jueves, febrero 12, 2009

La entiendo


Y ella venga a insistir, venga a querer más, y yo sin poder hacer nada más que temblar, temblar y casi al borde del llanto, cansado, mortalmente cansado, como sólo se puede estar cuando eres viejo. Y yo soy viejo, muy viejo, demasiado para proezas sexuales. Claro que ella también lo es, pero parece que aún tiene energía para rato, que aún le dura el fuelle y las ganas de pasárselo bien. Me resulta patético. Mi padre me dijo, cuando él era ya muy mayor y yo ya un hombre maduro, pero no viejo, que el sexo en la tercera edad puede ser hermoso, que se cambia fuerza y pasión por cariño, por besos, por comprensión en las miradas. Pero esta mujer, esta vieja conocida mía no quiere nada de eso. No para de pegar botes mientras yo cierro los ojos y procuro pasar este suplicio lo antes posible, este via crucis personal e intransferible, quizá el último de estas características en mi gastada vida. Ya no tengo edad para estas cosas. Soy viejo, viejo y feo. Mi piel parece un mapa de carreteras amarillo por el sol, por pasar demasiado tiempo cociéndose a fuego lento en la bandeja trasera del coche. Mi cuerpo es feo, siempre lo fue, y ahora aún más, y mi aliento es pútrido por la carencia de dientes sanos. Me repugna cada vez que veo mi reflejo en el espejo, y por eso procuro no hacerlo, como si fuera un vampiro voluntario. Pero a ella no parece importarle, no. Sigue golpeándome y apremiándome y venga y más y toma, viejo chivo. Me pareció buena idea al principio: volver a ver a una vieja amiga, después de casi treinta años, el tomarme un café y disfrutar de una buena conversación en compañía femenina. Es todo lo que pido. Es todo lo que quiero. Me rejuvenece: me hace recuperar ciertos rescoldos fríos de lo que fui. Cuando sugirió que fuéramos a su apartamento a tomarnos una copa me encandiló la idea de pasar una tarde con una mujer, como en los viejos tiempos. Luego ella comenzó a besarme y en un segundo, no sé cómo, me encontraba desnudo y muerto de vergüenza; un viejo a punto de ser violado por una vieja. Es patético. Ella me resulta patética, pero puedo llegar a entenderla. Incluso ahora, sumido en mi dolor y en mis ganas de llorar, la entiendo. Entiendo las ganas de seguir sintiéndose uno vivo, de engañar a la muerte por unos días más. Porque ella tampoco lo está disfrutando, eso es obvio. Y sé que siente el haberme arrastrado a esta situación. Pero se siente bien al comprobar que aún tiene energía en su gastado cuerpo, que aún puede sentir la vida fluyendo por ella, sabiendo que mientras siga moviéndose, mientras la fuerza vital siga circulando por sus venas, aún no habrá muerto.


Cayetano Gea Martín


5 comentarios:

Margot dijo...

Pues espero, si llega el momento de la vejez, no parecerme a él en su tristeza; no parecerme a ella en su desesperación.

Cualquiera sabe.

Besos, buen mozo!

Kay dijo...

Margie, po zí... Ni a uno ni a la otra...

Besacos!

Alfredo C. P. Carrozza dijo...

Mientras se pueda... da igual la edad, o la condición que tenga uno.
Espera, no, pensándolo bien, mejor no... después uno conoce a tías que a los 4 días se enamoran de uno y te quieren seguir por el resto del planeta.

Elisa dijo...

kay guapo, pues que situación has vivido, es como medio loco saber como se siente el otro y como te sentis vos al mismo tiempo y paree que el reloj se parara para que tu mente procese lo que esta sucediendo y en realidad tenes razón, tratamos de robarle minutos a la muerte, aunque yo la tuve cerquita y le perdi el miedo. rspecto a verme al espejo, yo también lo detesto, pero por otros motivos-.
un besaso desde uruguay con 35º de temperatura de los cuales me entero mediante la teleporque yo vivo adentro

Kay dijo...

Alfie,
Cierto noto sarcasmo con tintes biográficos, pero no hago caso a tus filfas y hueras :P

Eli,
¿De verdad miraste a la parca tan de cerca? Debo decir que me sorprende, ya que yo todavía no, supongo que afortunadamente...
Besos a 15ºC en un invierno que se ha convertido en primavera por arte de magia...