lunes, enero 26, 2009

Diario de un bufón

Lo primero que intenté fue ser más alto que mis padres, poder alzarme sobre sus hombros y mirar el mundo desde una mayor altura y perspectiva. Pronto aprendí que el estar más cerca del suelo no te hace más ciego, si no, a veces, todo lo contrario. Primera lección aún por aprender, me temo.

Después quise follarme a la luna, pero no era el único. En mi desesperación adolescente, que aún hoy recuerdo como un extraño amasijo de granos, bigotillo y semen pretérito, no comprendí que para la muy puta no solamente no era yo un amante más, si no que encima despreciaba mis cortos años y mi inexperiencia en el tema del amor. Hoy, pasadas casi dos décadas, sé que ella tenía razón, aunque me jodiera el tener que admitirlo. En homenaje suyo, me masturbo bajo la luz intensa de la luna llena.

Más tarde, cuando conseguí poseer cierto atisbo de seguridad en mí mismo, me colgué del brazo de la mujer más hermosa que recuerdan mis húmedos sueños. Pero destrozó mi corazón entre sus inexpertas manos, como un niño pequeño jugando con un gato recién nacido, cerrando así a mis espaldas algunas puertas que sé que jamás volverán a abrirse. Quizás.

Y llegaron los tres años perdidos, de musas incoherentes y de intenso aunque fútil descubrimiento sexual. Años de camaradería y de camarero, de cerrar el local y copular encima de la barra. Años huecos que intenté llenar a golpe de pelvis. Deseando algo más, deseando amor, sí, y una relación, sin conseguirlo. Yo creo, y si suena cursi, me la pela, en el poder curativo del amor, en su capacidad de perdonar y de hacerme mejor persona. Pero, ¡alas! Es difícil y fugaz.
Después vino ella, ella, a desordenar mis papeles, a ventilar mis cuartos clausurados con aires de renovación, de esperanza y de maravilloso ensueño fugaz. Fugaz, porque los milagros deben ser breves para causar efecto. Una lavativa para el alma y mi agradecimiento y amor eternos.

¿Y ahora? Ahora me siento cercano a algo grande que quizá nunca llegue. Sonrío, sonrío y no puedo parar de hacerlo y, por primera vez en mi vida, me siento feliz estando solo, sin esperar nada, sin sufrir por la espera. Lo que llegue, llegará, y si no llega, bueno, eso no me va a impedir seguir tirando piedras a los gigantes, ni seguir riéndome ni cantando por la calle aunque los demás me miren como si estuviera loco. Porque en este mundo todos se fuerzan por ser infelices. Y a eso se le llama lucidez. Me da igual. Soy un bufón que, con su actitud, hace felices a los demás y a sí mismo.

Suficiente, ¿no?


Cayetano Gea Martín

7 comentarios:

Margot dijo...

Pues más que suficiente, niño zen... (ya no tan niño pero me encanta hacerme la abuelita, pasa algo? jeje, me lo he ganado, baby).

Los bufones tienen mala presa pero a mí siempre me gustaron más que el Rey, sin ir mas lejos...

Besos suficientes.

Kay dijo...

Je, je... Gracias, bambina, por tan elogiosos elogios...

Y si tienes tiempo de escribir diez palabras, lo tienes para escribir cien... ¡Quiero mi correo, ridiela!

Besos (in)suficientes

Alfredo C. P. Carrozza dijo...

Mi queridísimo bufón-amigo, tus palabras me conmovieron -y eso sí que es difícil-, vivamos la vida tal como es, tan puta y soéz.

Me alegro que estés en ese estado epifánico, de estar tranquilo con uno mismo -es decir, la mano de uno mismo-.

Adéu!!

P.S.: A ver cuando cuelgas las fotos, y yo me saque algún blog... pero las musas... se me escapan.

Elisa dijo...

Kay,Kay me he hecho fiel a tu blog, siempre me sorpendes guapo! comparto algunas experiencias contigo; querer ser más altos ue nuestros padres cuando en realidad yo estoy por el piso, luego la luna (no quise follar con ella!) pero se convierte en el blanco de mi locura, de mis noches de furia donde mirandola tengo todo tipo de pesamientos y luego el amor... que complicado. Y para que veas que no eres el único, y tambien paseo por las calles y la gente me mira como diciendo que estoy loca - ahi ellos con sus vidas y sus convencionalismos sociales-.
un cálido abrazo que llegará rápido por el viento que sopla.
Elisa

Nestor dijo...

Lo que más extraña es que te quisieras follar a la Luna y yo no me enterara. Estaría en Bavia, supongo.
Aunque ahora que lo pienso...

Kay dijo...

Alfie,
Me alegro de que te vieras reflejado, caro amico. Las fotos se resisten a ser colgadas como a vos las musas... Estamos trabajando en ello...
Besos y abrazos.

Eli,
Me resulta muy elogioso siempre que pases por estas páginas y que te veas involucrada. ¿Tú también vas cantando por las calles? En Martín Hache comenta el protagonista que lo que más le entristecía de Madrid era que la gente no silbaba ni cantaba por la calle... Se supone que somos una ciudad alegremente triste.
¡Gracias por los inmerecidos elogios! Besos de invierno para enfríar tu verano...

Ten,
Como sabía yo que lo de la luna te haría escribir. Chato, se llama metáfora. Si fuera algo literal resultaría complicado, ¿no?
Abrazotes para vos, the first and chosen one

MARY dijo...

Pues a mí siempre me han gustado los bufones y princesa sin principe... Me ha gustado mucho tu post.
Saludos!!!!