viernes, marzo 28, 2008

Soneto para Suryalia


Hay un puerto de árboles bajo el sol tibio
Que brilla en esta primavera de marzo,
Bajo el palio de almendros y los retazos
Que ocultan el valle tras sombra de lirios.

Aún navega el verde color ibero
Que campea en esta parte del orbe,
Donde llegan los vientos sin nombre.
¡Somos el hogar de quijadas de acero!

Pero tú, maizal rubio, traes bendito color
A esta tierra yerma olvidada de Dios.
¡Amarillo trigo que ya partes al mar!

¿Cuándo recogeremos el fruto de tu amistad?
Aquí nos quedamos, guardianes en Castilla,
A observar el lento desarrollo de tu semilla.


Cayetano Gea Martín

miércoles, marzo 26, 2008

Viking Matters

Estimado señor Antonio Vergara Sánchez:
Me pongo en comunicación con usted para referirle mi indignación ante las vestimentas y la puesta en escena del grupo de rock del cual es usted el vocalista. Pertenezco a una asociación internacional cuya misión consiste en intentar mantener en la memoria colectiva la cultura, la mitología y la forma de vida de los pueblos escandinavos. Creo que su falta de respeto puede llevar a más personas a la confusión que ustedes padecen. Por favor, le suplico que abandonen esas vestimentas mal empleadas y desinformadas.
Atte.
Olaf Tryggvason


Al señor Olaf:
Joder, tío, su carta me ha dejado flipando. Coño, que sólo es una parafernalia que utilizamos para salir a escena, sin pretender ofender a nadie. Los cuernos, el maquillaje, las barbas, las ropas, las hachas y las espadas son para darle un aire vikingo de cachondeo. Nuestra intención, desde luego, no es que nadie se mosquee. Le puedo asegurar a usted que no lo hacemos con ánimo de desprestigiar nada.
Reciba un cordial saludo
Antonio Vergara


Estimado señor Antonio Vergara Sánchez:
Disculpe mi insistencia y las molestias que ella le pueda ocasionar, pero sigo pensando en que su puesta en escena es una ofensa. Le creo y no dudo que lo hacen con las mejores intenciones y desde un desconocimiento vacuo, pero eso no les exime de su responsabilidad. ¿Conoce usted acaso algo del bagaje escandinavo como para poder representarlo? Involuntariamente, usted y su grupo tronante están introduciendo conceptos falsos y alterados sobre mi pueblo y mi herencia cultural. Le conmino a que cambien su look, por favor.
Suyo,
Olaf Tryggvason


Olaf:
Creo que exageras (me permites que te tuteé, ¿no?) y que hemos comenzado con mal pie. Ni siquiera sé cual es tu asociación ni quién eres. Pero defiendes algo y eso lo respeto. Por eso me digno a contestarte cuando no sé si debería molestarme siquiera. Pero, como ya te dije, no insultamos a nadie y no pensamos cambiar nuestro look, básicamente por tres motivos:
a) No somos un grupo millonario precisamente, y un cambio de imagen supondría un gasto que no nos podemos permitir.
b) Nuestra música y letras suelen tratar de temas vikingos, por lo que no es sólo una cuestión de maqueo.
c) No nos sale de los cojones.
Espero que con esto te haya quedado todo claro y dediques tu tiempo libre a cosas más productivas que andarte preocupando por gilipolleces.
Abrazos,
Antonio


Estimado señor Antonio Vergara Sánchez:
Creo que no me ha entendido usted, y que ahí radica su confusión. No le estoy pidiendo nada, le estoy obligando a ello. Si recurrí a la diplomacia (de la cual usted carece, dicho sea de paso) fue por mero civismo. Por ello le insisto una vez más y sin tapujos: desista en ridiculizar a la gran tradición mitológica y cultural escandinava o aténgase a las consecuencias.
Atte.
Olaf Tryggvason
PD 1: No, no puede usted tutearme.
PD 2: ¿Sabe usted cómo es un funeral vikingo?


Al tarado noruego:
Mira, tío, déjate de amenazas y métete en tus propios asuntos, como regar al gato y sacar a pasear a las petunias. Estás como una puta cabra y eres peligroso para la sociedad. Ponte tu disfraz de Darth Vader y resuelve sudokus desde tu friki-cueva. Hay un montón de cosas que puedes hacer en vez de tocarme los huevos, digo yo. ¿Ya has terminado tu colección de cromos de vikingos famosos?
Que te folle un pez del mar del norte,
Antonio

PD: No, no conozco los funerales vikingos, pero sí la variante española, petulante chulo de playa.

Estimado señor Antonio Vergara Sánchez:
No diga usted que no se lo advertí.
Atte.
Olaf Tryggvason


Estimado Jens Stoltenberg
Señor,
Ya tenemos un voluntario para la ceremonia en honor a Jormugandr. Se trata de un devoto seguidor de nuestra cultura. Aunque el susodicho proviene de España, muestra un profundo conocimiento y respeto por las tradiciones vikingas. Considera que es todo un honor el ser sacrificado a mayor gloria de los herederos de la Piedra de Rök.
Esperando que la noticia haya sido de su agrado, se despide atentamente,
Olaf Tryggvason
Cayetano Gea Martín

lunes, marzo 24, 2008

Todo es poesía


Todo es poesía en el universo;
Todo es versificable, por desgracia.
Vivimos en un mundo en verso:
La rima fácil antes que la palabra.

