martes, agosto 08, 2006

A propósito de...Diccionario jázaro, de Milorad Pavic.


En ocasiones muy escasas (qué pena) se encuentra uno de esos libros que hacen pensar de otro modo, ya sea sobre la vida, sobre la literatura o sobre ambas cosas que acaso sean lo mismo en mi caso (y, me atrevo a decir que en muchos otros). Esta obra de Pavic tal vez sea uno de esos puntos de inflexión, al menos desde mi posición de lector. Aunque el problema es que este argumento con respecto a esta obra y su autor es un tanto embustero porque ya leí hace un par de meses otra obra suya, Paisaje pintado con té, también magistral, y que ya me proporcionó algunas pautas acerca de cómo acometer la lectura de este autor.
El Diccionario jázaro, que lleva por subtítulo Novela léxico, es precisamente eso, una novela escrita en forma de diccionarios, y no de un diccionario cualquiera sino de uno muy particular, acerca de los jázaros, un supuesto pueblo eslavo con lengua y religión propias que desapareció cuando el khagán (su jefe de estado) decidió que el reino se convertiría a la religión de aquel que pudiese explicar con mayor elocuencia un sueño en el que un ángel le dijo las siguientes palabras: tus intenciones son gratas al Señor, pero tus actos no. Para ello llamó a la corte a un teólogo cristiano, otro judío y otro musulmán que habrían de interpretar dicho sueño. La religión que existía en el reino jázaro era el de los cazadores de sueños, personas que podían seguir a personajes que aparecían en los sueños de distintas personas.
El Diccionario jázaro es uno de esos libros que pueden leerse en el orden que se desee. Está formado por tres partes cada una de las cuales representa a las fuentes judía, cistiana y musulmana del diccionario (en cada una de ellas, claro, se da una versión un tanto diferente de la llamada polémica jázara, aquella reunión entre el khagán y los teólogos). En cada una de esas partes aparecen entradas que se refieren a personajes que participaron en la polémica jázara o que después se interesaron por el pueblo jázaro, sus costumbres y su religión. La otra obra que he mencionado, Paisaje pintado con té, también puede leerse en el orden que se desee pues su estructura tiene forma de crucigrama y además posee dos finales posibles de los que el lector es protagonista fundamental. En el caso del Diccionario jázaro existen dos tipos de ejemplares, el masculino y el femenino, que difieren en una sola frase.
El estilo de Pavic es muy coloquial y se caracteriza por una sucesión continua de extraordinarias metáforas. Sirva como estímulo para la lectura de esta obra por parte de los lectores de este blog este fragmento escogido del Diccionario jázaro, que además me permite pensar menos y entregarme a la actividad de mero copista. El extracto forma parte de la entrada Muqqadasi Al Safer, de las fuentes musulmanas del Diccionario jázaro:
[...] Según otras fuentes que Daubmannus relaciona con los manuscritos de la sinagoga de El Cairo, esta carta o poema no estaba dirigida en efecto al khagán, sino al propio Al Safer, y se refería a él y a Adán Cadmón. En cualquier caso, la carta suscitó los celos o la rivalidad del khagán jázaro, pues los cazadores de sueños formaban el poderoso partido de oposición de la princesa Ateh. Al Safer fue condenado a ser encerrado en una jaula suspendida de un árbol. La princesa Ateh le enviaba cada año en los sueños la llave de su alcoba. Sólo podía aliviar sus sufrimientos cuando sobornaba a los demonios para que tomaran por un breve período el lugar de un hombre y metieran a éste último en el lugar de Al Safer. De modo que una parte de la vida de Al Safer estaba formada por la vida de otros hombres, que le prestaban algunas de sus semanas. Entretanto, los amante se intercambiaban mensajes de una manera especial: él grababa con los dientes unas cuantas palabras en el caparazón de una tortuga o de un cangrejo capturado en el río que corría debajo de la jaula y luego lo ponía de nuevo en el agua; ella le respondía de la misma manera, grabando sus mensajes de amor en las tortugas y enviándolos a lo largo del río que desemboca en el mar justo debajo d ela jaula. Cuando el demonio privó a la princesa Ateh del recuerdo de la lengua jázara y la obligó a olvidarla, ella dejó de escribir, pero Al Safer siguió enviando sus mensajes tratando de hacerle recordar su nombre y las palabras de sus poemas.
Algunos cientos de años después de ese acontecimiento, fueron capturadas en la costa del mar Caspio dos tortugas en las cuales estaban grabados los mensajes de un hombre y una mujer que se amaban...

Pedro Garrido Vega.

2 comentarios:

Marga dijo...

Ummmmm, confieso: me lo regalaron hace la torta de años y allí está. Es de esos libros que uno acaba relacionando con el momento que vivía y te da mal rollo volver a intentar leerlo. Está pendiente... lo prometo!!

Pedro Garrido Vega dijo...

Anímate anda, que está muy bien, y a lo mejor así, después, el libro te recuerda el momento actual, que espero que sea feliz para ti.

Un saludo a todos (después de cierto tiempo).