jueves, julio 14, 2005

Las Tierras Baldías II

Y llegué a la ruina y a la desolación que anidaban en mi alma. Cada hora perdida, cada palabra de sobra, cada acción de menos, cada mentira, daño y furia, se habían convertido en fuego devastador que agostaba las cosechas y ennegrecía el cielo.

Un gran mal campa a sus anchas, una rapaz negra preparada para salir a la palestra: orgullo. Descubrí apenado que por orgullo era capaz de ahorcarme antes que de humillarme. “Nunca más”, le grito al cielo cada vez que aprieto la soga alrededor de mi cuello y del cuello de los demás.

***

Utilizo el lenguaje rebuscado y circunvalatorio como respuesta cobarde, como sustituto rastrero de los cojones puestos sobre la mesa, pero lo aparto hoy…

Lo siento.
Lo siento mucho.
Lo siento todo.
Siento haberme convertido en lo que yo no quería y tú temías: juez, fiscal y jurado.

Siento mi carencia empática y el haber tenido que elegir.

Siento todo y todo y todo. Siento el daño que te he hecho o el que te haya podido hacer. Siento el daño que tú me has hecho a mí. Siento ambos, y los siento entre tú y yo.

Siento todo esto. Siento no tenerte y que creas que no me importa. Tres pilares de amistad sostienen mi vida y uno comenzó a oscilar y yo le ayudé a caer.

Siento el juicio de terceros, las voces de terceros, el aliento de terceros.

No sé si la redención y la expiación llegarán, pero mi arrepentimiento sí.

Me equivoqué, qué más puedo decir. Pensé que no acudías a mí, cuando no dejabas de hacerme señales. Lo que tú querías era mi presencia, nada más: jugar al Puzzle Fighter, contar una burrada, beber, hablar del último disco de Dream Theater, del regreso de Stratovarius, de Borges, del cine chino raro que te gusta, de la vida.


Cayetano Gea Martín

2 comentarios:

Anónimo dijo...

No pidas nada a través de un canal en el que no sabes si hay alguien al otro lado. Eso es sólo purgarte por dentro pero no enfrentarte a la situación.
Cara a cara es duro, pero directo.

tamicabri dijo...

Me alegro de que hayas publicado esto.
Un beso, grandullón.