jueves, noviembre 29, 2007

8.El comercio.

No es cierto que el señor que viste un impoluto traje de Versace sea tan sólo consciente del deseo de muerte del tiempo, que no es deseo, como ya hemos dejado claro, aunque no deja de ser un acto homicida que el tiempo, con un simple frenazo en seco podría evitar. El gran Hom(br)icida arrastra a su alrededor a una bandada gigantesca de buitres que revolotean buscando cuerpos inertes con los que comerciar. Por eso cada vez que el hombre de los Martinelli de piel pasa junto a la funeraria que se encuentra de camino al trabajo (abierta las 24 horas del día, porque los vivos solemos tener la fea costumbre de no avisar cuándo nos vamos a convertir en muertos, salvo honrosas excepciones que deberían entrar en el paraíso por la puerta grande) se detiene unos instantes y una idea dicotómica se instala en su mente: ¿querrá realmente el dueño de la funeraria que yo muera? ¿o será tan sólo un deseo abstracto e indiferente? Y si estoy en lo cierto con esta segunda suposición, ¿qué es moralmente más reprobable, desear la muerte de un solo sujeto, desearle una muerte agónica, sincera y despiadada, o desear una muerte universal, absoluta, insensible y despersonalizada, dirigida a todos y a nadie en particular? Cada vez que se detiene junto a la funeraria echa un vistazo al interior y se repite la misma pregunta sin solución. Jamás se ha planteado la posibilidad de que el dueño de la funeraria no quiera que muera nadie, ¿cómo viviría entonces? Sin clientes no habría negocio, sin negocio no habría dinero, sin dinero no habría comida y sin comida no habría vida, por lo que otros finalmente se ocuparían de su cuerpo. Por suerte para el dueño de la funeraria la muerte es inevitable. Aunque todo depende de si el dueño de la funeraria se mira a sí mismo como dueño de la funeraria o como futuro cliente de la misma. Porque ¿será el dueño de la funeraria cliente de su propia empresa algún día o preferirá que se ocupen otros de él? El panadero habitualmente consume el pan que él mismo fabrica, del mismo modo que el carpintero suele diseñar las estanterías de su propia casa. Por tanto, ¿preparará el dueño de la funeraria su propia muerte? Ataúd de roble, dos coronas y lápida con epitafio conciso: Perdone señora que no me levante o Aquí yace XXX XXXXX quien a lo largo de su vida llegó, vio y fue siempre vencido tanto por los enemigos como por las naves enemigas o el inconmensurable Aquí yace XXX XXXXX, para él nada fue difícil, excepto el amor, ¡por eso amó tanto a las mujeres fáciles! ¿hará uso del cuarteto de cuerda?¿querrá que le envuelvan en bandera alguna?¿o tal vez le incinerarán? Una pequeña urna y vaciar las cenizas en las islas Mauricio donde se escapó con su mujer cuando aún un beso era un suceso conspicuo, un acto de atención activa y no el gesto banal y rutinario en el que se ha convertido. La mente del señor del traje Versace bulle de ideas y preguntas, muchas sin respuesta.
Cuando pasa junto a la funeraria mira hacia el interior. Hay un revuelo anormal. El hombre mira hacia el otro lado de la calle. Hay una ambulancia y un coche de policía. Mira de nuevo hacia el interior. El dueño de la funeraria yace sobre el suelo, inerte. Los servicios de urgencias salen despacio. No hay nada que hacer.
-Anda, que morirse en una funeraria.
-Al menos era su funeraria, la cosa queda en casa. Y los costes le van a salir gratis.
-Qué va. El hombre no quería un entierro organizado por su funeraria. Me ha dicho la mujer que él era donante de órganos y que lo que sobre, que lo estudie la ciencia.

5 comentarios:

CresceNet dijo...

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Margot dijo...

Pues sí, debe ser una paradoja algo complicada... jeje.

El otro día hablaba con un amigo de eso de donar mi cuerpo a la ciencia, el decía que el suyo lo piensa donar a la gastronomía... lo malo es que no sabemos si aun quedan antropófagos por ahí...

La muerte será una lástima pero tiene su aquél gracioso, de verdad, jeje.

Anónimo dijo...

Vaya ironia, morir en una funeraria.

pues yo siempre he pensado que lo que quede de mi cuerpo cuando la Muerte me visite y se quede, incinerar pero esa opcion de donar organos tb me gusta, si esq quede algo que donar.

Brainy dijo...

Yo ya he donado mi cerebro (así estoy). A aquel que quiera información a respecto puedo facilitársela.


margot: lo de donar el cuerpo a la gastronomía, tampoco es mala idea (aunque en cierto sentido los gusanos ya se pegan un bue festín.

Isa S.B dijo...

Habrá que preguntarse si el hombre vestido de Versace no será un criminal de mente (por auqello de que pensó en la muerte del dueño de la funeraria y ¡zas!el pobre la diñó.
Saludos y gracias por la sonrisa.