viernes, mayo 09, 2008

Nocturno sin cuerda (o decálogo para pasar una mala noche)



I. Me dan miedo las noches, sobre todo por ese color azul oscuro que dibujan las luces circulares que se cuelan a través de los orificios de las persianas de mi cuarto y cuyo haz observo golpear con fotónica saña mis innumerables libros.

II. La colcha es un peso muerto sobre mis pies, un calor animal y asfixiante que me impide cualquier tipo de movimiento. Sé que una mera sacudida liberará del filo de mi cuerpo la carga, pero me asusta que se ensucie. Diatriba estúpida…

III. El techo oscuro se eleva hasta el infinito, en una suerte de precipicio al revés, y que me hace pensar si no tendré mis sentidos confusos y estaré realmente atado a esta prisión de tela y muelles, observando la supremacía de la nada boca abajo.

IV. Desde la calle suben, trepando como alimañas por las paredes, ecos disonantes y melodías desaforadas, conformando una suerte de murmullo constante y pernicioso, del color ámbar que poseen las diversiones nocturnas, y que chocan contra mi estado de duermevela.

V. Cierto matiz gaseoso lame mis fosas nasales, y me invade, una noche más, el miedo a que ese antediluviano mecanismo a base de butano estalle de súbito y no me de tiempo ni a ser consciente de que estoy muerto.

VI. Lo cual me recuerda el tremendo miedo que siento a morir, a no ser nada, a no poder ser consciente por el resto de la eternidad. El peso de la entropía es más poderoso que la propia existencia. ¿Cuántas noches más me quedarán?

VII. El cuerpo me pesa como una mortaja, como un sudario. El dolor que me atraviesa la espalda me impide, más que nada, conciliar el sueño. Es un látigo de azufre que corre libre a través de mi sufrida espina dorsal.

VIII. Cierro los ojos y contemplo las imágenes grotescas que se dibujan en la cara interna de mis párpados. ¿No resulta monstruoso que toda nuestra capacidad de dormir dependa de esas dos finísimas películas de carne?

IX. La habitación se estrecha aún más y me ahoga en su caparazón de yeso. La oigo respirar y siento su aliento a cal amarillenta sobre mi indefenso rostro. Pronto, muy pronto, las paredes frías lo rozarán y me volveré loco del todo.
X. Pero lo peor de todo, lo que más me angustia, no son los estímulos negativos nocturnos, si no el saber que, en esta absurda noche de miércoles, tú no duermes a mi lado. Hoy mi heroína no vendrá a ahuyentar a las bestias.


Cayetano Gea Martín

6 comentarios:

Margot dijo...

A mí me dan miedo, a veces... la noche corrector despuntado de los días? Ays.

Claro, que contando con una heroína... así se puede!!

Besote en debe, ya queda menos!

Kay dijo...

Pues sí... Las noches se hacen más llevaderas... E interesantes, debo añadir :p

¿Así que tú me debías un correo, no? Pues a mandar pero ya, que tengo good news for ya

Isa S.B dijo...

¡Pues imagínate 'moi' que vivo boca abajo desde hace una temporadita! será por eso que no duermo bien, porque el techo se me ha ido al suelo y eso creo que no es nada bueno para el descanso.
Un abrazo y esperemos que vuelva tu heroína.

Kay dijo...

Pues sí, Isa, tienes el mundo al revés y tu realidad carece de sentido, parésceme a moi... Esperemos que recuperes el decúbito supino en breve...

Besos inclinados

xnem dijo...

Giger, Borges, la noche... cuanto bueno por aquí.

Kay dijo...

Xnem! Kiitos yvä! (muchas gracias)

Me has pillado con las referencias, jejeje...