miércoles, junio 25, 2008

499


Muy buenos días (tardes) niñas y niños…

Hoy colgamos en este vuestro blog la entrada número cuatrocientos noventa y nueve. ¡Zarabandas y algarabías!

Para celebrar tan magno evento (es decir, la inminente entrada quinientos), tiraremos el blog por la ventana y lo celebraremos por todo lo alto. Bueno, quizá no tanto, pero un par de cosas muy especiales sí que habrá, las cuales me propongo a explicar a continuación:

- La entrada nº 500 será algo totalmente distinto que requerirá de vuestros comentarios para que continúe la historia hacia unos u otros derroteros (incluso se podrá elegir quién va a continuar la trama, si Pedro o yo). Bueno, ya nos ocuparemos de esto cuando llegue… Que será lo que tarde en escribir la entrada, claro…

- El domingo día 6 de julio celebraremos en la cafetería-librería inglesa J&J una mini-fiesta para todos aquellos que quieran venir, aprovechando que ese día trabajo yo de camero allí. Os dejos los datos del evento:

Día: Domingo 6 de julio a partir de las 18:00.
Lugar: J&J Books and Coffee. C/Espíritu Santo, 47 (Metro Noviciado) Abajo del todo os dejo un hermoso planito...

Y poco más que añadir… Tan sólo me resta decir que, tanto el señor Garrido Vega como yo, estamos muy agradecidos a todos y cada uno de vosotros y vosotras que alguna vez habéis dejado vuestra huella aquí.

¡Gracias por todo y esperamos veros el domingo 6 (a los y las que viváis por Madrid, claro)!

(Pinchad sobre el planito para que se pueda ver algo medianamente decente)

Cayetano Gea Martín

Pedro Garrido Vega

lunes, junio 16, 2008

En la selva, la imponente selva


Los dos amigos se pararon a la vez, sin creerse ni por un desquiciado segundo lo que tenían ante sus ojos. Donde antes estaba su barrio ahora florecía una jungla tropical. Por doquier, enormes árboles extendían sus ramas plagadas de simios hacia el nublado cielo londinense. Un cerdo salvaje hozaba cerca de los pies de los dos atónitos vecinos.

El primero en reaccionar fue Mike, el mayor de los dos y el más dotado de flema británica. -Caramba, -comentó en voz alta, -creo que hoy no encontraremos abierto ningún pub donde poder ver el partido, Pete.

El nombrado aún permanecía en estado catatónico, por lo que apenas pudo balbucir algunas palabras inconexas. Simplemente, permanecía con los ojos como platos contemplando la imponente selva y sin poder ver ni rastro de los edificios o de las calles. Cierta cancioncilla se filtraba a través de su cerebro…

In the jungle, the mighty jungle, the lion sleeps tonight…

-Bueno, -suspiró Mike, -supongo que deberíamos intentar localizar nuestras casas, o lo que sea que se alce en su lugar, ¿no te parece?

Pete consiguió, al fin, hablar, y le respondió a su amigo: -No sé si es una buena idea, Mike. Creo que deberíamos volver al centro.

-¿Al centro? ¿Para qué?

-No sé, a lo mejor allí alguien sabe qué está pasando. Quizá en este momento estén dando por televisión algún tipo de reportaje sobre lo sucedido.

-Vamos, vamos, Pete. Sabes tan bien como yo que las cadenas de televisión tienen ya suficientes noticias con el fútbol, la familia real y la inmigración.

Mike comenzó a adentrarse en la jungla antes de que su amigo pudiera replicarle. A regañadientes, Pete le siguió.

A los diez minutos habían llegado a donde, en teoría, debería comenzar su calle. Allí no había ningún rastro visible de civilización. Solamente árboles y más árboles que formaban un impenetrable muro verde. Algo rugió. Algo que le sonaba a Pete muy grande y muy cercano. La condenada canción no se le quitaba le la cabeza…

Near the village, the peaceful village, the lion sleeps tonight…

-Hum, -murmuró Mike, -esto es bastante inusual.

-¿No has oído nada? -Dijo Pete en asustado tono a su amigo.

-Sí. Debe ser ese perro de la vecina. Alguien debería decirle a esa vieja cacatúa que educase mejor a su maldito chucho.

-¿De qué demonios hablas?, -respondió Pete al borde de la histeria, -¿No te das cuenta de que es el rugido de un león?