Algo o alguien (materia de axiomas)
Deposita en mentes inquietas
Versos brutos de mil aromas,
Que malinterpreto con pluma incierta.

Para los barcos de vela, dijo él,
Y yo copio con confusa fortuna
Imágenes pasadas, cauces pretéritos.

Con verso fácil, corrupto e infiel
Que, o bien construye altares a la luna,
O muere ignorado en un mal soneto.


Cayetano Gea Martín

miércoles, marzo 19, 2008

Deux ex ego


Al compás de tus calles sucias
Se descoyunta en trazos mi ser:
La criatura triste de mirada lúcida
Sin integridad posible ni lamentos de fe.

Sigo los renglones torcidos del Dios
Que olvidó su bastón en tu asfalto
En el mar en calma su rostro viró
Y ahora persigue faldas y llantos

¡Qué poco tacto de deidad superada!
¡Qué abandono necio envuelto en rosas!
¡Qué lamento torpe sin símil de amor!

Si me dieran un segundo, mi quijada
Se alzaría decadente y orgullosa
A reconocer que ese Dios soy yo


Cayetano Gea Martín


miércoles, marzo 12, 2008

Dan Simmons - Hyperion

Con gran placer he releído recientemente el que es, para mí, el mejor libro de ciencia-ficción que existe: Hyperion. Ya cité no hace mucho dicha obra, así como recalqué que, aunque el género al que pertenece no sea mi favorito, alguna que otra buena sorpresa me ha deparadado, como es el caso que me ocupa hoy.
¿La premisa? Pues básicamente mi rechazo inicial a leerlo, que sólo cedió ante las continuas y reiteradas protestas de algunos amigos, los cual me conminaron a ello con tanto tesón y fervor por el libro en cuestión que acabé cediendo, aunque sólo fuera para que me dejaran en paz. Y así lo leí, con mi peor predisposición posible, dispuesto a descartarlo a la primera de cambio. La realidad, sin embargo, fue muy distinta.
La historia del libro no me atrajo tanto como la estructura del mismo, aunque al final me acabó atrapando ese continuo baile de verdades a medias, cosmologías teocráticas e interesantes hipótesis religiosas, tales como el agnosticismo-zen. Fue el cómo estaba escrito lo que me enganchó… como me sucede con todo libro que leo.

La obra está escrita con la estructura de Los cuentos de Canterbury de Chaucer, como una novela-río que se nos representa bajo el prisma de siete personas distintas. Así, cada vez que uno de ellos cuenta su historia, el autor cambia totalmente el estilo narrativo, creando un hermoso mosaico de ocho piezas (los siete testimonios más el hilo conductor). Cada una de las historias conforma una suerte de relato corto que se puede separar del resto. Sus nombres y estilo serían los siguientes:

1ª Historia. El hombre que gritó a Dios: Autobiográfico, epistolar, católico y algo arcaico.

2ª Historia. Amantes de guerra: Épico en primera persona, militar, literal.

3ª Historia. Los cantos de Hyperion: Poético, decimonónico, romántico, decadente y satírico (Para mí el mejor de todos: literatura de firme).

4ª Historia. El río Leteo sabe amargo: Bíblico, profético, místico y sentimental (Y muy, muy triste).

5ª Historia. No llega a suceder.

6ª Historia. El largo adiós: Policíaco, femenino y mitológico.

7ª Historia. Recordando a Siri: Realismo mágico, colonialismo ilustrado.

Todas las tramas tienen en común una gran influencia de Los Cantos de Hiperión, de John Keats, una serie de poemas épicos inconclusos por la prematura muerte del autor. A través de él, la carga mitológica del libro se multiplica hasta el infinito.

La trama central nos cuenta la historia de un peregrinaje suicida a un planeta alejado, donde el destino de cada uno de los peregrinos aguarda con incierto final. En común con todos, la figura del Alcaudón (magnífica traducción para “Shrike” en inglés, una pequeña ave rapaz), criatura de origen desconocido que actúa tanto de catalizador como de entropía andante.

Nos encontramos, pues, en un futuro en el cual los seres humanos han colonizado el brazo exterior de la Vía Láctea, sin hallar resistencia alguna, salvo de parte de una extraña especie denominada Éxter, que no se sabe si es de origen extraterrestre o se trata de una desviación humanoide. Pero un fenómeno misterioso empaña esta especide de neocolonialismo futuro: las tumbas del tiempo, unas construcciones que se alzan en el mundo fronterizo de Hyperion y que los análisis revelan que fueron construídas en el futuro, y que viajan al revés en el tiempo. Todos los peregrinos tienen algo que ver con ellas y con su guardián: el Alcaudón.

