jueves, marzo 30, 2006

A propósito de...varias y heterogéneas lecturas recientes

Esperanto, de Rodrigo Fresán.
Este autor es uno de los más conocidos autores argentinos del momento. Leí con avidez su libro Jardines de Kensington, que me pareció una auténtica obra de ingeniería literaria. En ella se narraba la vida de Barrie, el autor de Peter Pan y entre esa narración se incluía la vida de un autor imaginario de literatura infantil a punto de suicidarse.
Rodrigo Fresán es un autor pop. Siempre se le define así. Bob Dylan, The Beatles y muchos grupos y artistas de la época hyppie desfilan por sus libros. Esperanto fue su primera novela y no fue una excepción.
-Nadie me entiende-dijo Esperanto.
Y abrió los ojos.
Esta aparente paradoja es el leitmotiv de esta obra, en la que un músico, Esperanto, hace repaso de su vida durante una semana que será crucial para descubrir algunos secretos que le habían sido guardados. No me gustó tanto como Jardines de Kensington pero es de fácil lectura y ya apunta algunos de los rasgos que después le convertirían en un narador excelente.

Por fin solos, de Cristina Peri Rossi.
Imaginemos que vamos a una clase donde todos los días nos cuentan la misma lección. Ya la hemos comprendido el primer día y puede ser interesante, pero por fuerza de repetir siempre la misma lección nos termina resultando anodina y sin interés. Es lo que me ocurrió con este libro. Son cuentos acerca de las relaciones de pareja muy orientadas al público femenino y en las que se narran temas demasiado recurrentes ya, según mi opinión. He de decir, sin embargo, que tanto el primer como el último cuento del libro me parecieron hasta cierto punto sorprendentes por el punto de vista empleado por la narradora. El resto de cuentos, no me aportó nada nuevo. Tanto es así, que ya los he olvidado.

La letra e, de Augusto Monterroso.
Qué pena que publicase tan poco este autor al que tanto respeto profeso. En todo lo que escribe ni falta ni sobra una sola palabra, una sola coma. Este es un libro que pretende ser un diario o algo así como un cuaderno de pensamientos. No existe relación entre los temas tratados pero al final todo se resume en el binomio literatura y vida. Nombra hasta la extenuación a Sterne y a Proust, se detiene en aquellos juegos que tanto le gustaban (los palíndromos y los textos bifrontes) y narra sus relaciones con algunos escritores, entre los que figuran Cortázar o Ítalo Calvino. Recomiendo leerlo sólo por el placer de leerlo.
Dos palíndromos que figuran en el texto:
Adán no calla con nada.
Sums are not set as a test on Erasmus.

Un texto bifronte:
Entre verdes aires.
Entrever desaires.

La religión de un médico, de Sir Thomas Browne.
Probablemente, si Borges no hubiese nombrado a este autor en su cuento Tlön, Uqbar Orbis Tertius, hubiese pasado desapercibido para nosotros, aunque sus contemporáneos afirmaron que su estilo era inigualable. Leí este libro pues, con cierta expectación y más aun sabiendo que era Javier Marías quien lo traducía. El resultado, una pequeña decepción. El primer texto, correspondiente al que da título al volumen, trata de explicar las bondades de la religión cristiana pero apenas se detiene en el punto de vista del médico y acepta muchas de las aserciones simplemente mediante la fe. El segundo texto, que es el que menciona Borges en su título y cuyo quinto capítulo tradujo al alimón junto con Bioy trata acerca del enterramiento mediante urnas funerarias. Para un lector curioso puede ser interesante ya que hace un recorrido histórico por las distintas religiones y sus ritos funerarios centrándose sobre todo en los ritos que implican la cremación del difunto. Como curiosidad es aceptable. El último de los textos trata acerca de los sueños y propone esa visión mística que aún perdura en muchas personas hoy día y que tanto explotó Borges en sus cuentos. Interesante por lo evocador de las ideas.