-Eso es totalmente imposible, amigo mío. Por dos razones categóricas: no hay leones ni en Inglaterra ni en las selvas.

-¡Me da igual!, -chillo su compañero, -¡Me da igual! ¡Joder, Mike, hay un puto león ahí fuera!

-Ya te he dicho que eso es impos…

El león que surgió atravesando la floresta cortó su perorata. Los dos amigos se quedaron paralizados, aunque Mike fue capaz de decir: -¡Vaya, esto es realmente…

Nuevamente no pudo terminar la frase, aunque esta vez fue porque el león corrió hacia él y clavó las fauces abiertas en su desprotegido cuello. Mike intentó zafarse de su cazador, pero sus fuerzas mermaban a increíble velocidad. En apenas diez segundos dejó de patalear y expiró.

El león soltó a su presa, y clavando sus ojos felinos en el cuello del inmóvil Pete, fue acercándose poco a poco hacia él.

Antes de morir, le pareció que la bestia, con la boca y el hocico embadurnados de sangre, tarareaba para sí otra estrofa de la canción…

Hush, my darling, don't fear, my darling, the lion sleeps tonight…
Cayetano Gea Martín

martes, junio 10, 2008

Basado en hechos reales (me temo)

- ¿Ánde dices quemos quedao?
- En la INN, como siempre, ¿ande coño quiés que vayamos, si no?
- ¡Siiiií! Amos a la INN. ¡Qué putas ganas tengo de bailar, joder!
- Buah, y yo mazo, ¿qué te crees?
- Está que te cagas.
- Mazo.
- Has cambiaoooo mi viiida corasoooón…
- ¡Vamos a la INN, coño!
- Ej que mira que está guapa, chaval. A ver si vemos al tío aquel…
- Ja, si ej que eres una zorra, tronca.
- ¡Mira quién habla! ¡La que no se lía con tós loj que ve, no te jode!
- Eres una peazo de puta, ¿sabes?
- ¡A ver a quién llamas tú puta, cacho guarra!
- ¡Anda, cómemel coño!
- ¡Zorra!
- ¡Puta!
- Paso de ti. Quinsoportaaable es el dolooor que me desgaaarra el corasooón…
- Dale, dale… ¡A la INN!
- Bueno, va, ¿pero has quedao con alguien o no?
- Que sí, joder. He quedado con la Loli, la Marta y la Pili.
- Buah, qué mal me cae la Pili. Le va diciendo a todol mundo que yo me lié con el Carlos, tronca.
- ¡No jodas!
- Ya ves.
- Qué fuerte.
- Mazo.
- Bah, pasa de ella, questá loca.
- ¡Ja, ja, ja! Sí, como una puta cabra está la muy cabrona!
- Qué fuerte, tía.
- Mazo.
- Yo la i invitado porque me lo ha pedío la Loli, si no de qué.
- Nosajodío.
- Ej que se ve que la Pili la invitó a su cumple y claro… Ahora stá obligá a sacarla de paseo.
- Pos como me toque mucho los cojones la pego dos ostias, que me tiene hasta los güevos la muy gilipollas.
- Nah, tranqui. Si es una sopas. Se toma dos cubatas y se queda sobando en el sofá.
- No vale paná.
- Macuerdo yo en la fiesta del Jorge, que stabamos tos de puta madre y va la tía y se queda sobá en el suelo.
- No jodas. Menuda pringá.
- Ya te digo.
- Mazo.
- Ya ves.
- Buah, pos yo me puse hasta el culo. Me bebí dos botellas de Yak Daniels pa mi sola.
- ¡Jo, eres una puta borracha!
- ¡Mira quién habla aquí!
- Yo no bebo tanto, tía.
- ¡Bah que no! ¡Estabas mazo de pedo el finde pasao!
- Eso fue por el cabrón del Miguelito, que mechó una pasti en el vaso. Quijo puta…
- Pos espero que venga hoy y se pase algo…
- Qué va, es mazo de raro.
- Ya te digo.
- Pero mazo.
- Tú me camelaaas…
- Deja de cantar, zorra, mira cómo te mira la puta vieja esa…
- ¿Quién coño?
- Sí, joder, la vieja esa…
- ¡Tú, puta vieja! ¿Qué cojones estás mirando? ¡A ver si voy a tener que partirte los morros, puta!
- ¡Ja, ja, ja!
- ¡Ja, ja, ja!
- No te jode, la vieja. ¡Ojala se muera de una vez! ¡Mal fin tenga!
- ¡Ja, ja, ja!
- ¡Ja, ja, ja!
- Joder, ¡ja, ja, ja!
- Aaa vuetto a llamaaarmeeee y nosé caceeeer…
- Esa canción mola mazo, ¿es del último, no?
- Sí, está que te cagas…
- Mola mazo.
- Ya te digo.
- Es la caña.
- Ya ves.
- Mola.
- Mazo.

