del libro: la necesidad de que un escritor sea alguien que otorgue particular importancia a las palabras, alguien que se mueva entre ellas tan a gusto, o acaso más, que entre los seres humanos: alguien que destrone a las palabras para sentarlas en mejores sitiales y las palpe y las interrogue y las acaricie con delicadeza y hasta las pinte con los colores de lo imposible y que, después de tanta intimidad con ellas, sepa también ser capaz de ocultarse por respeto a ellas.
Vila-Matas propone la literatura como una forma de salvación: Precisamente porque la literatura nos permite comprender la vida, nos habla de lo que puede ser pero también de lo que pudo haber sido. No hay nada a veces más alejado de la realidad que la literatura, que nos está recordando en todo momento que la vida es así y el mundo ha sido organizado así, pero podría ser de otra forma. No hay nada más subversivo que ella, que se ocupa de devolvernos a la verdadera vida al exponer lo que la vida real y la Historia sofocan. Magris, por ejemplo, lo sabe muy bien, le interesa mucho lo que pudo haber sido si la Historia o la vida humana hubieran tomado otra dirección. A todos los que les interesa eso, les interesa leer.
También lei hace tiempo París no se acaba nunca y Bartleby y compañía. Si tuviese que quedarme con alguno de ellos creo que me quedaría con Bartleby y compañía, un estudio de aquellos autores que dejaron de escribir. Esperemos que no se le ocurra a Vila-Matas dejar de hacerlo. Yo, al menos, lo sentiría.
Pedro Garrido Vega.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

pedro: luego de casi un año entré hoy a leer esta página,cada día más interesante,y me extrañó algo: ravinovich siempre
fui yo,Mariel,en una alegoría a el común placer que compartíamos cayetano y yo por un grupo argentino:

Les Luthiers.Antes,mucho antes,fui Athenea. CIRCE siempre fue Marga,aunque a veces firmaba Marga a secas. Mi correo electrónico comienza con circe,y de allí la confusión. de todas formas,vale, Ravinovich era yo,
Mariel,y me gusta Puig.Un saludo.

Anónimo dijo...

pedro: luego de casi un año entré hoy a leer esta página,cada día más interesante,y me extrañó algo: ravinovich siempre
fui yo,Mariel,en una alegoría a el común placer que compartíamos cayetano y yo por un grupo argentino:

Les Luthiers.Antes,mucho antes,fui Athenea. CIRCE siempre fue Marga,aunque a veces firmaba Marga a secas. Mi correo electrónico comienza con circe,y de allí la confusión. de todas formas,vale, Ravinovich era yo,
Mariel,y me gusta Puig.Un saludo.

Pedro Garrido Vega dijo...

Un saludo para ti también Mariel. Creo que aquel error fue por pasarme de listo. Pero no creo que sea tan importante, ¿no? Espero de veras leerte por aquí de vez en cuando. ¡Hasta pronto!

Marga dijo...

Vila -Matas!! pues sí entre otras cosas le reprochan cierta arrogancia pedante (lo que para mí es sólo ironía y mala leche literaria) y el escribir siempre el mismo libro como tú comentas... pero me da igual!! disfruto con sus delirios y esa visión de la literatura como mal de vida... y las carcajadas que me provoca!!! siempre le leo con una sonrisa en la boca y otras se me escapan en voz alta!!

He leído casi todo lo publicado por él pero tal vez si no me quedara más remedio que elegir me quedaría con Bartleby, ajá.

En otro orden de cosas... me hizo gracia aquella confusión de identidades, que por otro lado me encantaba... lo divertido es que llegué aqui por Mariel! y lo de Circe ni idea tenía que fuera de ella, es uno de mis cuentos preferidos... aysssssss, la literatura qué mala es para obtener certezas!! Mirad, es una situación muy Vila-Matiana... jajajaja

Saludossssssssss de yo