martes, septiembre 05, 2006

Es que lo queremos todo.

Este señor que camina por la calle un tanto distraído e indiferente a lo que ocurre a su alrededor no es consciente de que cuenta con el beneplácito de la diosa fortuna para conseguir casi prácticamente todo lo que se plantee en la vida. De hecho, existían ínfimas posibilidades (incalculables, diría yo) de que apareciesen un universo y un planeta propicio para que se desarrollara en él la vida y, más aún, seres autonconscientes. Existía una posibilidad entre ciento cincuenta millones de que él naciese (tomando en cuenta que sólo podría ser engendrado por sus padres). Existía una entre aproximadamente doscientas cincuenta posibilidades de que naciese en el país en el que hoy vive. Existía una entre ciento cincuenta posibilidades de que estudiase la carrera que estudió. Existía una entre cincuenta posibilidades de que fuese escogido para un fabuloso trabajo. Existía una entre seis posibilidades de que fuese destinado a una pequeña población al norte de esa ciudad. Allí, había una entre dos mil posibilidades de que conociese a la mujer de su vida. Y existía una entre dos posibilidades de que ella aceptase su invitación a cenar, invitación que fue realizada en el mismo instante en el que la diosa fortuna volvió su cabeza hacia otro lado y se desentendió de este señor, que ahora camina por la calle pensando, qué desgraciado soy, qué mala suerte la mía.
Pedro Garrido Vega.

4 comentarios:

DaliaNegra dijo...

jajaja, eres bueno,sí señor :)))A partir de ahora veré mi vida con un prisma totalmente distinto,eso de las probabilidades es interesante ;)
Besos y aplausos, cazador nocturno.*

DaliaNegra dijo...

ah, se me acaba de ocurrir una probabilidad:había una entre dos de que la tía fuera chunga y convirtiera la vida del hombre en un infierno.Pero él no lo sabrá jamás,¿no?

Pedro Garrido Vega dijo...

me gusta esa observación porque fíjate, yo lo había mirado desde el punto de vista optimista y siempre, siempre se puede ser un poco más pesimista.

Anónimo dijo...

Es que siempre se puede se mas pesimista. Sin embargo,seguro de que si hubieran cenado sus expectativas no se hubieran cumplido. Sólo mucho más tarde se dará cuenta ,como todos nosotros,que sólo estarcon ella ,y comer con ella,y hablarle,valía la pena. Por lo tanto,yo sí lo veo triste. Podrías,con la magia de tu pluma,hacer desde la omnipotencia del que puede cambiar destinos,que ella acepte?Mariel