Cayetano Gea Martín

miércoles, junio 04, 2008

Jesusito de mi vida


Jesús, Cristo o Jesucristo, como se prefiera, resucitó hace una semana en la Plaza de Olavide. Lo primero que hizo fue renovar su vestuario con la ropa más moderna que pudo encontrar en las tiendas de la calle Fuencarral. Más tarde, en una peluquería étnica trenzaron sus guedejas en hermosísimas rastas. Comió en un restaurante muy cool por Virgen de los Peligros, se compró el último disco House y cambió su corona de espinas por un Aston Martin.


Ese mismo día, al anochecer, salió con un spray a tachar todas las infinitas representaciones suyas que había por Madrid. Por la mañana, y a pesar de su divino poder, se encontraba exhausto. Se preguntó si Buda tuvo que luchar tanto también cuando decidió lavar su imagen.


Cayetano Gea Martín

lunes, junio 02, 2008

Efemérides

Hoy he cumplido veintinueve años ya… madre mía qué rápido se me está pasando esto que se llama vida. Menos mal que mi careto sigue siendo el mismo y que, básicamente, me sigue gustando lo mismo que hace nueve años. Amén de la consabida partida de regalos, claro está. Aunque, por una vez, quiero ser yo el que regale en mi cumpleaños. Ahí os va la lista. Sólo vale escoger uno y en función de la edad:


Señales de humo para los bebés de inocencia a flor de piel rosada.

Ecos de vida para los niños que aún tienen estrellas en el pelo ensortijado.

Sueños prófugos para los adolescentes adormecidos en sus masturbaciones.

Besos fraternales para los jóvenes que alzan sus puños y desafían a los gigantes.

Saludos cordiales para los de la edad perfecta que siguen sin encerrar bajo siete llaves a Peter Pan.

Enjambres de vino tinto para los maduros que han visto naves ardiendo más allá de Orión.

Miríadas de libros para los que frisan la edad de mis padres envueltos en los restos del muro de Berlín.

Píldoras de eternidad para los veteranos de las guerras del alma.

Besos y abrazos para todas y todos.


Cayetano Gea Martín (soplando 29 velas)

sábado, mayo 31, 2008

Elogio a los libros sin trama.

La trama, defendida por los escritores anglosajones del XIX (y por muchos del XX), nunca ha sido algo que haya buscado premeditadamente en mis lecturas. Tanto es así que creo que más bien me he alejado de ella para buscar nuevos motivos y estilos en la literatura. Y posiblemente son los libros sin trama algunos de los que más he disfrutado: La vida, instrucciones de uso, de Perec, Rayuela, de Cortázar, Impresiones de África, de Roussel, algunos de los libros de Pavic, algunos de los de Bolaño, alguno de Vila-Matas, la mayoría de Fresán o el único de Alberto Ávila Salazar.
Por fin, este pasado fin de semana he encontrado un argumento interesante en contra de la trama en las novelas que, por supuesto, no es mío sino del genial Kurt Vonnegut y del que se hace eco Vila-Matas en un artículo en El País. Decía Vonnegut que las tramas eran en realidad sólo unas cuantas y no era necesario darles demasiada importancia, bastaba con incorporar – casi al azar- una cualquiera de ellas al libro que estuviéramos escribiendo y de esta forma disponer de más tiempo para la forja de lo que realmente habría de importarnos: el estilo. ¿Y cuáles eran esas tramas? Vonnegut se las sabía de memoria, tenía una lista muy perecquiana: "Alguien se mete en un lío y luego se sale de él; alguien pierde algo y lo recupera; alguien es víctima de una injusticia y se venga; el caso conmovedor de Cenicienta; alguien empieza a ir cuesta abajo y así continúa; dos se enamoran, y mucha otra gente se entromete; una persona virtuosa es acusada falsamente de haber pecado o de haber cometido un crimen; una persona se enfrenta a un desafío con valentía, y tiene éxito o fracasa; alguien inicia una investigación para conocer la verdad de un asunto...".

