miércoles, febrero 24, 2010

Reflexiones besugas IX




Lamer: en francés, pasar la lengua por la superficie del océano.

¿El femenino de papada es mamada?

Para los anticuarios, ¿es bueno o malo el estar pasados de moda?

Esa iglesia tiene un retablo de Jesús crucificado con porras: ¡resulta de lo más churrigoresco!

Feromenal: estupendo flirteo.

La esgrima es el deporte más asqueroso del mundo.

Político muy chismoso: chascarrillo.



José Lois Raposo / Cayetano Gea Martín / Alfredo Ponce Carrozza

sábado, febrero 20, 2010

Dan Simmons - El Terror


Dan Simmons. Y que no puedo evitar pensar en Sergio y en Javier cada vez que recuerdo a este autor. Digamos que, básicamente, considero a Dan Simmons como el mejor prosista norteamericano contemporáneo. Y que he llegado a esa conclusión gracias a mis dos padrinos.

El bueno de Dan es un culo inquieto y sus libros abarcan una cantidad de géneros increíble. Hyperion es un canto coral de ciencia-ficción que homenajea la mitología griega, los cuentos de Canterbury y la poesía de John Keats. Illium es la recreación moderna de la guerra de Troya. Y con sus cuentos de terror, ha revolucionado el género, ganando premio tras premio. Como con el libro que hoy nos ocupa.

El Terror está basado en hechos reales, más concretamente, en la fallida expedición de Sir John Franklin que, a mediados del siglo XIX, intentó encontrar un paso que permitiera cruzar desde Groenlandia hasta Rusia, el llamado Paso del Noroeste.

En 1845, la expedición liderada por Sir John Franklin tenía todas las expectativas y las posibilidades de culminar su misión: encontrar un paso viable entre las heladas islas del norte de Canadá. Pero por dos años los dos barcos de la expedición, Terror y Erebus, permanecieron varados en el hielo frente a la inhóspita isla del rey Guillermo. El carbón y las provisiones comenzaron a flaquear. Así como la moral de los hombres. El destino final de los marineros y de sus oficiales fue la muerte por hambre y escorbuto, a pesar del canibalismo al que se entregaron al final de sus días.

Hasta aquí la parte histórica y real del libro. La ficción comienza ahora. Y es que hay algo ahí fuera. En el eterno mar de hielo, en la oscuridad de la noche polar, una imposible criatura acecha a los exploradores. Un terror sin nombre y de innatural intelecto da caza, mutila y devora a los desafortunados que atreven a adentrarse en el territorio. En su territorio.

Cuando el capitán Franklin muere, la misión pasa a ser responsabilidad del capitán Francis Crozier del barco Terror, quien comandará a los supervivientes en una espantosa e imposible misión suicida hacia el sur, siendo acechados por la criatura sin nombre, el hambre, el frío y la locura.

Don Simmons nos describe como nadie un universo terrible, de desolación y de fracaso, donde cada día que pasa juega en contra de los supervivientes. Para ello, se basa en capítulos cortos y muy numerosos, donde los protagonistas cambian constantemente y con ellos el estilo literario. Pasamos rápidamente de estar bajo el prisma del capitán Crozier a que nos relate sus miedos un marinero medio analfabeto, el cocinero del Erebus o el diario personal del doctor Goodsir.

Y lo mejor de todo, un final inesperado, muy original y particular, un giro de argumento y de narradores (y de estilo, por ende) cuando faltan cien páginas para terminar la historia.

En resumen, el bueno de Simmons demuestra de nuevo cómo se puede ser contemporáneo y vender libros sin caer en el pastiche vacío que, por desgracia, abunda tanto en la literatura de hoy en día. Todo un legado de saber cómo hacer un buen libro, en una espectacular combinación de estilo personal, buen arte literario, realismo histórico, horror de corte gótico y mitología esquimal.

Bravo, Dan.

De nuevo.


Dan Simmons - El Terror

Editorial Rocabolsillo.


930 páginas. 9,95€



Cayetano Gea Martín




miércoles, febrero 17, 2010

Las listas (III): Decálogo sulfurantemente castizo


Secundando la idea del señor Garrido, os dejo una lista muy personal. A ver si adivináis de dónde proviene su inspiración…

Pijas cuarentonas de tinte para el pelo rubio pepero con el corazón manchado de café y nicotina.

Tímidos jóvenes en proceso de abandonar el armario y que sueñan con horizontes más libres y con sexo griego, lejos de miradas opresivas.

Descerebrados racistas que propagan sus ideas a base de tópicos y de simpleza mental. Diría que ojala alguien les hiciera una lobotomía si no fuera imposible el que se quedaran más tontos aún.

Enormes boinas negras con ancianos pequeñitos dentro que disfrutan recordando horribles tiempos mejores y celebrando la fiesta / matanza nacional.

Pollitas y chochitos perfumados que van cogidos del vello púbico camino del éxtasis y de las danzas agresivas en locales oscuros.

Desafortunados conocidos que celebran el haberte visto mediante una conversación infructuosa acerca del libro que estás leyendo. O mejor dicho, que estabas leyendo.

Señoras con parientes presidiarios a los que visitar que le cuentan al de al lado cómo una vez se liaron a ostia limpia con algún desdichado agente social.

Niñatos horteras que desean compartir contigo el ruido inmundo que vomitan sus teléfonos a modo de melodía.

Criaturas maleducadas que patalean con furia respaldos y costillas.

Lectores con cara de mala ostia.



Cayetano Gea Martín



domingo, febrero 14, 2010

Hernán Casciari - España, perdiste


Otro libro más que tengo que agradecer a Alfredo por su acertada recomendación y posterior lectura. Ahora que lo pienso, sólo una vez he rechazado un libro recomendado por el ínclito porteño y que obviaremos para no desprestigiarle. Pero vamos al lío.

