viernes, junio 16, 2006

El tesoro de los hombres

Lisandro, rey de los espartanos, yace sobre su lecho tras la gran victoria obtenida frente a Atenas en la guerra del Peloponeso. Cierra los ojos para abrirlos en el sueño. Se ve en el Olimpo, rodeado de Zeus, Atenea, Apolo o Heracles, a los que tantas libaciones había ofrecido durante su vida. Zeus, con voz atronadora, realiza el ofrecimiento:
-Lisandro, rey, hijo de reyes y hoy, rey de reyes, los dioses del Olimpo nos postramos ante ti y te ofrecemos formar parte de él y ser el dios de los dioses. Te ofrecemos la posibilidad de ser omnipotente, el conocimiento absoluto del pasado y el futuro, e incluso de los pasados y futuros que nunca serán, la conciencia de todas las posibles combinaciones de átomos del universo.
Lisandro se incorpora y replica:
-La omnipotencia y la suprema sapiencia son abominaciones que no deberían existir ni siquiera en el pensamiento. Agradezco, pero rechazo vuestro ofrecimiento. No deseo ser dios porque no soportaría la idea de no emocionarme al leer la Odisea por primera vez.
Termóclates de Tebas, (siglo IV adC)

2 comentarios:

Marga dijo...

Eco!!! si señor!! bien por Lisandro!

Saludosssssss, Kay!

Pedro Garrido Vega dijo...

¡Eh!, que siempre le atribuyes todo a Kay...que lo colgué yo.

Bueno, si te ha gustado me es igual a quién se lo atribuyas.

Gracias por leernos. Un saludo.