Seguiré creyendo pues que es posible una historia sin trama, que las tramas ya se desarrollan en la vida real y que lo que yo quiero es arte, una forma nueva de contar historias.

miércoles, mayo 28, 2008

¿Sin sentido?



Sin sentido parece todo a veces… O quizá si lo tenga. Juzguen ustedes mismos…

Todo comenzó cuando la nueva señora de la limpieza llegó a mi casa. Era una chica rumana, bastante atractiva, que venía con recomendación. También desempeñaba su trabajo en la casa de un amigo mío y, según él, lo hacía de manera más que eficiente. Aún pienso si mi amigo me gastó una broma de mal y extraño gusto.
Nada más llegó a mi casa, comencé a explicarle cómo quería que se hicieran las cosas, pero ella, tajante, me cortó. Me dijo que no tenía yo por qué decirle cómo hacer su trabajo. Es más, me advirtió que sus métodos de limpieza no eran demasiados convencionales, pero que el resultado era siempre sobresaliente. “Bueno, por probar no se pierde nada”, pensé yo, así que me fui a trabajar diciéndola que lo dejaba todo en sus manos.

Por la noche, al término de la jornada, me encontré con el apartamento reluciente como jamás lo había visto antes. Todo estaba limpio. Absolutamente todo. En vano traté de buscar algún rincón sucio. Nada. Las cortinas, las ventanas, el suelo, la terraza… Hasta me atrevería decir que el techo había sido limpiado concienzudamente. Me fui a dormir maravillado, en una casa que casi no reconocía.

A la mañana siguiente, ella volvió. Le pagué el doble de lo estipulado, lo que rechazó. -No lo hago por dinero,- me dijo, -es que no soporto la suciedad.

Durante un mes duró aquel milagro. Ella venía tres veces en semana y la casa parecía brillar cada vez más. Incluso planchaba toda la ropa, hacía comidas y ordenaba escrupulosamente bien mis papeles. Aquello no tenía sentido. Era imposible que le diera tiempo a todo en apenas cuatro horas. Así que decidí espiarla al día siguiente. Mala decisión.

Me despedí de ella y salí de casa, pero volví a entrar por el garaje. Pensé que si me descubría le diría que me había olvidado de algo. Lo primero que me abordó al subir las escaleras fue un ruido infernal, incomprensiblemente alto. Pero nada comparado con la escena que, en breves instantes, mis ojos devorarían sin poder evitarlo.

Entré en la cocina con sumo cuidado y me di de bruces con un enano calvo que fumaba un puro más grande que él mientras se afanaba limpiando la vitrocerámica. Sus manos se movían tan rápido que no se veían. Amplié un poco mi radio de visión y pude constatar que no era sólo uno, si no cientos o miles los que hollaban mi casa, y cada uno de ellos entregado con absoluta devoción y a velocidad de vértigo a una tarea doméstica concreta. No daba crédito a lo que veía. El humo de sus puros formaba volutas multicolor de dulce aroma que se desparramaban por toda la casa. Pude observar, casi desmayado de la impresionante escena, que dicha humareda se desplazaba con voluntad propia, lamía las paredes y las dejaba impolutas. Entraba por mis pulmones y perfumaba mi aliento con esencia de caléndulas. Me desplomé en el suelo y me desvanecí, no sin antes ver por el rabillo del ojo cómo ella, totalmente desnuda, invocaba más y más duendes con la punta de sus dedos. Sus uñas expelían el humo y éste se condensaba hasta adquirir la forma de los innumerables enanos.

Me desperté en un hospital cualquiera, bajo la atenta mirada de mi madre. El médico vino y la acompañó hasta la puerta. A solas me hizo saber que no sólo gozaba de buena salud, si no que tenía la constitución de un atleta profesional. -Su corazón,- me dijo, -es el más sano que jamás he visto en mis treinta años de profesión. Pero lo que más me sorprende es cómo diablos se explica el hecho de que no tenga usted ni el más leve rastro de microorganismos perniciosos en su cuerpo.


Cayetano Gea Martín

lunes, mayo 26, 2008

Sing of the times



Un enjambre carmesí de copas de vino
Corre por mi joven sangre de buey.
A sign of the times, you know?