Hernán Casciari, argentino afincado en Barcelona, es el autor de este libro, una recopilación de artículos sobre las diferencias sociales y culturales entre Argentina y España… y sin que ninguna de las dos naciones salgan bien libradas. En clave de humor, eso sí, y con especial atención a los encontronazos que todo argentino recién emigrado a la madre patria se va a dar cada dos por tres.

El libro comienza con una seria advertencia a los españoles: la peor invasión que ha asolado jamás la península son los argentinos. Los gallegos no estamos preparados para tanta amabilidad porteña que oculta su inherente facilidad para medrar y quedarse con los mejores puestos de trabajo y con nuestras mujeres y hombres. En breve, todos los psicólogos, los dentistas y los actores serán argentinos. El primer paso en la invasión ya está dado: en España se vende ya dulce de leche, el lubricante sin el cual un argentino que se precie de tal no puede vivir. Entre eso y las suscripciones digitales a Clarín ya no tienen ningún motivo para irse de España. Los españoles estamos condenados, dice el autor, y en pocos años todos los iberos hablaremos lunfardo.

Por supuesto, todo el libro es una enorme broma, aunque como tal no exenta de razón muchas veces, claro. Me he pasado uno de los mejores ratos que recuerdo con un libro de humor. Un libro muy recomendable, tanto para españoles como para argentinos. Una forma divertida de que ambos pueblos nos acerquemos un poco más.

Os dejo un ejemplo del autor sobre las costumbres.


Una sobremesa familiar argentina

PADRE: ¿Llueve?

HIJA: No; es mamá que está regando las plantas.

PADRE: Ah.


Una sobremesa familiar española

PADRE: ¿Llueve?

HIJA: No, pero ha dicho el hombre del tiempo que mañana se prevén chubascos en el Cantábrico, nordeste de Castilla, Navarra, La Rioja, norte de Aragón, centro de Cataluña y sur de la Comunidad Valenciana.

PADRE: ¡Me cagüen la mar! Habrá que salir con paraguas…

HIJA: Va a ser que sí, porque los chubascos serán localmente moderados y ocasionalmente con tormentas, aunque me ha dicho la señora de abajo que irán remitiendo a lo largo del día.

PADRE: Pero entonces ¿qué es eso que se oye, si no es lluvia?


HIJA: Es la mamá, que está regando las plantas.

PADRE: Dile que entre, que ya se ven los intervalos nubosos.



Hernán Casciari - España, perdiste

Editorial Plaza & Janés.

220 páginas. 15,90€



Cayetano Gea Martín


jueves, febrero 11, 2010

Los cinco preceptos




Creo que es interesante saber que el budismo, esa fabulosa ética, cuenta con cinco preceptos. A diferencia de una regla impuesta por una autoridad (véase catolicismo y demás religiones totalitarias), un precepto se usa como base para la ética personal. Todo budista, sea monje o laico, adopta los siguientes cinco preceptos básicos como guías de actuación y ayuda:

Tomo el precepto de respetar la vida.

Tomo el precepto de no tomar lo que no me es dado.

Tomo el precepto de tener una conducta sexual correcta (que no sea dañina con otros o conmigo mismo).

Tomo el precepto de no hablar de manera dañina (mentir, rudeza, ostentación, cotilleo, charla vana).

Tomo el precepto de no tomar intoxicantes (que alteren la mente y me pongan en riesgo de romper los otros preceptos).



Cayetano Gea Martín



domingo, febrero 07, 2010

Juan José Millás - -Los objetos nos llaman


Mis cultivados progenitores me regalaron este libro por Reyes y creo que tardé dos tardes en leérmelo. Siempre me ha gustado Millás, aunque algo menos que a ellos. Pero siempre he reconocido en él una calidad literaria inusual en la prosa actual española.

Lo que a veces me ha cansado de él es el nivel de complejidad pesadillesca de algunos de sus libros más largos. Sin embargo, afortunadamente, eso no pasa con este volumen en concreto. El libro es una recopilación de micro-relatos, de apenas dos o tres páginas, en los cuales el autor condensa su catálogo de realidades inexplicables a la vuelta de cualquier esquina de Madrid.

Cada uno de estos cuentos nos revela un misterio o provoca una pregunta, siempre envueltos en esa atmósfera a caballo entre la realidad y lo onírico tan típica del autor, donde se aúnan ironía, humor, erótica y, a veces, terror.

En este volumen encontramos historias de maniquíes que sudan, cerillas que iluminan habitaciones antiguas, mujeres grandes que sueñan con hombres diminutos, secuestros aéreos aplaudidos por la tripulación, dioses zombis, delirios sensatos y sensatez delirante... Que ustedes lo disfruten.


Juan José Millás - Los objetos nos llaman
Editorial Seix Barral. Colección Biblioteca Breve
Formato pasta dura: 17 €. 241 páginas



Cayetano Gea Martín



jueves, febrero 04, 2010

Pepito


Pepito odia su nombre. ¿Y quién puede culparle? Odia que todo el mundo le llame así, sin discriminación de parientes, amigos, cajeras del Ahorramás, su pareja o compañeros de oficina. Todo el mundo que cree tener algo de confianza con él, sin pararse a pensar si él se la ha otorgado, decide apearse del José y llamarle Pepito directamente. Y a veces, con una sonora palmadita en la espalda. Y él los odia a todos por ello. Cabrones.

Pepito tiene un sueño. Su sueño consiste en cambiarse el nombre. Pero teme que la gente se ría de él todavía más. Pues el nombre que quiere ponerse no es otro que el de Batman de Todos los Santos. Y es un nombre que le encanta y no sabe porqué. Es consciente de que se trata de un nombre ridículo, pero encarna cierta autoridad y fortaleza. Y además, aunque sea una cutrez de nombre, ¿será peor llamarse Batman de Todos los Santos que Pepito? Pepito lo duda mucho. Mucho.

