sábado, mayo 16, 2009

Anacreonte



Si cuando digo que ya estaba todo dicho desde hace eones… Poemas de Anacreonte, lírico, dramaturgo y filósofo ateniense del siglo VI antes de Cristo:

No me importa la fortuna de aquel tan rico en oro;
Jamás se apoderó de mí la envidia, ni me irritan
Las obras de los dioses; y no ansío la poderosa tiranía.
No me gusta el general corpulento o que a zancadas camina
O que presume de rizos o que cuida su afeitado.

Apresúrase la vejez despreciable a atrapar al uno;
A otros mortales los destruyen lamentables enfermedades;
Otros mueren en el mar, abatidos por el huracán
Otros se cuelgan de un lazo, en lamentable destino,
Y por propia decisión abandonan la luz del sol.
Así, nada hay libre de males, si no que innumerables
Son los espíritus de la muerte e imprevisibles
Las desdichas y las cuitas para los mortales.

Nos desnudábamos, mordíamos y besábamos;
Mientras mirábamos a través de la puerta
Para que no nos sorprendieran desnudos.
Y ella se apresuraba mientras yo la copulaba,
Mientras yo arrastraba el glande por ella,
Como si frotara una inflamada salchicha.
Y yo mandé a la mierda a los dioses
Mientras persistíamos en nuestra faena.

Poco tiempo dura, como un sueño, la juventud preciada;
Y la penosa y deforme vejez sobre la cabeza enseguida pende,
Odiosa a la vez que despreciable, que torna irreconocible al hombre
Y daña sus ojos y su razón al derramarse por todo su cuerpo.

Bebo como resulta más grato para el hombre haber bebido vino:
Sin abstenerme del todo ni en exceso ebrio.
Quien sobrepasa la mesura en la bebida
Ya no es dueño de su lengua ni de su razón;
Impertinente es su charla, que se torna vergonzosa para los sobrios,
Y no siente reparos en hacer cualquier cosa cuando está borracho:
Prudente hace un momento, necio ahora.

Los etíopes afirman que sus dioses son chatos y negros
Y los tracios que son de ojos verdes y rubios.
Si los bueyes, los caballos o los leones tuvieran manos
Y supieran pintar con ellas o realizar las mismas obras que los hombres,
Los caballos pintarían semejantes las figuras de los dioses
A la de los caballos, y los bueyes a la de los bueyes.

De nuevo me incita el amor a juguetear
Con una muchacha de níveas tetas.
Pero ella, como procede de Lesbos,
Mi vello púbico desprecia,
Y hacia otra dirige su boca abierta.


Cayetano Gea Martín


3 comentarios:

Alfredo C. P. Carrozza dijo...

Malditas lésbicas... no saben lo que se pierden.

Tío, deja de romperte el maromo en el conticinio, y dedícate a otras actividades más filfas y hueras, como el lenocinio.

Besitos.

Cayetano dijo...

Cuidado con emular a Anacreonte. Creo que se ahogó en un banquete comiendo uvas.

Kay dijo...

Alfie,
Como siempre, tus consejos son más sabios que tú mismo... :p

Pater,
Leches, no sabía yo eso... Habrá que andarse con cuidado, que de atragantarse sólo se salvó G. W. Bush... Por desgracia...