jueves, marzo 02, 2006

El cerebro de Dios (experimento hipertextual (tercera entrega)

3.Donde Rómulo es extrañamente interrogado y descubre el secreto de tanto misterio.

-Cómo no- responde Rómulo, que no evalúa posibles peligros derivados de esa respuesta. Cómo no, es la negativa que afirma, la que muestra la inmersión de Rómulo de forma decisiva en la ficticia realidad de la literatura que es, paradojas de Rómulo y la literatura, la realidad de su ficción.
Eludimos descripciones temporales que nada aportan a la narración y nos situamos en una pequeña casa en un barrio cercano a la boca de metro donde comenzó nuestra narración. Se encuentran los tres sentados en torno a una mesa redonda.
-Permítame que no me presente, mi nombre es irrelevante para usted. No se preocupe, el suyo también lo es para mí, por lo que obviaremos las presentaciones por innecesarias. De hecho, las presentaciones no son mas que actos protocolarios, piénselo un momento, ¿qué ganaría usted con conocer mi nombre? Yo, desde luego, no gano nada con conocer el suyo, tan solo la posibilidad del nominalismo, que es reducirle a usted a un conjunto de códigos encadenados que no definen ni por asomo lo que usted es o cree ser. Por otro lado, los nombres, a veces, generan desde el comienzo de la conversación diferencias de clase que pretendo evitar. Por tanto, obviaremos este punto si le parece.
Los nombres nos convierten en metáforas, piensa Rómulo mientras asiente.
El maletín que portaba el hombre moreno se ha quedado apartado, junto a un mueble que se encuentra a sus espaldas. El hombre realiza un gesto con los labios que parece de fastidio, se levanta, coge el maletín (Rómulo mira a la mujer, ella parece lanzarle una leve sonrisa) lo deposita sobre la mesa, manipula dos cierres simétricos que se abren gracias a una combinación de tres números y lo abre. El maletín permanece ahora abierto de modo que Rómulo no puede observar lo que alberga en su interior.
-El maletín será para usted. Cuando se marche, si acepta las condiciones, se lo entregaremos y sólo entonces descubrirá lo que contiene. Ahora explíqueme cómo encontró el libro que ha comenzado a leer.
Rómulo describe detalladamente cómo se hizo con el libro, episodio para cuyo conocimiento ha de tener paciencia aún nuestro ávido lector. El hombre moreno asiente sin cesar y la mujer dirige leves sonrisas de aceptación a Rómulo que le conminan a continuar con el relato.
-¿Sabe qué tienen en común Heidegger, Brahman, Whitman, Dunne, Bertrand Russell, Pessoa, Llinás y Borges?- pregunta el hombre.
-Creo que me resulta imposible establecer una relación coherente entre ellos. Tal vez tenga algo que ver con el concepto de tiempo, es la única idea que se me ocurre, especialmente por la introducción de Dunne en esa lista.
-Buena deducción. Me permito el lujo de confiarle que no está usted equivocado. Le queda, sin embargo, la tarea más ardua, que es establecer la relación precisa entre ellos. No se preocupe, no habrá de hacerlo, Emery Blanchard le proveerá la solución a su debido tiempo.
Una breve pausa en la que el hombre parece satisfecho por la respuesta de Rómulo. Extrae una libreta y una pluma de un bolsillo interior de la chaqueta y escribe unas pocas líneas a toda prisa. Rómulo cree entrever las palabras intuición, metempsicosis 3 y Ana.
-¿Conoce usted el significado de la palabra siempre?
Rómulo no se siente intimidado por este tipo de preguntas, más bien al contrario. Se siente real en esa ficción. No cree que la vida (lo que los demás afirman que es la vida) se desarrolle de este modo. No cree que sean posibles las preguntas de esta naturaleza en la realidad.
-La palabra siempre tiene un significado dual. Dependiendo de cuál de los dos significados empleemos la palabra se convierte en un infierno abismal o en un placer edénico. Por un lado tenemos el siempre que es una promesa, el futuro, el que nunca se concreta porque se encuentra en potencia, es otra forma de denominar a la eternidad. Ese siempre no me interesa, me resulta frustrante por su carácter inasible. El otro siempre, el ligado al presente, el siempre de cada día es un siempre que no es promesa, es el siempre que es real, tangible. Me quedo con este último. Los poetas ya se encargan de explotar el primero.
-Observo con sorpresa que su noción de esta palabra se acerca a la definición que esperábamos inculcarle con el tiempo. El trabajo resultará, por tanto, más sencillo de lo esperado...Pero permítame una pregunta más: ¿qué significado atribuye usted a la palabra existencia?
Rómulo sonríe, se siente inmerso en una conversación de novela filosófica escrita por un advenedizo. Se dispone a responder. Pero detengamos el tiempo de la narración y regresemos por un momento a su casa, abramos el cajón de la cocina donde se encuentran los cubiertos. En su interior encontramos un papel doblado y garrapateadas, de forma apresurada, estas líneas:

Ser consciente de tu existencia no se resume en el acto banal, nimio, de amarte. Ser consciente de tu existencia no se resume en el hecho trivial de contemplarte, de escucharte, de olerte, de saborearte. Ser consciente de tu existencia no se resume en la inagotable sed de tu presencia. Ser consciente de tu existencia no se resume en el libidinoso deseo de cada una de las porciones de tu cuerpo. Ser consciente de tu existencia no se resume en la muda admiración de cada uno de tus gestos. Ser consciente de tu existencia no se resume en la plenitud de cualquiera de los sentimientos que hacia ti pueda dirigir. Ser consciente de tu existencia no se resume en la mera presencia de tu individualidad. Ser consciente de tu existencia no se resume en las sucesivas muertes y resurrecciones que he sufrido en torno a ti. Ser consciente de tu existencia no se resume en la pérdida irrecuperable de mi pasado. Ser consciente de tu existencia no se resume en la perpetua virginidad de mi futuro. Ser consciente de tu existencia no se resume en la continua búsqueda de mi ser consciente de tu existencia. Ser consciente de tu existencia no se resume en la aterciopelada pátina de desdén con que alguna vez me obsequiaste. Ser consciente de tu existencia no se resume en la curva irrepetible de tu sonrisa. Ser consciente de tu existencia no se resume en la exploración ávida de cada una de las constelaciones que forman los lunares sobre tu piel. Ser consciente de tu existencia no se resume en la contemplación absorta de tu pícara sombra. Ser consciente de tu existencia no se resume en tu contribución indispensable a mi condición artística. Ser consciente de tu existencia no se resume en la enumeración de cada una de las inversas de estas negaciones. Ser consciente de tu existencia no se resume en la afirmación devota de tu existencia. Ser consciente de tu existencia no se resume en la indiscutible existencia de tu realidad física. Ser consciente de tu existencia no se resume en la propia tautología de que existas.

-Podría responderle en palabras de Heidegger. No comparto por completo su doctrina pero se acerca mucho a lo que pienso: la existencia es el presente. Para el individuo, que si quiere resumiremos en ese constructo psicológico que es el Yo, únicamente es posible la existencia en el presente. Aunque admito una concepción más amplia de la existencia: la de la especie, cuyos actos, en conjunto, se dirigen a un fin que es proyectivo, la supervivencia de la especie, su prolongación en el tiempo. Mientras tanto, el hombre, como individuo, tan sólo puede prolongarse a través de sus obras, ser inmortal gracias a ellas. Woody Allen, sin embargo, dijo en cierta ocasión que él no quería ser inmortal gracias a sus obras sino, simplemente, no muriéndose. Woody Allen entraría en ese grupo de individuos que ven la existencia como la no-muerte y que por ese motivo nunca llegan a aceptarla, son los que ven el sentimiento trágico de la vida y no son capaces de advertir lo extraordinario que es el hecho de estar vivo, de poder pensar que se está vivo, de poder ser feliz por el hecho de poder pensar que se está vivo.
Volvamos por un momento a una de sus notas, ésta debajo de la cama, amarillenta, ajada:

Paseo y observo: una chica morena, con un abrigo negro, que avanza a grandes zancadas, un joven con una cazadora de cuero que conduce a un pastor alemán hacia un parque cercano, dos mujeres maduras conversando sobre unas fotografías que una de ellas encontró en un baúl, unos niños que corretean alrededor de un padre que les pide silencio mientras sostiene en lo alto algo que parecen piruletas, una cafetería pequeña que rezuma humo, una pastelería antigua que rezuma pan, una tienda de juguetes, una iglesia construida en honor al ejército, una anciana caminando hacia su casa, un hombre trajeado con prisa, un policía a caballo, una chica corriendo, un ladrón huyendo, una moto atronadora, un ciclista veloz, un coche, un avión una abeja un chino una niña el Sol la luz un pez un go un ¡ahhhhh!