Pepito tiene hoy comida familiar. Mierda. Y encima le toca cocinar a él. Para veinte comensales. No se complica la vida y prepara cuatro lasañas precocinadas y una ensalada de bolsa. Y al que no le guste que se joda y se vaya al Burguer King de la esquina. La parentela acude puntual como siempre que sabe que toca comer gratis. Sus parientes gorrones fruncen el ceño cuando ven la lasaña con pinta de plástico quemado. Y no paran de llamarle Pepito. Y se tiran cuescos en su sofá y lo queman con sus puros y lo manchan con sus copas de vino barato. Pepito contabiliza un total de mil doscientos sesenta y ocho Pepitos en las cuatro asquerosas horas que se tiran retozando en su casa. Es decir, trescientos diecisiete Pepitos por hora, cinco coma tres por minuto. No puede más y explota. Los manda a todos a Parla y decide cambiarse el nombre mañana mismo.

Pepito ya no es Pepito. Se llama Batman de Todos los Santos por fin. La gente no se lo puede creer y se ríe en su cara y le siguen llamando Pepito. Cada vez que alguien lo hace, Batman de Todos los Santos se arma de paciencia y piensa que ya se acabarán acostumbrando con el tiempo. Pero el caso es que no lo hacen y le siguen llamando Pepito en lugar de Batman de Todos los Santos. O directamente, gilipollas.

Han pasado ya catorce meses desde que Batman de Todos los Santos decidió llamarse Batman de Todos los Santos y la gente le sigue llamando Pepito. Nadie, nadie, salvo los jocosos funcionarios del Estado que leen con incredulidad su DNI, nadie, repetimos, le llama Batman de Todos los Santos. Batman de Todos los Santos entra en una depresión tan larga como su nombre. Para colmo de males, su novio, porque Batman de Todos los Santos es gay, qué pasa, le pone los cuernos con un quinteto de Mariachis. Batman de Todos los Santos abre la puerta de su dormitorio sin poderse creer lo que ve. Y su novio, encima, le dice: “No te cabrees, Pepito”.

El resto es historia y sale en los periódicos de sucesos. Batman de Todos los Santos estalla ante el último Pepito, el proferido por su novio tras (o durante, según se mire) haberle engañado con un quinteto de Mariachis, y le abre la cabeza a su pareja con el cenicero que le regaló su madre por su trigésimo cumpleaños (y en el que reza “Pepito” en enormes letras de tipografía helvética doradas). Los sesos de su expareja se esparcen por la cama. Los mariachis se visten a la carrera mientras abandonan el domicilio de Batman de Todos los Santos entonando “Me equivoqué contigo”. Batman de Todos los Santos acaricia el cuerpo inerte de su novio y llora sobre él. Incapaz de asimilar la tremenda enormidad del uxoricidio cometido, Batman de Todos los Santos se quita la vida ingiriendo el contenido de un bote con bolitas de alcanfor.

En el funeral de Batman de Todos los Santos, el sacerdote lee una sentida homilía por el descanso eterno del alma de Pepito.
Sí, de Pepito.
Pobre hombre.



Cayetano Gea Martín



lunes, febrero 01, 2010

Jefté o la crueldad de Dios


Para aquellos que tienen la Biblia como libro de cabecera y guía de sus pasos, que sepan que Dios sí permite y alaba el sacrificio humano. Y no hablo del mito de Abraham, si no del de Jefté.

Jefté fue un guerrero que combatió contra los amonitas. Antes de partir a la batalla, juró que, si se alzaba con la victoria, el primero que saliera a recibirle a la vuelta de la guerra sería ofrecido en sacrificio de fuego a Yavé.

Así, al volver triunfante, lo sale a recibir su única hija. Él se lamenta, pero no puede echarse atrás. Su hija le dice que debe honrar su promesa. Le pide a su padre dos meses para llorar en los montes su virginidad, y vuelve a cumplir el voto. A su vuelta, Jefté efectivamente la sacrifica.

Interpretando literalmente lo que dice la Biblia, a diferencia del sacrificio no realizado de Abraham, el de Jefté sí fue consumado. ¿Qué clase de Dios aceptaría la muerte de una inocente como precio por ganar una batalla? ¿Realmente existe hoy en día gente que siga la Biblia a pies juntillas con burradas como ésta?


Cayetano Gea Martín


viernes, enero 29, 2010

Geral Brenan - El laberinto español


De nuevo, el camarero anarquista revolucionario y sin embargo amigo, el señor Luke Carter, ese noble australiano, acierta en la recomendación de un libro. El laberinto español de Gerald Brenan es una impresionante y objetiva radiografía acerca de la sociedad española de finales del siglo XIX hasta la guerra civil.

Brenan vivió en La Alpujarra de 1919 a 1934, teniendo que huir al inicio de la guerra. Autor de una larga serie de libros sobre España, sus gentes y paisajes, sus letras y su historia; su pluma libre y clara da a luz a la que es, probablemente, su obra más conocida y celebrada: el laberinto español.

El autor es una mente inquieta: columnista, editor, poeta, ensayista, historiador y memorialista. Todo esto se nota a la hora de leer la obra. Su amor, su visión casi romántica de España, y el dolor que le produce ver a este país complejo a veces e incomprensible otras, eternamente dividido en dos facciones.

España, nos cuenta Brenan, es un país único, aislado durante siglos geográfica y políticamente del resto de Europa. Las respuestas a los desencadenantes de la guerra civil que asoló esta tierra de conejos durante tres años yacen en el complejo laberinto que es la historia española. Brenan se interna en el laberinto, aislando y estudiando sus diferentes pasillos y corredores de uno en uno. El papel de la Iglesia española, el ejército, los partidos políticos (anarquistas, anarco-sindicalistas, fascistas, socialistas y carlistas), los nobles, los burgueses, la monarquía y el pueblo son puestos bajo la atenta lupa de este curioso historiador.