En resumen, un buen libro, mucho mejor de lo que esperaba en su momento, y que ha aguantado una segunda lectura por mi parte.
Cayetano Gea Martín

lunes, marzo 10, 2008

Bei Gott!

Las horas declinaban a ritmo de vértigo, pero Carlos Almansa López era indiferente a ellas. Sentado en la única y desvencijada silla que ocupaba su estudio, consultaba febrilmente manuales, periódicos, diarios, novelas, ensayos, poemas, dramaturgias, informes, dossieres, pósteres, sumarios, tonadas, compedios, coplas, breviarios, expedientes, revistas, noticias, sonetos, magacines, cantigas, libelos, bandos, exposiciones, noticieros, gacetas, boletines, cantares, rotativos, memorias, odas, listines, boletines, pancartas, relatos, versos, crónicas, proyectos, tesis, esbozos, dramas, testimonios, legajos, carteles, estudios, edictos y panfletos; hasta llegar a la reveladora conclusión de que la mayoría de los tiranos y dictadores que en el mundo han sido llevaban bigote. Concretamente, el 89% de ellos. Claro está que, a veces, tildar a determinado sujeto de dictadorzuelo es arriesgado y ya entra dentro de consideraciones éticas. Pero si cogía los que, digamos, se han considerado así de manera ecuánime y universal, la media se mantenía.

La lista de tiranos bigotudos es interminable, y excede a los casos más conocidos. Así, a los Adolfos Hitler, Franciscos Franco, Josefos Stalin, Migueles Primo de Rivera, Augustos Pinochet, Fideles Castro, Leónidas Trujillo, Saddames Husein, Jorges Videla, etc; se les une hombres como Orlando Ramón Agosti, Gregorio Álvarez, Jorge Isaac Anaya, Pedro Eugenio Aramburu, Juan María Bordaberry, José Miguel Carrera, Alberto Demicheli, François Duvalier, Ernesto Geisel, Juan Vicente Gómez, Carlos Ibáñez del Campo, Carlos Alberto Lacoste, Alejandro Agustín Lanusse, Lorenzo Latorre, Aparicio Méndez, Cristino Nicolaides, Saparmyrat Nyýazow, Juan Carlos Onganía, Efraín Ríos Montt, José Félix Uriburu, Roberto Eduardo Viola, entre otros ilustres.

Solamente los asiáticos y algún que otro rey africano no llevaban sobre su faz tan útil como sencillo mecanismo de opresión, ya fuera por motivos culturales o por escasa capacidad pilórica.
Entusiasmado ante su descubrimiento, Carlos Almansa López comienza a esbozar lo que podría acabar siendo la tesis antropológica más importante del siglo XXI. Quizá el único punto negro en su contra sea que se puede alegar que no siempre estos sujetos de estudio han portado en su rostro bigote, y que incluso algunos sólo lo hacían temporalmente o cuando, tras una noche de parranda, se olvidaban del concienzudo afeitado matinal.

Pero el punto de conflicto, y sobre el cual quería arriesgarse a llegar a alguna conclusión lógica era si el poseer pelo sobre el labio superior influía en el carácter y personalidad de los tiranos. ¿Habría Hitler intentando conquistar Rusia sin mostacho? ¿Le quedarían a Fidel Castro bien los puros si éstos no estuvieran rodeado de pelo? ¿O el ya de por sí poco marcial rostro de Franco perdería el resto de autoridad sin su característico y ridículo bigotillo? Carlos Almansa López se lamentaba ante tantas preguntas sin respuesta.

Decidido a llevar a buen término su tesis, concluyó que la mejor forma de comprobarlo era mediante un planteamiento empírico. Así, comenzó a no afeitarse hasta desarrollar, al cabo de pocos días, un fino bigotillo a lo dictador sudamericano que le imprimía seriedad y porte a su poco agraciado rostro.

Las consecuencias no se hicieron esperar: su carácter cambio radicalmente al cabo de pocos días. Se mostraba iracundo con sus vecinos y compañeros de trabajo, vengativo con sus rivales y comenzó a ser propenso a dar arengas a los sorprendidos viandantes desde el balcón de su minúsculo piso.

En un mes, había creado un coro de fieles a su alrededor. A los dos meses los organizó en un partido político denominado CAL (acrónimo poco imaginativo de su propio nombre y apellidos). A los tres cometió su primer intento de golpe de estado. A los cuatro, tuvo éxito, sustituyendo la democracia vigente por una oligarquía de transferencia mítica.

Obnuvilado totalmente por sus nuevas ambiciones megalómanas, relegó su tesis al olvido. El poco tiempo libre que sus infinitas obligaciones como dictador le permitían, lo dedicaba única y exclusivamente a atusarse con delicadas maneras su fino bigote.
Cayetano Gea Martín

jueves, marzo 06, 2008

Camaradas fashion y reconvertidos en bonos negociables



Y cuando el corazón sin alas es una piedra,
Cuesta discernir entre melopea y sobriedad,
A pesar de las putas tormentas que nos medran
Y de las sucias bocas partidas por la mitad.