Los placeres propios de un rey.
Creo en la sabiduría del exceso,
As held the immortal Mr. Blake.

¿Qué es más mortal que un beso?
¿Qué es mejor que el placer carnal?
I lustily adore the useless face-off!

Odio la calma y amo el carnaval
Que crece a orillas del bosque,
But I don’t wanna feel like an animal.

Pero hay veces en que el orbe
Me obliga, triste, a medrar hoy,
Like a flourish and unborn spring.

Pero estos caminos por los que voy,
Y que a veces parecen no tener fin,
Lead me to an inglorious coy!



Cayetano Gea Martín


miércoles, mayo 21, 2008

Reflexión (no propia)

¡Buenas tardes para todas y todos!

Hoy, releyendo el libro de Juan Eslava Galán, Historia de España contada para escépticos, me encontrado una reflexión sobre la conquista de América que me gustaría compartir con vuesas mercedes, para que me digáis si estáis de acuerdo o no. Ela aquí:

“Todavía existen historiadores que se preguntan si fue positiva o perniciosa la labor de España en América. Antes de entonar meas culpas que nadie ha pedido hay que considerar que no se puede juzgar con criterios modernos el comportamiento de unos hombres de mentalidad y principios muy distintos a los nuestros. Ni podemos medir con el mismo rasero a los españoles del siglo XVI y a los colonos ingleses del siglo XIX que exterminaron sistemáticamente al indio americano, al piel roja, al de las películas de John Wayne. La diferencia estriba quizá en la mentalidad racista de los anglosajones frente a la meramente mercantilista de los latinos. Los latinos del siglo XVI, nosotros, eran unos fanáticos ignorantes que todo lo cifraban en el derecho de conquista del guerrero valeroso, que gana honor y hacienda con las armas. Los anglosajones del siglo XIX eran hombres cultos, que habían pasado por el tamiz humanizador de la Ilustración y que se limitaban a transplantar su cultura a los nuevos territorios, anulando por completo al indígena. Españoles y portugueses produjeron de inmediato un mestizaje y una nueva comunidad cultural en el solar de las culturas indias. Los anglosajones han tardado más de dos siglos en comenzar tímidamente a producirlo, aunque, agotado por exterminio el filón indio, sólo les queda el negro para experimentar con él la bondad de sus sentimientos”.
Cayetano Gea Martín

martes, mayo 20, 2008

La conforman (impía)


La gritona rubia teñida de agua nieve,
El niño cubano que juega con el balón,
Los viejos con palomas en el balcón,
Las estudiantes que aún no son mujeres.

El cansado pakistaní del top-manta,
Las Penélopes que no encuentras a Ulises,
Las estatuas de pedestales grises,
Marroquíes, orientales, carpantas.

Los borrachos que insultan al aire,
Los guiris que a su patria no retornan,
El oso extinto en su madroño.

Budistas, zahoríes, monjas y frailes;
Todos y más mi ciudad conforman.
Y en mi rostro comienza a llegar el otoño.



Cayetano Gea Martín

miércoles, mayo 14, 2008

Pedro y Laertes

Pedro desandaba el camino hacia su humilde casa de pueblo cuando, de súbito, el sátiro apareció en medio de la polvorienta senda. La criatura se encontraba en un estado deplorable, pudo constatar Pedro, iba haciendo eses y bebía cada cinco segundos de un cuerno lleno de vino que a cada sorbo se rellenaba mágicamente de nuevo. Además, las peludas patas de cabra deberían constituir un problema añadido a su ebriedad más que evidente.

-Buenos días, noble señor. -Abordó el aparecido fauno a un sorprendido Pedro. -Disculpe que interrumpa su noble andar por unos instantes, pero creo que usted podría serme de gran ayuda en cierta cuestión. Ante todo, educación, por Circe. Me llamo Laertes y soy algo así como un vecino suyo. Vivo en el bosque que rodea su hermosa aldea, en lo más alto de la copa del más alto de los árboles, jo, jo…

El sátiro llamado Laertes comenzó a cantar y a danzar. Pedro no sabía a ciencia cierta qué pensar de todo el asunto. Cierto era que conocía la existencia de tales criaturas, pero jamás en sus cuarenta años de vida se había topado con uno en persona. Y menos con uno borracho o que llevara colgando del cuello un extravagante trozo de tela.

