sábado, septiembre 17, 2005

EL DÍA D, Séptima Parte

Recordarás, atento lector, que me dirigía hacia la plaza de toros de La República Independiente de Leganés para hablar ante un público numeroso, ya que tocaban esa noche los Maiden. Bueno, pues hacia allí me fui, pero no en Metrosur, si no volando, ya que sólo tuve que desearlo para desplazarme por los cielos, como Peter Pan (con la salvedad de que a él no le brotaron dos enormes alas correosas que le desgarraron la espalda, haciéndole desear estar muerto). Encontré fácilmente la ubicación de La República Independiente de Leganés desde el aire, y a ratos podía divisar abajo (volaba como a treinta metros, no me atrevía a más) a El Pelota siguiéndome como podía, aunque en breve lo perdí de vista. No pudo seguir mi velocidad de crucero. Que se joda.

Aterricé en las cercanías de la plaza de toros, con tan mala suerte que introduje mi pie derecho en un mini de calimocho del cual mamaban un grupo de jovenzuelos ataviados con camisas negras y largas pelambreras. Ante mi sorpresa, no sólo no se sorprendieron de mi llegada (ni de mis alas, que se replegaron dentro de mi espalda hasta desaparecer de forma tan dolorosa como surgieron), sino que me ovacionaron y me convidaron a probar su calentorro brebaje. Sin lugar a dudas, algo tendrían que haber oído de lo que pasaba en Madrid, amén de que, al mirar hacia el horizonte, se observaba el cielo de poniente rojo y con rugir de una tormenta cada vez más cercana. Una tormenta más sangrienta de lo habitual, les aseguré. Y ya de paso aproveché para hacer proselitismo con aquel grupo y difundir mi mensaje. Se lo tomaron bastante bien, casi con satisfacción, lo cual me desconcertó temporalmente, hasta que pude leer las diferentes y satánicas máximas que rezaban sus camisetas. Supuse que aquello sería casi un premio para ellos. El jefe estaría contento ante semejante entusiasmo.

Les expliqué mi cometido, cómo necesitaba entrar en el concierto y difundir mi mensaje a cuantos más mejor. Muy amablemente, condescendieron en intentar hacerme pasar de tapadillo entre ellos. Acepté encantado su propuesta y ya nos dirigíamos hacia la entrada cuando por megafonía anunciaron que debido a causas ajenas a su voluntad, el concierto se vería retrasado unas cuantas horas, ya que los integrantes de Iron Maiden aún no habían llegado a La República Independiente de Leganés. Al parecer, se encontraban atrapados en medio de un enorme atasco formado por la gente que abandonaba Madrid como alma que lleva el diablo (nunca mejor dicho). En su lugar, y mientras tanto, El Niño de Zarzaquemada, un famoso torero local, marearía con su capote a unas cuantas vaquillas…
Cayetano Gea Martín

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