Cuando el peso de reloj de arena de los hombres
Hace que te plantees que, quizá no todo
Se base simplemente en cagar lo que comes,
Gracias a tu bendito trabajo de reponedor de lodos

Es entonces cuando, furioso, alzas tu canto
Lo suficientemente bajo y de izquierdas
Como para que nadie te pueda oír.

Que no nos insulten, tovarishch de palo,
Que lo que se dice valiente, mierda,
No lo soy, no lo seré. Ni nunca lo fui.


Cayetano Gea Martín

martes, marzo 04, 2008

Sad, but true

Vivía lejos, muy lejos, a espaldas de todo y de todos, en medio de un bosque lejano incluso para el cómputo forestal. Habitaba en una pequeña cabaña de madera, en el confín del mundo. Se encontraba a mil kilómetros de la más leve muestra de civilización. Pero una mañana de julio, al ir a por agua al riachuelo más cercano, se topó con un vidrio de cerveza abandonado, y se aterrorizó. En las noches frescas de aquel verano, arropado por el canto sonámbulo de los búhos, visualizaba la botella en su mente y sabía que su voluntario retiro no estaba completo y que jamás lo estaría. La fea impronta de la civilización volvía a por él, a reclamarle diezmos una vez más. ¿Y qué podía hacer él? ¿Qué?

Al final, decidió rendirse a la humanidad. Ya que no se le permitía el aislamiento que deseaba, se volvió lo más integrado que pudo. Comenzó a talar todos los árboles de su bosque, drenó el río, levantó edificios, elevó el terreno, allanó las colinas, relegó a los animales a toda suerte de ostracismo. Se cortó el pelo, se afeitó y se duchó, justo a tiempo de recibir a los primeros pobladores de los cien apartamentos de lujo que se levantaban donde antes campeaba la floresta.

Poco a poco, la idea cuajó entre otros antiguos idealistas como él, y por todo el terreno peninsular se alzaron más y más viviendas, piscinas, centros comerciales, campos de golf, pistas de tenis y restaurantes que servían comida de plástico a módicos precios.

Unos años más tarde, y con la intención de poner un poco de orden, se celebró la Primera Junta Oficial de Accionistas Inmobiliarios. En ella, se creó una denominación que definiera el conjunto de los territorios urbanizados y urbanizables. Se llamó España.

Cayetano Gea Martín

domingo, marzo 02, 2008

El mismo lienzo.

El mismo lienzo. La misma sala. El mismo museo. La misma ciudad. Y así durante treinta años. Conocía con exactitud suiza cada una de las pinceladas del maestro. Los colores del lienzo habían pasado a formar parte de él. Podía reconocerlos sin dificultad: el rojo de la manzana de la escena con el rojo de la tapicería de las sillas del salón de su casa, el azul de la túnica rematada con treinta y siete pliegues, con el azul de un cuaderno algo descolorido por la luz del sol; el amarillo de la bombilla del cuadro, con el amarillo de otro cuadro tres salas más allá de un pintor que nada tenía que ver con este. Las dimensiones del cuadro: 4.20x3.56m, correspondía a la época monumental del artista, en la que eligió motivos religiosos y tecnológicos combinados de forma sorprendente. Su título: Virgen desplazándose a la velocidad de la luz. El pintor, poco conocido. Y él contemplando el cuadro desde su silla de cuidador del museo: el mismo lienzo, la misma sala, el mismo museo. Y así durante treinta años. En algún momento pensó pedir un traslado y olvidarse de una vez por todas del cuadro: aparecía por doquier, en sus sueños, en libros, conversaciones...en su propia casa había colocado una reproducción extraordinariamente fiel del mismo. Pensó pedir una excedencia y quedarse en casa algún tiempo recomponiendo recuerdos y vivencias ajenas al cuadro que, poco a poco, lo ocupaba todo. pero no podía deshacerse de la presencia obsesiva del maldito objeto de arte. Tomó un curso de pintura para comprender mejor el arte. Estudió historia del arte. Comenzó a pintar el cuadro en casa, con las mismas dimensiones, con la misma técnica, los mismos colores. Avanzaba a pequeños pasos, corrigiendo sin descanso, noches enteras. Su mujer le abandonó, sus hijas le recriminaron su falta de dedicación a sus vidas. Y él seguía pintando, ajeno a todo menos al cuadro, que repasaba con más ahínco aún en el museo para, horas después plasmarlo cuidadosamente en el lienzo que él mismo estaba ocupando. Por fin una noche remató el cuadro con un detalle que no correspondía con el original: su firma. El día siguiente se marchó con el cuadro a cuestas hasta el museo. Entró a primera hora. Aún no había llegado el público. Descolgó el cuadro y en su lugar colocó el suyo.

Me contaron esta historia hace tres años y ahora soy yo quien ocupa la silla delante del cuadro pintado por un cuidador del museo. Ahora yo lo observo con minuciosidad sin dejar escapar un solo detalle. El cuadro se está apoderando de mi mente. Lo sé pero nada puedo hacer. Sé que desatiendo a mis hijas y que mi mujer está planteándose abandonarme, que sólo pienso en el cuadro y que hay un lienzo que me espera cada noche en mi casa deseando ser finalizado.

martes, febrero 26, 2008

Qué bonito


Qué bonito es el espectáculo mediático, ese circo que juega a ser información servido en bandeja de plata desfondada.