Al final, se atrevió a decir: -Disculpe, em, señor.

-Dígame usted. Laertes para servirle a usted y a toda su reverenciada familia. -Respondió éste, aunque en su melopea sonó algo así como “Diggamusté. Lairtes pasevil-le a usté ya toa su revirinciá famla”.

-¿En qué puedo ayudarle? -Se ofreció Pedro.
-¡Oh, sí, discúlpeme usted! -Respondió Laertes. -Con tanto bailoteo se me había olvidado. Siempre me pasa lo mismo, hay que ver. Bueno, sólo quiero que me conteste, si es tan amable, a una sencilla pregunta. Una bobada, en realidad, una nadería, una mera fruslería, etc., etc.
-Si está en mi mano…
-Yo diría que sí, buen ciudadano. La pregunta preguntita preguntera es… ¡Tachán! ¿Cree usted en la magia? ¡No conteste ahora! ¡Después de la pausa publicitaria! Que no, que es broma, adelante, adelante.
-Bueno, no sé que responderle… Me gustaría creer que sí.
-¿Qué tipo de respuesta es esa? ¿Acaso es usted gallego, señor mío? Y en caso de que lo sea, no tendrá un poco de Alvariño, ¿verdad? Vamos, hombre, conteste bien…
-Bueno… sí, creo en ella.
-¡Así me gusta! ¡Con seguridad y aplomo! Y ahora digo yo, ¿y en los Bonos del Estado? ¿Cree usted también en ellos? Le advierto que es la mejor inversión que puede hacerse hoy en día…
-Disculpe, ¿los qué?
-¡Los Bonos! Los Bonos del Estado, ya sabe…
-No.
-¿No sabe lo que son?
-No.
-¿Está usted seguro?
-Sí.
-Vaya, qué curioso… Discúlpeme una pregunta tonta más… ¿En qué año estamos?
-En el año de Nuestro Señor 1759.
-Mmm… Ya veo… Creo que se me ha ido la mano y he girado más veces de las que debía sobre mi propio eje… Curioso, curioso…
-No entiendo nada de lo que está usted diciendo, perdóneme.
-Al contrario, mi querido señor, discúlpeme usted a mí. Bueno, pues creo que tengo que irme, ya que no creo que vaya a sacar nada en claro en esta época.
-Sigo sin entenderle, lo siento.
-No importa. En fin… Me voy a ir despidiendo de usted, mi estimado señor y sin embargo amigo. Espero que su vida le vaya todo lo bien que se merece… Aunque vigile su próstata y procure orinar después de cada coito.
-Eeh, gracias… creo.
-Adiós, señor mío, un placer.
-Adiós, adiós.
-Hasta la vista… See ya around!
E internándose de nuevo en el bosque, Laertes desapareció. Pedro, sacudiendo la cabeza, incrédulo ante lo que había pasado, decidió emprender su marcha. Al llegar a su hogar, los recuerdos del encuentro con el sátiro se fueron haciendo cada vez más difusos. Al día siguiente, solamente recordaba haber tenido un sueño muy peculiar la noche anterior.

Cayetano Gea Martín


viernes, mayo 09, 2008

Nocturno sin cuerda (o decálogo para pasar una mala noche)



I. Me dan miedo las noches, sobre todo por ese color azul oscuro que dibujan las luces circulares que se cuelan a través de los orificios de las persianas de mi cuarto y cuyo haz observo golpear con fotónica saña mis innumerables libros.

II. La colcha es un peso muerto sobre mis pies, un calor animal y asfixiante que me impide cualquier tipo de movimiento. Sé que una mera sacudida liberará del filo de mi cuerpo la carga, pero me asusta que se ensucie. Diatriba estúpida…

III. El techo oscuro se eleva hasta el infinito, en una suerte de precipicio al revés, y que me hace pensar si no tendré mis sentidos confusos y estaré realmente atado a esta prisión de tela y muelles, observando la supremacía de la nada boca abajo.

IV. Desde la calle suben, trepando como alimañas por las paredes, ecos disonantes y melodías desaforadas, conformando una suerte de murmullo constante y pernicioso, del color ámbar que poseen las diversiones nocturnas, y que chocan contra mi estado de duermevela.

