viernes, agosto 14, 2009

Testimonio




Mario H. L. tenía una úlcera desde hacía mas de veinte años. Cada vez que comía, los ácidos digestivos arañaban las paredes estomacales, desprotegidas al no poder secretar mucosa gástrica. La sangre encharcaba sus tripas. El pobre Mario H. L. eructaba efluvios de sangre caliente y la boca le sabía constantemente a morcillas.

Mario H. L. no podía comer nada que le gustara. Se pasó el resto de su vida a base de yogures naturales y agua. No se casó jamás, ni tuvo descendencia. Murió solo, prematuramente viejo y enfermo a la temprana edad de cincuenta y ocho años. Nadie fue a su entierro.

¿Y todo por qué? Por culpa de la promiscuidad sexual. Mario H. L. no puede cambiar ya su destino, pero tú sí. La próxima vez que alguien te ofrezca sexo, di que no. Cuéntales la historia de Mario H. L.


Cayetano Gea Martín



3 comentarios:

Cayetano dijo...

Ya me explico yo ahora de dónde vienen mis problemas de estómago.
El que no se consuela...

Alfredo C. P. Carrozza dijo...

Umnn... un poco tajante, no? Que se ponga un condón y ya está... problema solucionado.

Kay dijo...

No te chulees, oh, unidad parental alfa, y menos a estas alturas de partido...

Alfie,
Que no... Que el sexo es pecado y es malo... No voy a hacer carrera nunca de ti...