La conclusión a la que llega Brenan, en general, es que la falta de una industria equiparable al resto de Europa, las enormes diferencias sociales, el descontento agrario y las lealtades provinciales son todas partes implicadas en producir una guerra fraticida en la que “el vencido es vencido y el vencedor perdido”.

Un libro muy recomendable que debería ser lectura obligada para los españoles y para la gente que viva en España y desee conocer algo más de este curioso y único país… para lo bueno y para lo malo. En palabras del autor:


“Lo primero que hay que observar es la fuerza del sentimiento regional y municipal. España es el país de la patria chica. Cada pueblo, cada ciudad, es el centro de una intensa vida social y política. Así pues, el principal problema político ha sido siempre el de alcanzar un equilibrio entre un gobierno central eficaz y los imperativos de la autonomía local. Si en el centro se ejerce una fuerza excesiva, las provincias se sublevan y proclaman su independencia; si esa fuerza es insuficiente, se retiran sobre sí mismas y practican una resistencia pasiva”.


Gerald Brenan - El laberinto español

Editorial Contemporáneos. No ficción.

400 páginas. 21,50 €



Cayetano Gea Martín


martes, enero 26, 2010

El pedo


Acababan de terminar de follar y ella ya roncaba a su lado. Era la tercera noche seguida que se acostaban juntos. Había surgido cierta química entre ellos, y Juan esperaba que esta última semana fuera el comienzo de una relación. Porque la verdad es que Lucrecia era maravillosa y reunía todas las características que él buscaba en una mujer.

En estos pensamientos estaba, medio dormido ya, cuando notó que le venían ganas de tirarse un pedo. Intentó meterlo para dentro, pero, como siempre que acababa de hacer el amor, su esfínter no parecía responder con la suficiente celeridad. Así, su culo temporalmente laxo dejó escapar la ventosidad. Notó cómo el gas calentaba su ano al salir, pero sin emitir ningún ruido. Oh, no, pensó asustado, es de los silenciosos.

Rápidamente, metió la pierna dentro de la cama y selló la colcha con su pie. Miró con preocupación hacia ella, pero se encontraba a salvo, con la cabeza fuera de las sábanas y las manos cerca de su cuello, cerrando cualquier posible fuga. El pedo, el a todas luces apestoso pedo, no parecía tener salida posible, enterrado entre sus cuerpos y la cama.

Lucrecia, entre otras cosas, tenía un olfato muy agudo. Era capaz de oler la colonia de Juan a metros de distancia. Si el cuesco escapaba, seguramente se despertaría. Y éste en particular, pensó él, muerto de miedo, tiene que ser de los apestosos de verdad.

No podía permitir que ella se comiera el pedo. No podía permitirlo. Tenía planes, maldita sea. Grandes planes para él con esta chica. ¿Quién sabe cómo se lo tomaría? ¿Cómo podría ella querer a alguien que expele de su cuerpo algo tan nauseabundo? La única opción que le quedaba a Juan era no moverse en toda la noche y vigilar que ella no se moviera tampoco. Su felicidad futura dependía de ello.

Amaneció bastante más tarde. Juan estaba muy cansado tras pasar las últimas cinco horas de guardia. Pensó, con ligero optimismo, que ya habría pasado tiempo suficiente y que el pedo se habría ido disolviendo poco a poco, filtrándose entre las diferentes capas de tela. Decidió abrir una pequeña abertura y comprobar así la veracidad de su axioma. Un tufo amargo y fermentado subió hasta su nariz en apenas dos segundos. Cerró rápidamente la salida con su pierna. Pero era ya demasiado tarde. Ella se agitaba inquieta, murmuraba y hacía extrañas muecas con la nariz y los ojos. Se acabó, se dijo Juan a sí mismo, es el fin.

Lucrecia se arqueó, bostezó escandalosamente mientras se estiraba y se tiró un pedo muy ruidoso. -Perdón, -le dijo a Juan mientras sonreía.



Cayetano Gea Martín



sábado, enero 23, 2010

G. K. Chesterton - El regreso de Don Quijote


Novela peculiar donde las haya, El regreso de Don Quijote de Chesterton nos narra las andanzas y desventuras de un Don Quijote inglés y contemporáneo al autor, a modo del mejor y más hermoso homenaje jamás hecho a la obra suprema de Cervantes.

Herne es un bibliotecario experto en la cultura hitita que vive totalmente ajeno a los problemas e inquietudes del mundo moderno. Algunos entusiastas suyos, y otros que se quieren burlar de él, convencen a Herne para que haga el papel de rey medieval en una obra de teatro. Cuando la función termina, nuestro Quijote moderno decide no quitarse el disfraz y encabeza, en la vida real, un golpe de estado contra la industria y la sociedad moderna.

Esta obra, que ha sido clasificada generalmente como de sociología ficción, podemos deleitarnos con el sutil humor y la prodigiosa imaginación de Chesterton, un auténtico prodigio a la hora de crear personajes únicos y esperpénticos; todos ellos bajo el punto de vista del quijotismo: un bibliotecario loco que se cree Ricardo Corazón de León, un noble canallesco y desfacedor de entuertos a modo de Sancho Panza, un sindicalista de la minería en lucha eterna contra la aristocracia, dos hermosas mujeres que comparten a modo de divertida réplica el rol de Dulcinea, etc.

En resumen, esta novela supone pasar un rato de lectura muy ameno y, desde mi punto de vista, posibilita que reflexionemos sobre el retorno a los valores tradicionales que encarna El Quijote y que en algún momento de nuestro progreso social hemos perdido en el camino. Un retorno al Parnaso en toda regla. Y encima, divertido.


G. K. Chesterton - El regreso de Don Quijote
El Club Diógenes. Valdemar.
Edición de bolsillo, 388 páginas. 8,90 €


Cayetano Gea Martín

miércoles, enero 20, 2010

Listas (II): Flaubert y la enumeración erudita.