V. Cierto matiz gaseoso lame mis fosas nasales, y me invade, una noche más, el miedo a que ese antediluviano mecanismo a base de butano estalle de súbito y no me de tiempo ni a ser consciente de que estoy muerto.

VI. Lo cual me recuerda el tremendo miedo que siento a morir, a no ser nada, a no poder ser consciente por el resto de la eternidad. El peso de la entropía es más poderoso que la propia existencia. ¿Cuántas noches más me quedarán?

VII. El cuerpo me pesa como una mortaja, como un sudario. El dolor que me atraviesa la espalda me impide, más que nada, conciliar el sueño. Es un látigo de azufre que corre libre a través de mi sufrida espina dorsal.

VIII. Cierro los ojos y contemplo las imágenes grotescas que se dibujan en la cara interna de mis párpados. ¿No resulta monstruoso que toda nuestra capacidad de dormir dependa de esas dos finísimas películas de carne?

IX. La habitación se estrecha aún más y me ahoga en su caparazón de yeso. La oigo respirar y siento su aliento a cal amarillenta sobre mi indefenso rostro. Pronto, muy pronto, las paredes frías lo rozarán y me volveré loco del todo.
X. Pero lo peor de todo, lo que más me angustia, no son los estímulos negativos nocturnos, si no el saber que, en esta absurda noche de miércoles, tú no duermes a mi lado. Hoy mi heroína no vendrá a ahuyentar a las bestias.


Cayetano Gea Martín

martes, abril 29, 2008

Rostros sin nombre



Rostros sin nombre que pobláis mis sueños y mis trayectos: ¿Qué secretos oscuros anidan en vuestros ojos vacíos?

Si dudase un instante en corromper vuestros devenires, ¿qué deseos, qué motivos no descubriría ni intentaría borrar de la faz de la tierra?

Algunos sois tan vulgares que me pregunto si poseéis algo más a parte de vuestras miradas bovinas. ¿Qué os obliga a violar mi silencio con vuestro rumor de caracolas?

Y cuando cae la noche sobre los incrédulos tejados de Madrid, ¿qué sueños estériles os brindan vuestros torpes cráneos?

Rostros sin nombre, ¡pobláis mis pesadillas!



Cayetano Gea Martín


jueves, abril 24, 2008

Caín



Una muerte al azar
Un torpe caminar
Un jirón verde

Un coche, un puente
Un diablo y su muerte
Una ciudad sin vivir

Una pena sin fin
Un hijo de Caín
Un poeta loco

Un amante esposo
Un perro sin ojos
Una noche de betún

Una madre en el bus
Un cuerno en Belcebú
Una muñeca rusa
Una muñeca rusa
Una muñeca rusa…



Cayetano Gea Martín


lunes, abril 21, 2008

Una frase larga e incoherente


Cae la noche, y las estrellas que brillan encima de mi cabeza no paran de repetir, cansinas, mi nombre, como si no hubiera nadie mejor a quien molestar, cojones: hoy no estoy para nadie y menos para los destellos del cosmos insondable, ignoto, abismal, primigenio y el resto de los adjetivos de escribidor sin habilidad que sea capaz de colocar para buscar el efecto deseado de impecabilidad barroca que tanto me gusta, conocedor de que mis artes son escasas y que debo tirar de argucias más o menos legales para alcanzar los corazones de las personas (las cuatro o cinco) que me leen y no vomitan del asco, y yo sigo sin saber el por qué, oiga usted, que nauseabundo suelo ser (y más si me empeño): un método fijo suele dar propósitos concretos, siempre cuando, claro está, decimos gracias, sepamos cuáles son, que no es el caso, ni siquiera la solución fácil de decir, eh, voy a escribir un poco sin revisar y procurando no poner ni un punto, todo cabe en una frase, o eso dicen los sabios.



Cayetano Gea Martín


jueves, abril 17, 2008

Tao



Sé justo y serás despreciado.
Sé poderoso y te lapidarán.
Sé inteligente y te humillarán.
Sé noble y serás calumniado.

Déjate llevar por la vida,
Fluye desde tu río
Abandona tuyo y mío,
¡Sin meta no hay caída!

There’s no place you can go!
En la noche eterna todo cabe:
Olvídate del ser o el haber.

Be one with the world,
Que maestro no es el que más sabe,
Si no al que menos le importa saber.


Cayetano Gea Martín


jueves, abril 10, 2008

Hell yeah!


