martes, junio 09, 2009

Maribel



Maribel estaba enamorada de su propia imagen. Pero, en lugar de ahogarse en el río como Narciso al intentar agarrar su reflejo, ella se lanzó de bruces contra el espejo de su cuarto de baño.

Dos días después, en el hospital, contempló su nuevo rostro en otro espejo: enormes heridas surcaban su cara en estelas rojas. Maribel lloraba ante el afeamiento, ante la pérdida de su hermosa faz, sabedora de las horrendas cicatrices con las que tendría que vivir siempre.

Unas semanas más tarde, Maribel resolvió cambiar radicalmente de estilo de vida. Se cortó el pelo, se puso gafas de pasta, se compró la colección completa de las películas de Isabel Coixet y comenzó a odiar a todos y a cada uno de los hombres.


Cayetano Gea Martín


5 comentarios:

Alfredo C. P. Carrozza dijo...

Y se convirtió en una pogonofóbica y falofóbica?

Cayetano dijo...

La moraleja del cuento puede ser ésta: te está bien empleado por mirarte en el espejo y no mirar a los demás. Eso me suena a la zorra y las uvas, a venganza premeditada, a "no me quiso y la dejé". ¿No? O tal vez no.

DaliaNegra dijo...

jo,a Maribel le faltó sentido del humor,imaginación también...en lugar de estrellarse podría haber atravesado el espejo como Alicia.Pero claro, ella no quería ver otros mundos...Besos,cazador nocturno***

Kay dijo...

Alfie,
Ambas sendas dos... Y conteste usted a los correos, capullo argentino.
He dicho

Pater Familias,
Nada de venganza... Una chorrada que se me ocurrió, nada más. Chorrada de las grandes, proclamo.

Dalia,
Es que Maribel siempre ha sido así, la pobre... Ja, muy bueno tu comentario, me encanta eso de que no quiera ver otros mundos...
Si no escribieras tan bien te odiaría por completar siempre lo que le faltan a mis pobres letras...
Besos envidiosos desde Viena hasta Barna...

Anónimo dijo...

Señor padre del autor, no haga caso a las palabras de su hijo, ES UNA VENGANZA. Ya sabes, no esta acostumbrado a que le digan que no.