martes, julio 17, 2007

Impedimento

No podía salir. Lo supo en aquel preciso momento. En el preciso momento en que intentó salir, claro. El vagón, infestado de criaturas anónimas, se detuvo en su estación. No en la del vagón, si no en la suya. En la que él tenía que bajarse. Empero, no podía. Algo se lo impedía. Llegaba tarde al trabajo. Dos faltas aquel mes. Una más y ya no tendría que preocuparse por su puesto. Pero no podía salir. Abandonar aquel tren le resultaba doloroso. Cosas del destino, pensó. Quizá deba permanecer aquí, llegar al final-principio de línea. Cabecera. Ver que se esconde allí. Porque bajarme creo que no. O sí, no sé. ¿Qué hago? ¿Qué puedo hacer?

-Eh, usted. Bájese o quédese, pero deje de obstruir las puertas, coño.

Una mano lo empujó. Se encontraba ahora inmóvil, en el andén. El frío aire acondicionado del vagón se disipó. Olor a repollo de las estaciones viejas. Conductos de ventilación saturados de bacterias. El tren siguió su curso. Su destino se escapaba de su vida con movimiento uniformemente acelerado.


Cayetano Gea Martín

7 comentarios:

DaliaNegra dijo...

Y no puede llegar al final de trayecto,supomgo.Angustioso... como esos sueños en los que quieres correr y no puedes,porque parece que lo hicieras dentro del agua.
Un beso,sádica y silvestre rosa blanca ;)***

Margot dijo...

Sí, eso, tú aumenta mi angustia con el metro que vas a tener que pagarme taxis en desagravio!!

Sádico negro...

tamicabri dijo...

Su destino no era seguir en el vagón, era bajarse de él. ¿Qué le pasaría ese día en el trabajo? Seguro que algo importante...

Kay dijo...

Carísima DALIA, es precisamente eso... La angustia del ratón en el laberinto...
Otro beso para tí, luminosa rosa negra de noches de paseo por el puerto (ah, añoro Barna...)

Querida MARGA, si el precio de que tú te sientas mejor pasa por pagarte el taxi, estaría dispuesto a hablarlo y todo...
Besos de miércoles en espera de tu e-mail prometido, je, je...

Reverenciada TAM, no sé cuál era su destino... Y en el trabajo no le pasó gran cosa, salvo el tedio de saberse un día más viejo y un día más tonto... Ups, que me descubre y se ve a la legua la autobiografía del relato, jeje
Besos sin cebolla :p

Un beso general para mis tres mosqueteras

Martuki dijo...

Anda q siempre andas a cuestas q si con cebolla q si sin cebolla... Q hay gente q sabe el lado oculto!!! Viciosillo... XD

Kay dijo...

MARTA, no entiendo lo que quieres decir, de verdad... Yo me refería a que después de comer un kebap, la boca te huele a cebolla y nadie se te arrima... No sé que habrás entendido, en fin... eer... ¿cuela o no cuela?
Besos CON cebolla, hala

Martuki dijo...

No, claro q no cuela, jajajaja