Qué bonitas son las pajas mentales del respetable, de ese pueblo llano perdido en medio del ruido y la furia.

Qué bonito es que no se hablen de temas realmente importantes, sólamente de aquellos que den votos y jarabe de dormidera.

Qué bonitas son las palabras xenófobas envueltas en papel de regalo con un lacito rojigualdo.

Qué bonito es el hablar de nada sin decirlo todo.


Cayetano Gea Martín

jueves, febrero 21, 2008

La criatura


En la sombra, la criatura espera en la sombra
La criatura es oscura como el pecado
Y aguarda en silencio, camuflada
En la sombra.
Espera.
Sin prisas.
Su ritmo cardíaco es nulo
Pero sus ojos permanecen abiertos
Vítreos
Esperando
Observando
Relamiéndose

La criatura tiene hambre, oh, sí
Hambre de vosotros, carnaza humana
Globos de sangre
Manojos de vísceras
Y más metáforas
Os quiere devorar y sacaros hasta el tuétano
No desaprovecha nada
Reciclaje cien por cien
La criatura es ecológica
Y no como vosotros

La criatura oye pasos venir calle abajo
Espera
De su sigilo depende su bien ganado sustento
Espera, espera
Wait
Os oye venir
Espera
Vuestras risas se confunden con el ruido del tráfico
Zarabanda urbana que embota vuestros oídos
Espera
Llegáis a la altura de la criatura
No la oís saltar


Cayetano Gea Martín

lunes, febrero 18, 2008

Breve tratado sobre fantasía

Las preguntas, si están bien formuladas (y cuando vienen de quienes tienen que venir), siempre crean dudas en las almas inquietas. La mía, modestia aparte, supongo que debe tratarse de una de dicha categoría. Es por ello que, razonando sobre el tema de la fantasía en la literatura, he llegado a conclusiones que me gustaría poner por escrito.

La premisa de la que parto es la de la sugerencia de que yo sea incapaz de disfrutar con lo fantástico por el mero hecho de serlo, sin tener que recurrir a manidas comparaciones de índole cultural o mitológica. Pensando en ello, he llegado a la conclusión de que depende más del tipo de fantasía sobre el que estemos hablando que de el concepto o el personaje fantástico en cuestión.

Por ello, creo que, en función de mi propia concepción de lo fantástico como tal, y para entender este interesante punto planteado, debería hablar, primero, brevemente de mi concepto de fantasía; y, en segundo término, desglosar los tres tipos de literatura o metaliteratura fantástica que concibo como tales.

1. Lo fantástico en la literatura
Desde el comienzo de los tiempos, el hombre ha sentido una innegable atracción por aquello que desconoce, por todos esos otros mundos accesibles por vías no convencionales y alejados de la esfera cotidiana del nuestro, que no de su influencia.
La literatura, como expresión máxima, última y definitiva de la inteligencia humana, se ha hecho eco a lo largo de la historia de este sentimiento, creando corrientes y estilos que casi siempre han ido intercalados por períodos de calma y racionalidad. Así, a los movimientos románticos se les interpone casi siempre otros más modernistas o neoclásicos, aunque no siempre la línea divisoria sea obvia.
Tampoco conviene confundir el concepto de fantástico con el tan manido entre la pseudo-intelectualidad de realismo mágico. Cuando cualquier lector con inquietudes que quiere eliminar su pasado fantástico en aras de una, aparentemente, mayor calidad literaria (porque confunde fantasía con literatura menor), cae en el error de proclamar su gusto por el realismo mágico, cuando dicho movimiento literario se basa en cuatro o cinco autores consagrados nada más, siendo, claro está, Julio Cortázar su máximo exponente.
No, lo fantástico, la fantasía, la metaliteratura fantástica es otra cosa, y es un fenómeno que siempre ha habido y habrá, desde La vida es sueño a El señor de los anillos, desde La invención de Morel hasta La guerra de las galaxias. Como dijo Borges, “Yo creo que en la fantasía, la cadencia y la imagen son más importantes que el sentido. Hasta puede no tener sentido y sin embargo, ser buena”.

2. Tipos de literatura fantástica
Para entender el por qué de mi aparente impedimento a dejarme arrastrar por cualquier concepto fantástico en el cual no exista factor humano donde asirse, he dividido la metaliteratura de fantasía en tres tipos bien diferenciados. Paso, pues, a exponerlos.

Primer tipo: Fantasía como arte o fantasía mayor. Constituyen este tipo todas aquellas obras maestras de la humanidad que han pasado por el tamiz de los años y que sostienen su validez en cualquier época. Obras como El Quijote, Drácula, La vida es sueño, El laberinto de los tártaros, La invención de Morel, El Aleph, La divina comedia, etc., son fantásticas. Y a éstas sí que me siento inclinado a aceptar sus términos sin ningún tipo de duda o de premisa por mi parte, o de intentar establecer relaciones históricas o mitológicas para asimilar mejor los conceptos desglosados. Al encontrarme en manos de obras universales, me integro en su universo sin hacer más preguntas, ya que el genio de los escritores que los crean me hace ser partícipe sin reservas de las maravillas que despliegan ante mis ojos.