Si con Borges descubríamos las listas caóticas que finalmente alcanzaban un orden o criterio para ser evaluadas, con Flaubert nos lanzamos al mundo de las enumeraciones eruditas. Flaubert se sentía especialmente orgulloso de dos de sus obras que estaban surcadas por muy diversas enumeraciones. Estas enumeraciones tienen un doble fin. Por un lado, en La tentación de san Antonio, las listas son un simple ejercicio de erudición acompañado de la sensación de que siempre hay algo más allá de los que se nos cuenta, una sensación de inconmensurabilidad. En Bouvard y Pecuchet, las listas tratan de ser exhaustivas, al estilo científico, por lo que constituyen en sí mismas un ejercicio de eurdición (no en vano Flaubert leyó algo más de mil obras de diversos temas para escribir esta última novela que no pudo finalizar).

Así, en La tentación de San Antonio (es el que tengo más a mano), podemos descubrir una sucesión casi interminable de heresiarcas que pasan ante los ojos (más bien durante el sueño) de San Antonio. Estos heresíarcas son: Manes, Saturnino, Cerdón, Marción, San Clemente de Alejandría, Bardesanes, los hérnicos, los priscilianistas, Orígenes, Basílides, los elkasaítas, los carpocracianos, los nicolaítas, los marcosianos, los helvidianos, los mesalianos, los paternianos, Aecio, los arcónticos, los tacianitas, los valesianos, los cainitas, los circonceliones, los audianos, los coliridianos, los ascitas, los marcionitas, los sampseanos, Arrio, Sabilio, los valentinianos, los setianios, los teodosianos, los merintianos, los apolinaristas, Marcelo de Ancira, el Papa Calixto, Metodio, Cerinto, Pablo de Samosata, los cerintianos, los encratitas, los viejos ebionitas, Eusebio de Cesarea.

Tras otra sucesión casi interminable de dioses que mueren ante Antonio, descubrimos una enumeración, en este caso descriptiva (pero también erudita) de diversos animales quiméricos.

Y surgen toda clase de bestias espantosas: el Tragelafo, mitad ciervo y mitad buey; el Mirmecoleo, por delante león, por detrás hormiga; con los genitales al revés; el pitón, Aksar, de sesenta codos, que espantó a Moisés; la gran comadreja Pastinaca, que mata los árboles con su olor; el Presteros, cuyo contacto vuelve imbécil a la gente; el Mirag, liebre cornuda, que habita en las islas del mar. El leopardo Falmat, revienta su vientre de tanto aullar; el Senad, oso de tres cabezas, desgarra sus crías con la lengua; el perro Cepus, que derrama sobre las rocas la leche azul de sus mamas. Empiezan a zumbar mosquitos, a saltar sapos, a silbar serpientes. Aparecen mosquitos zumbando, sapos saltando, serpientes silbando. Brillan los relámpagos. Comienza a granizar.
Llegan ráfagas llenas de anatomías fabulosas. Son cabezas de caimanes con pies de corzo; búhos
con cola de serpiente; cochinos con hocico de tigre; cabras con grupa de asno, ranas peludas como osos, camaleones grandes como hipopótamos, terneros con dos cabezas, una que llora y otra que muge, fetos cuatrillizos unidos por el ombligo y bailando como peonzas, vientres alados que revolotean como moscardones [...] Y alzando los ojos, divisa todas las aves que se alimentan del viento: el Gouith, el Ahuti, el Alfalim, el Iunek de las montañas de Caff, los Homai de los árabes, que son las almas de los hombres asesinados. Escucha a los loros pronunciar palabras humanas, luego a las grandes palmípedas pelasgianas que sollozan como niños o ríen burlonamente como las viejas.

Recordad que si sabéis de alguna enumeración o lista que queráis compartir podéis enviárnosla a ruinacicular@yahoo.com y la publicaremos al instante.
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domingo, enero 17, 2010

Odín


Odín abrió sus inmortales ojos, y se despertó de un inquieto sueño. Sus dos cuervos Munin y Hugin murmuraban desabridas palabras proféticas en sus anchos hombros cubiertos de la hez de los pájaros. Se alzó de su trono, el Hlioskjálf, y recorrió a paso rápido el palacio. Llegó a las caballerizas y se dispuso a montar a Sleipnir, su corcel de ocho patas más rápido que el mismísimo viento de norte.

Cuando estaba a punto de cruzar la muralla exterior de Asgard, la ciudad de los Aesir, uno de sus einherjer favoritos se acercó y le preguntó: -Oh, reverenciado padre, oh, tú, Allföor. ¿A dónde vas, presto a abandonar los sacros muros del Valaskjálf y armado con la todopoderosa lanza de Gungnir?

-Voy -le contestó el dios supremo -a vengar cara una afrenta.

-¿Y contra quién, oh, padre de todos, es dicha afrenta?

-¿Contra quién va a ser, si no contra mí?

-¡Por el gélido aliento de Hela! ¿Puede ser eso cierto?

- Pero no os preocupéis, ya que mi venganza caerá rauda cual los relámpagos confinados dentro del eterno poder de Mijolnir.

-¡Oh, sabio padre de los cuervos, señor de Asgard! Escuchad mi consejo, os lo ruego. Desistid de vuestro empeño y venid conmigo a beber hidromiel. Mirad que la venganza no es un sentimiento que vaya a ennoblecer vuestro poderoso pecho, oh tú, noble señor de todos los Aesir.

-¿Acaso osas decirme cómo he de comportarme, lacayo? ¿Acaso no poseo la sabiduría y la clarividencia eternas desde que sacrifiqué mi ojo derecho en el eterno pozo de Mimir? Dejadme, pues, partir, valiente espíritu de guerrero. Reúnete con tus camaradas para la cena en Valhalla. ¡Odín a dicho!