Hey, sweehah!, how ya doin? Lemme brinin maself, do ya mind? My mum called me Cletus Andrew Ronald James Tom Buck Jack, for the seven handsome nerd-brothas who raped her fohty years ago. But ya can name me Cletus, if ya wannit, babe. Whar ya from? Flagstaff? Ya’re fuckin far away fhom home, sweetie. So ya are a johnalist and ya wanna do a report about red-necks, uh? Then ya comin to the betha place, honey cunt. Actually, I don’t like people fhom cities, neitha news-dudes, but for ya and your dazzling legs I wohd be able to do an exception.

Whattabouh me? Well, flaxen corn, Am a man without dreams. Yep, sounds wiihd, uh? Evehabody wanna dream, evehaone desires somethin oh someone. But I ain’t. Am a simple guy in a complex wohld and I don’t care a shit about it. Fuck them all! Am Amehcan, ya know? Why the fuck I need to wish anymoh? Thoughts are foh faggots, and Am a really man, sugah candy.

What else moh? If I have hobbees? Yeah, but not a fuckin lot, ya can bet. I like some good tunes, to chew tobacco and jerk off maself if I don’t have a chicken to handle. Oh, and I come when anyone try to trespass my proprieties and I shootin him. So relaxin, I tell ya!

But don’t thin oddities about me, uh? Am a pehfect normal fella, and so appeasing. I only wehe mad one time in all ma live with a fuckin crackpot nigga who wantit to sleep in ma granary without consent, so I put a bullet in is black ass, can ya beliv me?

Oh, I know what ya thinkin. Ya thin I suck, amaright, uh? Ya think am a huge piece of shit, a bludy dick, an asshole, a sheep-lova, yep? What canna say? Hell yeah, yar fuckin right! But ya know, it is not ma fault.

Am just a cliché!
Cayetano Gea Martín

lunes, abril 07, 2008

Amar es compartir...

...Y como yo es quiero tanto, me gustaría compartir con vuestras mercedes una sensación que sin lugar a dudas sabréis apreciar como se merece:

Vais andando por un pinar, cuando de repente, una procesionaria se descuelga desde el pino más cercano y desciende por vuestra nuca, entre el cuello y la camisa…







Cayetano Gea Martín

jueves, abril 03, 2008

Pasado Imperfecto


Y es cuando los versos se combinan tristes
Que empiezo a desandar sin rumbo fijo:
Soy árbol sin ramas, padre tierra sin hijos,
En el devenir agónico de noches imposibles.

Las imperfecciones pretéritas devoran
La carne indiferente de los perdedores,
Que mueren en camastros entre estertores,
Vomitando hilillos de alma a deshora.

¡Oh, pasado que contaminas el presente!
Frases ahogadas que destilan veneno,
Y que no quieren morir y flotan perdidas.

En el cáliz marchito de altares inertes
Aguarda el pasado en posos de etileno,
A consumir el ahora al compás de mi vida.



Cayetano Gea Martín


martes, abril 01, 2008

El dentista


Ayer le dije al dentista que hiciera el favor de no quitarme más piezas dentales de lo necesario, pero él, erre que erre: que si es una metáfora perfecta de la vida el cómo el azar o la animosidad de otros nos quita lo que más queremos, que si recuerde a Don Quijote sin dientes por los golpes recibidos como un símil de la existencia humana, que si en este valle de lágrimas debemos sentir nuestro propio dolor para poder ser libres de todo sufrimiento, etc.; mientras el tío seguía extrayéndome todos los dientes uno a uno con unas tenazas roñosas, con sus dos pies apoyados en mi pecho y tirando para atrás con todas sus fuerzas, cayéndose al suelo de golpe cada vez que me sacaba uno nuevo, siendo seguido en su trayectoria por el chorro de sangre que iba pegado cual estela a la raíz de la pieza recién sacada, empapada la bata y el rostro por mi hemoglobina, con sus dos ojos de loco de atar brillando mientras se alzaba y volvía a colocarse en la misma posición de palanca, seleccionaba una nueva víctima y comenzaba a hablar de nuevo, a justificar su sangrienta labor mediante palabras vacías, cuando la verdad es muy distinta: él, y muchos otros hijos de puta, no tienen más razón de existir que el joder a los demás por puro y sádico placer.


Cayetano Gea Martín