Segundo tipo: Fantasía media. Este tipo lo forman aquellos libros, muchos de ellos modernos o contemporáneos donde, al ser la calidad literaria buena o muy buena pero no magistral, obliga a los autores a utilizar referencias y trasfondos mitológicos que ayuden a la mejor asimilación de la historia y de los personajes. Obras como El señor de los anillos de Tolkien, Hiperión de Dan Simmons, La torre oscura de Stephen King, Harry Potter de Rowling o La guerra de las galaxias en el terreno del cine, conforman claros ejemplos de este grupo. Dado que, como ya he comentado, su calidad literaria puede estar sujeta a interpretaciones, digamos que “me tienen que convencer” con conceptos en los cuales me sienta más cómodo para poder disfrutar (en el caso de que lo haga) de dichas obras. De ahí que busque constantemente referencias cuando las leo o veo, y que si no las encuentro, ¿qué me queda? Porque si me centrara solamente en cómo está escrito, no leería nada de este tipo de obras, las cuales, por otra parte, me gustan bastante y me han aportado muchos momentos de diversión y de interesantes relaciones de conceptos.

Tercer tipo: Sub-fantasía. La definición de este tercer grupo es muy sencilla: Son aquellas obras que se basan en las del segundo tipo para crear su universo, o lo que es lo mismo, son extensiones redudantes de las anteriores. En ellas, la fantasía desplegada resulta a todas luces inaceptable, ya que parten del hecho de que no hace falta la más mínima explicación sobre nada, y que todo el mundo está empapado de la pseudo-ficción en cuestión. Amén, claro, de que la calidad literaria suele ser baja o nula, por lo que son libros de consumo rápido destinados a un público muy específico y que conozca mucho los entresijos de la historia y que, claro está, no se plantee el por qué de tanta mitología de tercer orden.

En definitiva, creo que la imposibilidad, a veces de “dejarse llevar” por un personaje o una historia fantástica se debe más, por lo menos en mi caso, al tipo de fantasía que se trate más que a una ceguera fantástica a priori.
Cayetano Gea Martín

viernes, febrero 15, 2008

No todo está perdido


Y por qué no poner las manos sobre la lluvia de los dioses olvidados, pregunto al viento que no responde. Por qué no seguir intentándolo, no hay motivo para no hacerlo, cojones. No todo está perdido ni todas las horas tienen por qué ser tristes. Detrás del desgarrón en el cielo, de los toreros y de los turistas, de los críticos de cine y los cocineros de humo y mandil limpio, detrás de todo olvido pertrechado desde las barricadas mediáticas y los pendientes con liftings de Ramoncín, seguimos estando nosotros, aunque nuestro mayor acto de rebeldía consista en leer a Proust a la sombra de los castaños, sabiendo que la literatura es una mierda dulce y posiblemente la única expresión auténtica de inteligencia.


Cayetano Gea Martín


Somos el aire y el cielo cautivos
Esperma negro que ha de conquistar
Su espacio en el mundo de los elegidos
Rumbo al país de Nunca Jamás
Morti

lunes, febrero 11, 2008

Auto cameo fruto de un ego desmedido...

... O por qué intentar dedicarse a escribir cuando seguro que me iría mejor dedicándome a la cría de berberechos en cautividad...

Lo nuevo, lo pulido y que brilla con luz propia no necesita de campañas publicitarias para que llegue al corazón humano... No así es el caso de mi magna ópera prima... Después de un par de años raudos, mi primer libro está cuasi listo para pasar a la fase de la editorial... Es una antología de los relatos que he ido colgando en el blog y que más me han gustado. Ahora mismo están pasando bajo el tamiz de mis correctores de estilo (por cierto, Pedro, hay una copia para ti calentita esperando aburrirte). Cuando lo revise tras sus sabias indicaciones daré el paso definitivo con el que llevo soñando demasiado tiempo sin materializarlo: publicar.

Permaneced atentos, caros amicos, ya que pronto habrá más novedades al respecto... Aunque leerse un libro entero mío (aún en el caso de ser más bien cortito) puede provocar daños irreparables en el cerebro, convirtiéndoos en futuras y futuros savants incapacitados para cualquier tipo de comportamiento socialmente admitido...

Teke-lili, teke-lili (Lovecraft dixit)

Best regards,
Cayetano Gea Martín

PD: La tardanza que se produzca en este asunto de ahora en adelante responderá a muchos factores, siendo el principal y conductor de todos los demás el hecho de que la mochila donde guardé las copias impresas me ha sido sustraída vilmente en mi puesto de trabajo. Yo sabía que el BBVA es un nido de ladrones, pero no hasta este punto... >:( ¡Bastardos!