Y sin añadir más, el dios padre espolea a su montura y parte rumbo a las lejanas tierras de los elfos, al reino de Alfheim.

Tras cruzar bosques y lagos, ríos y montañas, llanuras y congelados laberintos de hielo, el hijo de Bestla y Bor llega al corazón de Alfheim. A los pies del árbol mágico de los cofres secretos de las tentaciones del hombre, el cazador del Asgardreid encuentra una pequeña cabaña y su objetivo.
De una soberana patada, el señor de la poesía, la inspiración y la furia entra en la pequeña morada. Un generoso fuego arde en el centro de la estancia principal. Pero el padre de Thor y Balder sólo tiene oídos para los entrecortados jadeos que atraviesan sus tímpanos como una melodía de traición suprema.

Odín, aquel que conoce el secreto eterno de las runas, entró con paso firme en el tálamo nupcial, lanza en mano, para ver, con ojos furiosos, a Frigg, su esposa, fornicando como una maldita bestia salvaje con un dios extranjero de piel tostada. La herética pareja no se percató de la presencia del padre de todos los Aesir, encontrándose como estaban en el momento culmen del himeneo. Tampoco es que hubieran podido tener tiempo de ello. Raudo cual relámpago, el engañado dios alza a Gungnir, su lanza, y cercena la cabeza de ambos amantes de una sola estocada. La sangre de los dos amantes dioses tiñe de carmesí la estancia. Las sagradas aves de Alfheim entontan un canto fúnebre mientras se elevan en el cielo primaveral.


Epílogo primero.
En Asgard, un desconsolado Vidar, el dios del silencio y la venganza, llora ante el cuerpo decapitado de su madre. Cegado por la ira, desata al malvado Loki de las tres rocas, el cual, al verse libre, convocará el Ragnarök, el Apocalipsis que le costará la vida a Odín.


Epílogo segundo.
En la lejana tierra de Egipto, la diosa Isis encuentra en una barca que descendía el Nilo el cuerpo inerte de su esposo Osiris, cortado en catorce pedazos. En la noble cabeza de su esposo, una inscripción rúnica tallada sobre su frente rezaba: “que la muerte de tu marido sirva de escarmiento a todos los turistas del sur que venís a mi reino a abusar de las incautas mujeres nórdicas”.

Epílogo tercero.
Odín, hasta la fecha actual, continúa siendo el único vikingo que realmente lleva dos cuernos adornando su frente.


Cayetano Gea Martín



viernes, enero 15, 2010

Las listas (I): Borges.

¿Cómo no comenzar esta lista de listas con Borges? En su obra hay siempre una necesidad de aportar listas. En su caso las listas las conforman casi siempre obras literarias, ya sean reales o ficticias. Una que recuerdo con faciidad es la lista de obras de Pierre Menard en su cuento homónimo, que quizá incluiré en alguna de estas incursiones en el mundo de las listas. En cuanto al poema que nos ocupa, Las causas, lo he incluído porque es una caso de lista un tanto excepcional.
Borges, en su afán por el orden, nos regala una lista que es en apariencia caótica. Muchos otros autores hubiesen concluido el poema sin incluir los dos verso finales que Borges escribió y que son los que finalmente le otorgan un sentido al poema. La lista no resultará tan caótica a quien haya leído previameete a Borges. En ella están todas las obsesiones de Borges. Para este lector no serían necesarios por tanto los dos últimos versos del poema, pues el orden habría quedado establecido desde el caos por el conocimiento previo. Pero los dos versos finales siguen estando ahí, y el lector que ya conoce a Borges, tendrá entonces dos criterios para evaluar y dar sentido a la lsta caótca: el que establecen las obsesiones de Borges y el que determinan los versos finales. Espero que los disfrutéis.
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LAS CAUSAS
Los ponientes y las generaciones.
Los días y ninguno fue el primero.
La frescura del agua en la garganta
de Adán. El ordenado Paraíso.
El ojo descifrando la tiniebla.
El amor de los lobos en el alba.
La palabra. El hexámetro. El espejo.
La Torre de Babel y la soberbia.
La luna que miraban los caldeos.
Las arenas innúmeras del Ganges.
Chuang-Tzu y la mariposa que lo sueña.
Las manzanas de oro de las islas.
Los pasos del errante laberinto.
El infinito lienzo de Penélope.
El tiempo circular de los estoicos.
La moneda en la boca del que ha muerto.
El peso de la espada en la balanza.
Cada gota de agua en la clepsidra.
Las águilas, los fastos, las legiones.
César en la mañana de Farsalia.
La sombra de las cruces en la tierra.
El ajedrez y el álgebra del persa.
Los rastros de las largas migraciones.
La conquista de reinos por la espada.
La brújula incesante. El mar abierto.
El eco del reloj en la memoria.
El rey ajusticiado por el hacha.
El polvo incalculable que fue ejércitos.
La voz del ruiseñor en Dinamarca.
La escrupulosa línea del calígrafo.
El rostro del suicida en el espejo.
El naipe del tahúr. El oro ávido.
Las formas de la nube en el desierto.
Cada arabesco del calidoscopio.
Cada remordimiento y cada lágrima.
Se precisaron todas esas cosas
para que nuestras manos se encontraran.
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martes, enero 12, 2010

La caída al abismo de las listas.


A veces uno tiene una buena idea que pospone continuamente hasta que alguien se le adelanta y se hace con ella. Esto ocurre en todos los órdenes de la vida y en ocasiones el hecho puede no tener trascendencia alguna pero en otras te puede dejar sin un Nobel o, lo que es peor, sin una mujer.

Claro está que mi caso es mucho memos terrible. Tenía como proyecto para el futuro reunir todas aquellas listas que encontrase, especialmente en la literatura. Siempre me han gustado las listas. Una simple lista puede describir el mundo (sólo hay que elegir los criterios para dicha lista, o la ausencia de ellos).