Prisión perpetua, de Ricardo Piglia.
Leí este libro de cuentos por la recomendación que de él se hacía en una edición crítica del Adán Buenosyres, de Marechal, en el que se exponían los paralelismos tan estrechos que existían entre aquella novela, este cuento de Piglia y Rayuela. Personalmente, no creo que existan lazos tan estrechos entre ellas y personalmente también, Prisión perpetua me parece la más floja de las tres aunque no me parece en absoluto una mala narración. Trata acerca de un escritor que en su juventud conoció a otro escritor que se parecía extraordinariamente a Scott Fitzgerald y que defendía la inclusión de la literatura en la vida, y viceversa. El estilo es sorprendente. Del resto de cuento apenas guardo recuerdo lo que para mí significa que no me resultaron especialmente sorprendentes (o tal vez, que mi memoria sea cada vez peor, lo cual tampoco debe descartarse).

Las cosas, de Georges Perec.
No puedo evitar la admiración que me causa este escritor. Por lo que he leído me parece uno de los grandes novelistas del siglo pasado y este libro lo confirma. Su estilo es excelente: sobrio, sencillo, rápido. Esta obra lleva por subtítulo Una historia de los años sesenta, en la que anticipa ya lo que ocurrirá tras esa década: la primacía de la publicidad, la creación en la sociedad de necesidades que hasta entonces no se planteaban, el cambio en el estilo de vida, la posesión de objetos como forma de expresión social. El primer capítulo, breve, recuerda a La vida, instrucciones de uso. Está, además, escrito en condicional. El resto, narra la vida de una pareja inmersa en esa sociedad cambiante y a la que se resisten a incorporarse.
Unas líneas que determinan la idea principal de la novela:
A veces les parecería que una vida entera podría desarrollarse armoniosamente entre aquellas paredes cubiertas de libros, entre aquellos objetos tan perfectamente domesticados que habrían acabado creyéndolos hechos para su uso único, entre aquellas cosas bellas y simples, luminosas. Pero no se sentirían atados a ellas: ciertos días irían a la aventura. Ningún proyecto les sería imposible. No conocerían el rencor, ni la margura, ni la envidia. Pues sus medios y sus deseos se armonizarían en todo punto, en todo tiempo. Darían a este equilibrio el nombre de dicha y, con su libertad, su prudencia, su cultura, sabrían preservarla, descubrirla en cada instante de su vida común.

Memoria del mundo y otras cosmicómicas, de Ítalo Calvino.
Una obra que sólo podría haber escrito Calvino. Muchos las definen como historias de ciencia ficción. A él no le gustaba denominarla así porque no se proyectaban hacia el futuro (como todas esas historias de robots y Apocalipsis informáticos) sino que se proyectan hacia el pasado, hacia el inicio del tiempo. Cada una de las historias va precedida de una breve teoría científica (aceptable o no hoy día, eso es lo de menos) y a continuación un narrador que ha vivido toda la historia del universo y del cual no se nos informa sobre su naturaleza, tan sólo que se llama Qfwfq, nos cuenta sus experiencias ante aquellos sucesos. Me gustó especialmente Todo en un punto, por su originalidad, por lo cómico de las situaciones que se describen, por haber sido escrito por Calvino.

Cajón de lecturas variadas.
Como sería largo y tedioso comentar estas obras por su inmenso interés tan sólo las nombro e insto a cualquiera que lea estas recomendaciones a que las lea sin demora:
Teoría de la inteligencia creadora, De José Manuel Marina, para saber qué es la inteligencia, cómo funciona, por qué somos diferentes de los ordenadores y cómo utilizamos esa inteligencia para crear. Su libro parte de la idea de que la inteligencia es una capacidad animal transfigurada y que, de hecho, el hombre posee una inteligencia creadora.
¿Qué es el budismo?, de Borges y Alicia Jurado, que he releído con interés y que explica perfectamente el origen del budismo a partir de los mitos hindúes, los diferentes mitos que sustentan al budismo y las distintas ramas que se han generado a partir de esos mitos comunes. Esencial para entender esta filosofía de vida.
Introducción a la metafísica, de Rafael Gómez Pérez, libro que cacé al azar en la biblioteca y que se centra sobre todo en las ideas metafísicas de Santo Tomás, muchas de las cuales se apoyaban en las de Aristóteles y que aun hoy siguen vigentes. Se explican todos los conceptos básicos con simplicidad. Emprendí su lectura con cautela pero se lee con cierta facilidad.

Y, por ahora, nada más. En un futuro no muy lejano, haré un compendio de mis lecturas acerca de estética (¿Qué es el arte?).

Pedro Garrido Vega