Kay

jueves, febrero 07, 2008

Eduardo y yo

Con placer, con el inmenso placer ya conocido, como el más cómodo de los pijamas, termino hoy de releer La verdad sobre el caso Savolta, de mi admirado Eduardo Mendoza. Y como siempre, su estilo depurado y su prosa rápida me han vuelto a cautivar. Es curioso, no me acordaba de lo muchísimo que admiro al barcelonés. Claro que, también, si tuviera que retener en mi memoria inmediata a todos los escritores que me gustan, probablemente me explotaría el córtex frontal.
En el caso de Mendoza, lo que más admiro de él es esa facilidad natural narrativa que posee, esas frases que parecen que estaban ahí ya, a la espera de que él las reclamara como suyas.

También me fascina su sentido del humor, incluso en la novelas más serias, tales como la referida o La ciudad de los prodigios; ese humorismo innato que destilan sus personajes, de engolados diálogos, o las descripciones del entorno en el que se desenvuelven, sobre todo en Barcelona, en esa Barna eterna, hermosa y fea, humana y fría, amigable y terrible, a lo largo y ancho del siglo XX, con su colección infinita de personajes esperpénticos.

Eduardo Mendoza ha sido, y es, un autor muy importante en mi vida literaria. No puedo evitar leerlo y verme contagiado por su prosa cuando intento, acto seguido, escribir. El estilo me surge totalmente mendociano, con esa verborrea prosáica algo pasada de moda con la que se suelen desenvolver sus personajes… Como me está sucediendo ahora mismo, claro.


Cayetano Gea Martín

lunes, febrero 04, 2008

Sueño a veces.

1.
Sueño a veces,
O imagino
Qué más da,
Que escucho una palabra tuya.
La palabra
Crea un universo,
Nuevo y único,
Morada inédita de nuestras almas.
La palabra,
Apenas pronunciada,
Me arranca
Me desarraiga
Me expulsa
Me destierra
Del universo que se ve,
Se palpa y se huele
Y me conduce, presuroso,
Al mundo único
Del único sonido de tu palabra pronunciada.

2.
Te veo en el sueño,
O en la imaginación,
Qué más da,
Tomándome de la mano
Arrastrándome como torrente
Vida abajo,
Prolongándonos -juntos-
Días y años,
Conduciéndome tu sonrisa
A la luz final,
Que es sueño o tal vez imaginación
Qué más da,
Pues es tu pérdida completa,
Mi descanso, por fin, de tu búsqueda.

martes, enero 29, 2008

Hay

Hay un lamento de rosas fugaces
Cuando tus pasos crean el sendero
Tu camino se bifurca en dos haces
Uno va al mar, el otro rumbo al Leteo
¿Cuál eliges tú, Perséfone triste?
¿Hacia dónde tus pies de hielo
Se encaminan, pisando hojas grises,
Hacia la senda del mar al cielo
Hay un universo que fallece
Al dejarlo, agónico, en la estacada
Al matarlo con tu fugaz partida
Pero hay uno nuevo que florece
Cálido arrullo de fin de semana
Cuando te instalas, de nuevo, en vida
Cayetano Gea Martín

viernes, enero 25, 2008

El increíble pero no por ello menos verídico caso del hombre que podía ver a través de las paredes


El señor Antonio González-Veronia, natural de Alcalá de Henares, representa un caso único en lo que a curiosidades biológicas se refiere, al ser el único hombre conocido que posee visión de rayos-X.
Todo comenzó cuando, paseando por su hermosa localidad natal, reparó en que la gente que le rodeaba iba completamente desnuda. Siendo de natural moderno y adelantado a su tiempo, supuso que la moda del urbanudismo que empezaba a campear por Europa había llegado ya a tierras iberas. Pero le escamó el hecho de que tal cosa sucediera en pleno mes de febrero y que la gente ignorase tan alegremente los rigores invernales. Hombre práctico y de ideas empíricas, Don Antonio le preguntó a una hermosa joven que bajaba la Calle De Los Libreros como Dios la trajo al mundo si, efectivamente, iba de tal guisa. El señor González-Veronia supuso, por el tremendo puñetazo que la chica descargó sobre su mandíbula, que, quizá, el problema residía en él. Para confirmar del todo su axioma, procedió a la entrevista y posterior somanta de otros cuatro ciudadanos elegidos al azar. Teniendo pues, cinco resultados idénticos (aunque de diferentes cuantías), dióse por satisfecho.

Con premura, y algo asustado ante su intrigante descubrimiento, encaminó sus pasos hacia la consulta del Doctor Luciano Artudes Corola, siendo el susodicho facultativo, pues, la primera persona en observar y estudiar tan curioso caso. Era Don Luciano el médico general de la familia González-Veronia, y contaba, pues, con toda la confianza de Don Antonio, confianza que él aprovechaba para vender inútiles panaceas a precios abusivos, práctica que le llevaba reportando en los últimos treinta años pingues beneficios.