Umberto Eco se ha adelantado a esta idea mía que, para ser sinceros, no tenía más de año y medio de antigüedad. Ha publicado un libro titulado El vértigo de las listas que recomiendo a aquellos que se vean atraídos por todo lo que implique encontrarse ante una sucesión de nombres o descripciones minuciosas que suenan a letanías y parecen detener el tiempo. Eco reúne en su libro decenas de listas que ha encontrado en la literatura desde Homero hasta nuestros días y entre estas listas intercala algunas reflexiones suyas acerca de las distintas listas que puede haber y láminas con cuadros que han tratado, de alguna manera, de plasmar lo inconmensurable de algunas escenas o la multiplicidad de ciertos objetos. La obra es realmente fascinante. Aún así siempre faltan ejemplos (Eco advierte en su prólogo, que podría haber incluido casi el doble de los ejemplos propuestos, por lo que yo he decidido continuar su labor. Poco a poco incluiré pequeñas listas encontradas en la literatura que llevo anotando desde aquel día en que se me ocurrió la idea y algunos que ahora busco de forma premeditada.

Si alguno de vosotros desea compartir con nosotros alguna lista que le resulte especialmente interesante, será bienvenido. Podéis escribir a ruinacircular@yahoo.com y será publicada con los correspondientes agradecimientos.

viernes, enero 08, 2010

José Fernández Díaz - Fernández

Mi amigo Alfredo, ese loco argentino, siempre viene a mí con recomendaciones varias, algunas de las cuales no conviene airear aquí, tanto por personales como por extravagantes. Pero digamos que, cabezón como es uno, muchas veces le digo que no a sus requerimientos maniqueos. Sin embargo, en esta ocasión, he de reconocer que ha acertado de pleno, el bonaerense. Este libro es muy, muy bueno.

Fernández es la historia de un hombre de mediana edad, desencantado tras una larga vida repleta de infructuosas peripecias. En una consulta de dentista se reencuentra casualmente con su primer amor, Lili, que ahora es una cuarentona recauchutada. Juntos empiezan a hablar y a interrogarse sobre sus respectivas vidas y sobre las ilusiones perdidas y los momentos fracasados.

El libro se divide en dos tipos más o menos alternos de capítulos: unos siguen el recorrido de Fernández y de Lili por las calles y locales de Buenos Aires, mientras que otros nos van desmigajando la interesante vida del protagonista del libro.

La vida de Fernández, principal pilar del libro, comienza a joderse en cuanto rompe con Lili. A partir de ahí, todo parece un mal epílogo sobre la truncada historia de su existencia. Cronista del corazón, comunista por vocación y por cojones, al ser soldado raso durante la dictadura militar argentina, biógrafo pelotillero del caciquismo patagónico, escritor de horribles libros de aventuras, y muchos oficios más que conforman la existencia de esta especie de Lazarillo del desengaño y el hastío.

Por otra parte, me parece admirable el estilo de este escritor: rápido, conciso, maduro y cargado de sentido de humor y de una ternura dolorosísima por momentos. Consigue que rápidamente Fernández se convierta en un viejo amigo nuestro, y que suframos con él y que deseemos de todo corazón que le vaya bien, que supere su cinismo desencantado de cuarentón terminal y que se dé una oportunidad más de ser feliz, que no se rinda. Pero como dice Pinochet, su viejo jefe de redacción (apodado así por los empleados):

Durante los inicios, cuando uno es joven, pesca con dinamita y tira con ametralladora. Luego uno descubre que las municiones no son infinitas y elige disparar tiro a tiro, sabiendo que ya no puede darse el lujo de seguir fallando. Al final te dan una pistola de chispa y una bala redonda y oxidada, y toda tu preocupación consiste en no volarte por accidente los huevos.


Jorge Fernández Díaz - Fernández.
Editorial De Bolsillo.
281 páginas.
No se vende en España, sólo en Argentina. Para más información y pedidos a través de la red:
www.debolsillo.com


Cayetano Gea Martín


sábado, enero 02, 2010

La intención es lo que cuenta



Lo volvió a intentar una vez más, a pesar de las advertencias, a pesar de que todo el mundo dijera que no lo hiciera. Claro que también lo hacían a espaldas de ella, así que el consejo resultaba inútil. Pero aunque ella hubiera oído a tantas personas que en teoría se preocupaban por su vida y por su felicidad, quiero creer que no hubiera cambiado su actitud lo más mínimo. Ella seguiría intentándolo.

Seguiría intentando derrumbar la puertas que nos impone la sociedad, ese absurdo conjunto de personas infelices deseosas de contagiarnos su cínica infelicidad a los que no nos sentimos como ellos, ni comemos su comida, ni vestimos sus ridículas y pretenciosas ropas.

A pesar de todo, ella lo intentaba. Lo intentó una vez más, hace apenas cinco minutos. Al final lo consiguió. Nunca he sabido el porqué, cuál es la razón de que a estos plásticos infernales los llamen Abre-fácil. Será una broma de mal gusto. Con cara de suprema felicidad, mezcló el vino Hacendado con Conga-Cola. Ella, tan generosa siempre, me ofrece el primer trago. Noto el mejunje calentorro entrar en mí. Qué bien sienta. Voy a darle a la flauta un rato.


Cayetano Gea Martín



miércoles, diciembre 30, 2009

Richard Wiseman - Rarología


El coautor de este blog me regaló el libro que comento hoy, Rarología, una de las grandes sorpresas literarias que he tenido últimamente. Decir que es un libro increíble es quedarse corto. La verdad, pocas veces me he topado con algún libro más interesante que Rarología: recomendable de principio a fin.