-Nos está cautivando usted, sí señor. No le será difícil aceptar las tesis de Blanchard, ya verá. ¿Sabía usted que Emery Blanchard tenía un hermano? Auguste Blanchard se llamaba, el creador de la teoría de las máculas del tiempo. Pero prefiero no extenderme. Por lo que hemos podido observar es usted un buen lector, no le costará encontrar el libro de Auguste. Ahora conviene que le demos nosotros una explicación, después de tantas explicaciones por su parte. Escuchará ideas que le parecerán auténticas ficciones. Créalas porque son ciertas. No tenemos intención de perder el tiempo mintiendo. No nos es necesario. A la postre, tampoco es útil.
El hombre se detiene, mira a la mujer, una mujer joven de rasgos suaves, el cabello castaño y unas manos que han captado la atención de Rómulo desde el principio. Cuando Rómulo desea a una mujer tan sólo puede concentrarse en sus manos, proyectar su imaginación, y sentirse acariciado por ellas. Ella comienza a hablar:
-Yo sí sé como se llama y por eso no veo por qué no hemos de tratarnos por nuestros nombres. Es usted Rómulo Gea. Yo soy Ana. Encantada. No puedo hacer nada frente a la dignidad de su apellido, por lo que no le comunicaré el mío. Usted, Rómulo, como nos ha contado, busca libros. Nosotros buscamos personas. Buscamos personas con libros o, más bien, personas con un libro. Le puede parecer una ocupación extraña o, tal vez no, la suya tampoco es muy usual. Le diré que desde hace tiempo le hemos venido siguiendo. No había dado usted con el libro pero estaba cerca de hacerlo. En un par de bibliotecas pudo haberlo encontrado pero su atención se centró únicamente en el objeto de su búsqueda. Ya había abandonado aquella idea de encontrar el Libro. Pero sabíamos, sin embargo, que terminaría dando con él. Nuestras expectativas no fallaron. El libro que sostiene entre sus manos posee un gran valor, eso ya lo sabe usted. Blanchard hizo un cálculo del número aproximado de países que habría sobre la tierra y editó un número similar de volúmenes. Deseó que existiese al menos una copia traducida de su libro por país. De hecho, lo consiguió.
-¿Quiere decirme entonces que soy el único poseedor de este libro en todo el país?
-En efecto.
-Podría ser considerado un incunable.
-Desde luego. Sin embargo, muy pocas personas conocen la existencia del libro. Blanchard apenas se relacionó con los círculos intelectuales y tan sólo recibió un par de críticas por sus libros en sendos periódicos. Los premios obtenidos con su obra tampoco contribuyeron a hacerlo más famoso pues fueron sólo consecuencia del reconocimiento de su obra y no fueron acompañados de esas inmensas ediciones que tienen como premio otros galardones. Blanchard vivió solo la mayor parte de su vida, nunca tuvo un domicilio fijo, se mudó de pensión en pensión dejando a veces, cuando el dueño sabía apreciarlos, escritos a los que él no concedía valor pero con los que pagaba sus estancias en esas pensiones. En ese sentido era un Macedonio a la francesa. Pero olvidemos las anécdotas, ya tendrá tiempo para averiguar muchas otras. El motivo principal de haberle hecho venir hasta aquí es el de proponerle, ahora que va a ser lector de Blanchard, unirse a nuestro grupo.
-¿Qué grupo?¿Ustedes dos?
-No, somos muchos más. Unos cinco mil repartidos por todo el mundo. Nuestra única misión consiste en mantener el libro en óptimas condiciones y tratar de diseminarlo lo más posible por el país para que sean muchos los que puedan leerlo.
-¿Y por qué no hacer más copias del libro?
-Ábralo por la segunda página, tan sólo un instante.
Rómulo abre el libro por la segunda página, como le ha indicado la mujer. Su rostro se contrae en un gesto de sorpresa. El hombre sonríe, la mujer hace lo propio.
-Odio mi costumbre de no abrir los libros antes de leerlos.
-¿Comprende ahora el valor de este?
-Cómo no. Es extraordinario.

Pedro Garrido Vega.

3 comentarios:

Circe dijo...

Jajajaja extraordinario!

La historia me tiene enganchada, con tantos dimes y diretes, y con los enlaces me lo paso cañón (sí, caí en la estupidez de meter mi nombre, no así el apellido, ya era excesivo), descubrí a Dunne y la pobreza del lenguaje papua (ésto último no será cierto no?, disculpa mi ignorancia o ingenuidad, ya todo me parece posible! jeje)

En fin, que sigo disfrutando del experimento...

Kay dijo...

Dejando aparte la técnica, la inventiva, el ritmo y la inteligencia para llevar a cabo esto que estás llevando (y que me parece lo mejor que has hecho, compañero), sigo gozando cual perra con los enlaces, en especial hoy con el de 'Cómo no' (ya sabes por qué), y por ese pentáculo y ese demonio tan jebis e impropios que surgen con la palabra 'infierno', y parecen una portada de Motorhead, jejeje... A veces, el pasado emerge a la superficie, ¿no?

Un abrazo

Sigue

Pedro Garrido Vega dijo...

Dos respuesta breves:
Una: la cita acerca de los papúes es real. No sé si su contenido lo es o no. No me importa. Si se trata de una invención es genial.
Dos: el pasado jebi no es tal pasado. Lo sigo siendo y no me avergüenzo de ello. Aunque creo serlo con algo más de criterio, espero, je,je.

Espero que os siga diviertiendo este experimento. Creo que se va a hacer eterno.

Un saludo.