El Doctor Artudes sacó en claro que lo que Don Antonio sufría era de un agudo (y sorprendente) caso de visión de rayos-X. Con argucias, consiguió convencer a su paciente de que no divulgara su secreto, y que fuera él y nadie más que él quien estudiase el fenómeno en cuestion, quizá con ensoñadoras miras científicas que le dieran el renombre que buscaba desesperadamente desde hace años y que, envuelto en su rutina diaria de eliminar juanetes y pinchar nalgas, se le antojaba como un sueño imposible.

De súbito, la vida y la rutina del señor González-Veronia cambió radicalmente. Tuvo que abandonar su vida contemplativa para comenzar a acudir frecuentemente a la consulta del Doctor Artudes. Allí, era sometido a una batería de pruebas que le iban poco a poco debilitando la salud, dejándole en el estado lamentable que, desafortunadamente, posee a día de hoy.

Ayer fue el primer día que el desafortunado Don Antonio vino a verme, casi solicitando auxilio de mi parte. Yo soy, por si alguien aún no lo ha adivinado, el Presidente del Gobierno. Y aunque las malas lenguas intenten emponzoñar mi gestión con habladurías y mentiras (vertidas, que duda cabe por el badulaque de Don Julio Cerezo desde la oposición marxista), yo siempre he sido un hombre apegado a las necesidades del pueblo. Me preocupo por mis vasallos uno a uno. Por ello, no pude negarme a la petición de ayuda del Señor González-Veronia. ¡Qué desesperado tenía que estar para acudir al Gobierno!

Esta mañana he estado hablando con él, de su problema y de cómo tratarlo. Mi médico personal, el Doctor Prutáñez, se encargará personalmente del caso, intento aunar, como su juramento le obliga, la curación con el bienestar del paciente. Al fin y al cabo, Don Antonio aún tiene toda una vida por delante y no es óbice que sufra una merma en su calidad de vida. A sus ochenta y cinco años recién cumplidos, creo que he dejado bien claro lo mucho que me importan nuestros mayores, y que esta Administración se preocupa por ellos y venera su inteligencia y sabiduría, como los pilares vivientes de la memoria que son.

Mañana por la mañana, si no se rompe la noche, como cantaba él, el más grande de los cantantes de nuestro tiempo, el señor González-Veronia comparecerá ante los medios de comunicación para explicar su extraño caso y cómo este nuestro Gobierno, al que muchos (y entre ellos, el infame Don Julio Cerezo), han acusado de inmovilista y retrógrado, está preparado para afrontar cualquier problema que aqueje al hombre moderno.
Cayetano Gea Martín

miércoles, enero 23, 2008

Crack the riddle


So you want to be rich
You want to win fame
Your face on a poster
Immortal your name
So you want to put life
On the highest top level.
Then bet your soul and turn the wheel...
It's gambling with the devil

lunes, enero 21, 2008

Tiempo fugaz

Los días van saltando de uno a otro; como debe ser, por otra parte, pero lo hacen como una reacción en cadena, cada vez más deprisa, más y más. El tiempo se acelera, la vida se me escapa y pienso que me queda apenas un año para cumplir tres décadas en este mundo. “Vaya mierda”, diréis algunos y algunas que hayan superado ya esa cantidad, o “¿De qué te quejas, niñato?”, pero no es que me importe cumplir años, es que no me he enterado de ello. ¡Si ayer era un crío que terminó COU! ¿Cómo ha habido tiempo en estos doce años de que pasaran doce años?

La vida, con su movimiento constante, ha perdido algo de brillo ante mis ojos. Ya no me maravillo como antes, y me cuesta más disfrutar de ciertas cosas o estímulos. Ya no son recientes ni las han puesto ahí para mí. Por eso, cada vez tengo que viajar más lejos, leer cosas más raras; o bien dejarme llevar por la nostalgia de aquellos años (no diré que maravillosos) de infancia feliz al abrigo de Bola de Dragón y de pan con Nocilla los fines de semana.

Pero no me quejo demasiado, lo prometo. Lo que pasa es que veo mi vida como un espectador de la misma, y me llena de una pasividad tremenda. Uno se vuelve indiferente a tantas cosas… En parte lo prefiero así: ¡cómo sufría antes por todo! Pero esa frialdad a veces me repele. ¡Y eso que de adolescente soñaba con alcanzar este estado! Ahora ya no hace falta ir de indolente por la vida, ¡ahora se es pasota sin esfuerzo! Si antes, a alguien en mi presencia se le ocurría criticar algo que me gustara, le caía encima una lluvia de reprobaciones. Pero ahora, ah, mirada de indiferencia y el pensar “¿Y para qué? No merece la pena”.

No sé, es curioso: me siento joven y no tanto al mismo tiempo. Aún disfruto con la vida y sigo con ganas de emocionarme, lo que pasa es que ya no con todo. También influirá el carácter supongo. Al fin y al cabo, me gusta básicamente lo mismo que hace diez años, pero ahora me dejo engañar mucho menos por cantos de sirena. Y mi escepticismo sigue en aumento.

Pero aún quedan cajas con sorpresa, que decía el bueno de Enrique, y no quiero despistarme y que se me escape alguna.

En resumen, que entre libros y amor van pasando mis días. Y eso no está tan mal, ¿no?


Cayetano Gea Martín