¿Qué es la rarología?, sería la primera pregunta que cabe hacerse. Pues es un término acuñado por el profesor Wiseman para referirse a la investigación psicológica rara. Gran parte de su trabajo utiliza métodos científicos convencionales para investigar temas inusuales, o viceversa. Sus estudios son completamente libres, sin condicionantes de ningún tipo, utilizando todos los recursos que le son posibles; como por ejemplo disfrazarse de pollo gigante a la búsqueda del chiste más gracioso del mundo.

Entre otros muchos otros, Wiseman estudia temas tan extravagantes como los siguientes:

¿Influye de verdad el día de tu nacimiento en tu forma de ser?
¿Es cierto que los creyentes son buenos samaritanos?
¿Cuál es la psicología del sentido del humor?
¿Cómo se puede desenmascarar a los mentirosos patológicos?
¿Qué desvela de tu personalidad la forma en que caminas?
¿Vivirás más si rezas?
¿Cuáles son los condicionantes que nos hacen más susceptibles de triunfar a la hora de ligar?
¿Qué hay de cierto en la creencia en fantasmas y demás seres espectrales?

Me parece a todas luces fascinante. El profesor Wiseman, sencillamente, es un ser humano curioso que observa fenómenos peculiares o supuestas verdades colectivas en el mundo que le rodea y decide estudiarlas. Y sus conclusiones son fascinantes y, algunas veces, muy inesperadas.


Richard Wiseman – Rarología

Editorial Temas de Hoy. Colección Tanto por Saber

300 páginas. 18’50 €


Y si queréis saber más sobre esta apasionante nueva ciencia, os recomiendo su página web, donde además de ampliar información sobre la rarología, podéis participar en sus experimentos.



Cayetano Gea Martín



sábado, diciembre 26, 2009

Reflexiones besugas VIII




Si mi pene se va a vivir dentro de tu culo, ¿se puede decir que lo está colonizando? La respuesta, por supuesto, es: co-recto.

Si a un leñador le cae un árbol encima, ¿le quedarán secuoyas psicológicas?

Los antisistema se manifiestan para dar subversión de las cosas.

El vil metal es un tipo de música hardcore que no me gusta nada.

Persona sin padres y que sólo escucha mentiras: huerófono.

Vámonos a Estonia a ver a los Rollin actuar en su país natal.

El pez más erótico: el pez on. El pez más aburrido: el pez off.



Luis Raposo y Cayetano Gea Martín




martes, diciembre 22, 2009

Jeff Povey - The serial killers club


Este libro, posiblemente, el mejor thriller que me haya leído nunca, fue rescatado por mi mano de pura casualidad de la estantería de libros baratos y de segunda mano en el J&J. Y fue el ver de qué iba y comprármelo inmediatamente. Tardé dos días en leérmelo. Libro ameno y divertido como pocos, y hace poco he vuelto a sus páginas. Tiene que resultar extraño para el resto de los usuarios del Metro el ver cómo me descojono de la risa de trayecto en trayecto.

Bueno, vayamos con la historia. Nuestro protagonista, un cuarentón bajito y escuchimizado (y que no sé porqué me recuerda al personaje de El misterio de la cripta embrujada y secuelas), se ve sorprendido en un callejón por un asesino en serie que intenta acabar con su vida. Sin embargo, nuestro ¿héroe? se revuelve como una lagartija e invierte la situación: es él quien acaba con la vida del asesino. Revolviendo en la cartera de su atacante, encuentra una invitación a una fiesta de parte de Errol Flynn. ¿Errol Flynn? ¿Pero no está muerto? Intrigado, nuestro protagonista tropezará así con el club de los asesinos en serie, en Chicago. Su misión: comparar calendarios para evitar pisarse las víctimas, y compartir alegres anécdotas sobre sus asesinatos. Todos los miembros del club poseen un alias de alguna antigua figura del cine norteamericano: Tallulah Bankhead, Richard Burton, Chuck Norris y ahora, Douglas Fairbanks, nuestro protagonista. Pero “Dougie” no se va a dedicar a matar inocentes, no señor. En su lugar planea acabar con los miembros del club uno a uno. Y mientras se aplica a su tarea, no puede evitar preguntarse: ¿Soy uno de ellos o no?

El libro cuenta su historia con gran sentido del humor, muy inteligente a veces, rozando lo grotesco otras: las situaciones son tan surrealistas que se prestan a ello. El estilo es rápido y directo, aunque muy bien escrito: bastante currado y original, lleno del dialecto propio de la ciudad de Chicago, que se convierte en un protagonista más (debido, principalmente a que no para de llover durante todo el libro).

A destacar, por encima de todo, el misterio que rodea a Kentucky Killer, el mayor asesino en serie de la historia de Estados Unidos y que algunos de los miembros del club intentan tentar para que se una a éste, y que nuestro protagonista se fija como el mayor objetivo de todos. El asesino de Kentucky cuenta con doscientas noventa y ocho víctimas en su haber, todas ellas asesinadas al salir de comprar de un Kentucky Fried Chicken. Este asesino posee dos modalidades: o bien las ahoga introduciendo su cabeza en el cubo de pollo frito tamaño familiar, o las llena las vías respiratorias de las servilletas húmedas con olor a limón que reparten en KFC con cada menú para limpiarse las manos al finalizar el almuerzo.

En resumen, un libro muy divertido y bien escrito, repleto de diálogos hilarantes, y con un gran misterio por resolver: ¿quién es Kentucky Killer? La respuesta final a este enigma resulta sorprendente e inimaginable. Por lo menos, yo no lo pillé.

La edición que yo poseo está en inglés. Creo que no se ha editado en español, aunque se puede encontrar en el idioma de Shakespeare en La Casa del Libro. Quizá haya también alguna copia de segunda mano en J&J o en Bacchvs. Porque yo no pienso dejaros la mía, salvo excepciones. En todo caso, os dejo los datos del libro:


Jeff Povey - The serial killers club

Editorial Warner Books (USA)

305 páginas, 9,50 €



Cayetano Gea Martín